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Minneapolis, la urbe progre destruida por el progresismo
Durante décadas fue una de las pocas ciudades dominadas por los demócratas que podía jactarse de ofrecer un alto nivel de vida y ubicarse entre las 10 poblaciones "más felices" de Estados Unidos. Pero hoy, el radicalismo ha convertido a Minneapolis en una pesadilla woke. Si así tratan a los centros urbanos que les han sido fieles ¿qué destino espera a las que lleguen a otorgarles la confianza tras haber sido bastiones republicanos?
FEBRERO,
2026. Es un hecho que la mayoría de las ciudades medianas y
grandes de los Estados Unidos están inclinadas decisivamente hacia
la izquierda, incluso en estados que llevan rato votando por los
republicanos. Como ejemplo, recientemente Miami eligió a un alcalde
demócrata, y claramente izquierdista.
Y aunque en otros tiempos urbes como Los Ángeles, Denver, Dallas y
Atlanta fueron enclaves conservadores hasta los años 70, hay
ciudades donde los políticos de izquierda se han eternizado, tanto
en la gubernatura como en las cámaras legislativas y, por supuesto,
la alcaldía, concretamente en Nueva York y en Chicago.
Minneapolis la ciudad gemela de la capital St Paul, divididas ambas
por el río Mississipi. Su clima es templado durante el verano
aunque los inviernos son durísimos, con nevadas que comienzan a
manifestarse desde noviembre.
Este clima, complementado con tierras extraordinariamente fértiles
--junto con su vecina Iowa, Minnesota es literalmente el granero de
Estados Unidos-- fue sin duda un factor que atrajo a cientos de
miles de inmigrantes escandinavos al área desde mediados del siglo
XIX. Un censo realizado en los años 90 reveló que en ese entonces,
por lo menos un 40 por ciento de los habitantes de Minnesota tenían
raíces suecas, noruegas, finlandesas, danesas y alemanas. Todavía en
ese tiempo, el censo señalaba que Minnesota era uno de los estados
más caucásicos de la Unión Americana (hasta la década de los 30, el
alemán fue considerado el segundo idioma oficial de Minnesota).
Desde entonces, Minneapolis ya era un ciudad eminentemente
demócrata, supremacía que se remonta desde los años de la gran
Depresión. Sin embargo, en los 60 empezó a darse un flujo de
inmigrantes negros procedentes del sur así como un brinco sustancial
entre la comunidad latina, en especial de mexicanos y
puertorriqueños, en el área metropolitana, por lo que el apoyo a los
demócratas se enraizó decisivamente.
Como dato significativo de ese peso demócrata, Minnesota fue, junto
con Washington D.C., el único estado que no votó a favor del
candidato republicano Richard Nixon en 1972, y otro tanto ocurrió
doce años más tarde cuando Ronald Reagan literalmente aplastó a su
contrincante Walter Mondale en la lucha por la presidencia. Mondale,
quien había sido vicepresidente de James Carter, quedó políticamente
liquidado luego de esa humillante derrota.
Aparte de sus equipos deportivos, los Vikingos en la NFL y los
Mellizos en Ligas Mayores, Minneapolis saltó a la fama mundial en
los 80 gracias al cantante y compositor Prince y por la construcción
del Mall of America, considerado el más grande del mundo. Asimismo,
Minnesota es famosa por sus lagos, varios de ellos dentro de la
mancha urbana, sus bellas áreas boscosas y su vibrante actividad
cultural, que incluye prestigiadas galerías de arte. Y todavía hasta
los años 90, la ciudad lucía envidiablemente limpia. A diferencia de
otras urbes históricamente demócratas como Nueva York y Chicago,
siempre rebosantes de basura, Minneapolis parecía relucir de limpia,
como decía ese viejo comercial de detergente para platos.
En los sesenta hubo fuertes tensiones raciales e incluso se quemaron
varios locales en el centro de la ciudad. Por lo demás, Minneapolis
siguió siendo la "joya" de los demócratas quienes, con excepción de
Jesse Ventura, un gobernador independiente que anteriormente fue
luchador profesional, han mantenido las riendas de la ciudad y del
estado por más de seis décadas.
En los años 90 se destapó el infierno en Somalia con una guerra
civil a la que siguió una gravísima crisis humanitaria. Dado que en
ese momento Guantánamo estaba hasta el tope de refugiados haitianos
--eran los tiempos de Bill Clinton, recordemos-- se decidió dar
cabida a alrededor de 2,300 exiliados somalíes en Minneapolis.
Con la llegada del
nuevo siglo, y en especial durante la presidencia de Barack Obama,
los demócratas concluyeron en que Minneapolis era "de demasiado
blanca", y no precisamente por la nieve que cae ahí durante cuatro
meses del año por lo que la inmigración de ese país africano se fue
acentuando.
Se estima que, del 2005 al 2020, esta ciudad que cuenta con poco más
de 750 mil habitantes--junto con St Paul y áreas conurbadas, la
población alcanza los 4 millones--- recibió alrededor de 80 mil
somalíes, una cantidad estratosférica. Pero eso no fue lo peor:
nadie se preocupó en capacitar y preparar a estos inmigrantes para
que pudieran adaptarse a una nueva sociedad, pero eso sí, todos
recibieron un jugoso subsidio, incluida una cantidad para sus gastos
personales. Y dado que la mayoría no están preparados para competir
en una sociedad como la norteamericana, viven del seguro de
desempleo (Welfare) sin oportunidad de ascender social y
económicamente los próximos años.
