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Mi Pobre Angelito y su sorprendente mensaje procristiano
Es una película favorita por millones de personas para pasar las fiestas navideñas aunque la historia puede disfrutarse cualquier día del año. ¿Y por qué ha tenido tanto éxito pese a su modesto presupuesto y donde apenas había un par de actores ya reconocidos? Un análisis al guión y el mensaje que se lee entre líneas pudieran darnos la clave. Por ello tanta gente se ha identificado con el pequeño Kevin y con otro personaje clave, el viejo Marley
DICIEMBRE, 2025. Desde que se
estrenó en los cines de todo el mundo allá en el lejano 1990,
Home Alone, conocida en nuestros países como Mi Pobre
Angelito, se convirtió en un clásico instantáneo que aún hoy se
sigue exhibiendo en la televisión o en las plataformas digitales con
enorme éxito.
El pequeño Kevin McCallister que enfrenta a dos pillos y les da un
merecido de órdago defendiendo lo que es suyo ubica a Home Alone
en un sitio de culto que lo mismo disfrutamos de niños, adolescentes
y hoy de adultos.
¿Por qué hay películas que conectan de esa manera entre el público y
otras a la que se le invierten millones y son fracasos absolutos?
En su momento Home Alone tuvo un costo relativamente modesto
y sin grandes figuras en el elenco (el actor más conocido en ese
momento era John Candy y su aparición se hizo más en forma de cameo:
la canadiense Kathleen O'Hara, La mamá de Kevin, provenía de SCTV,
la versión canadiense del Saturday Night Live; de ahí también
salió Candy), así como John Heard, el padre de Kevin, un graduado en
actuación con