Conscientes del
potencial problema que se cernía sobre la ciudad, decenas de
organizaciones humanitarias progre conformadas por gente de
buena fe y financiadas por empresarios locales se dieron a la tarea
de capacitar a los recién llegados ofreciéndoles clases de cerámica,
música, cocina y otras más, todas ellas a bajo costo, para que esos
inmigrantes aprendieran a ganarse la vida en su nuevo país. Sin
embargo, refirió Clara McClusky, a cargo de una academia de baile y
artes visuales que ofreció capacitación a los somalíes, "dejaron
de asistir a las pocas semanas (...) creo que no les interesa en
absoluto". Lo que no rechazan, por supuesto, son las canonjías que
les ofrece la ciudad de Minneapolis, con otro tanto cortesía del gobierno estatal.
La radicalización de Minnesota llegó, como muchas otras cosas en el
resto del país, durante los ocho años de Barack Obama. Sin consultar
a los padres de familia, los planes de estudio fueron radicalmente
modificados en los planteles públicos, enfocados en la amplia
difusión de políticas LGBT, de identidad y textos abiertamente
marxistas; las emblemáticas imágenes de Franklin, Washington y
Jefferson fueron retiradas de las aulas con el argumento de que
todos ellos fueron "racistas" y se les suplió por fotografías del
Ché Guevara, ese revolucionario que comparó a los negros con los
chimpancés mientras los estantes fueron retacados con libros de
Herbert Marcuse, ese otro marxista que odiaba tanto a los ricos que
se compró una lujosa residencia en La Jolla California al lado de
ellos.
Para inicios de esta década Minneapolis era, junto con Portland, San
Francisco y de Seattle, una de las ciudades más woke de los
Estados Unidos. "La ciudad siempre tuvo un sesgo izquierdista, por
algo ha sido un bastión demócrata por muchos años", refirió Steve
Lugenho, un habitante de Minneapolis entrevistado por The
Washington Beacon, "pero estos últimos años el cambio ha sido
brutal, radical... esta ya no es la ciudad en la que yo crecí".
Luego llegó la pandemia y el incidente donde George Floyd perdió la
vida. Ya hemos abundado mucho en tema (ver link
aquí), pero baste
decir que, hasta el momento, a ningún medio se le ha ocurrido mencionar que tanto el alcalde como el gobernador de Minnesota eran
los mismos que están hoy, es decir, siguen en sus puestos, y que
ambos son demócratas.
Por qué volvió a arder Minneapolis
Cuatro años después de los desórdenes en Minneapolis tras la muerte
de George Floyd, la ciudad volvió a arder con la llegada de los
agentes de ICE, agencia que suplió al Servicio de Inmigración y
Naturalización con el fin de realizar deportaciones masivas, entre
otras cosas por un informe que detalla cómo alrededor de 9 mil
millones de dólares destinados al Medicare literalmente se
hicieron humo, consumidos por inmigrantes somalíes mediante un
megafraude.
Las órdenes recibidas por ICE eran específicas: detener y deportar a todo aquel inmigrante que carezca de documentos migratorios. El problema es que muchas de estas detenciones se han hecho de manera arbitraria y sin guardar las formas. El otro problema, inesperado por demás, es que al momento de ejecutar las detenciones, los agentes se topan con activistas que buscar destruir los operativos o ponerse en medio de los agentes y los presuntos inmigrantes ilegales.
Una de esas manifestantes era Renée Nicole Good, quien trató de cerrar el paso a los agentes con su automóvil. Cuando la mujer aceleró el auto en dirección alos agentes, uno de ellos disparó y Good murió poco después en el hospital. A los medios cayó de maravilla que Nicole Good tuviera su pareja del mismo sexo, lo que aprovecharon para remachar que había sido una víctima del operativo.
A las pocas horas comenzaron a darse las primeras manifestaciones en mediomde bajísimas temperaturas e incesantes nevadas, por cierto producto del calentamiento global que acertadamente predijo el ex senador Al Gore en el 2006. Incluso decenas de manifestantes se apostaron a las afueras donde se hospedaban los agentes y lanzaron piedras. The Minneapolis Star, el principal diario local. llamó "un acto de valentía" lo que viene a ser un ataque a la propiedad privada y en la que los propietarios del hotel no tienen absolutamente nada qué ver.
Y por supuesto también
que el incidente fue utilizado para culpar a Trump, aunque el fondo
de todo es crear un distractor del desfalco cometido por los
inmigrantes somalíes y donde se sospecha tuvo mucho qué ver la
legisladora demócrata Ilhan Omar, de origen somalí.
Tampoco ha ayudado gran cosa que a los pocos días otro manifestante
llamado Alex Pretti recibió un disparo por parte de los agentes de
ICE cuando los confrontó directamente y los estuvo provocando con
altisonantes y amenazas físicas. Por supuesto que los medios
omitieron este último punto y se enfocaron en la muerte de alguien
que ya han llamado "mártir". La prensa en ningún momento se preocupó
en reportar que Pretti estuvo provocando a los agentes y que incluso
escupió a uno de ellos; no vale la pena informar al público sobre
esas nimiedades.
Lo ocurrido en Minneapolis da cuenta de cómo los demócratas son capaces de destruir incluso aquellas ciudades donde en algún momento hicieron bien las cosas. Pese a la supremacía demócrata que lleva décadas, durante mucho tiempo los índices de delitos en el área metropolitana fueron bajos y controlables, la corrupción local y estatal era tema esporádico al tiempo que la ciudad se ufanaba de ser una de las 10 más felices de Estados Unidos, todos estos datos registrados antes del 2010, año en que Minneapolis realmente se echó a perder.
Si los demócratas
destruyen de esa manera a las ciudades y los estados que los
apapachan electoralmente ¿qué destino espera a los habitantes de
esas comunidades republicanas que los demócratas desprecian
abiertamente y que, dada la absoluta desorientación que hoy sufre el
norteamericano promedio, en el futuro podrían votar por ellos?
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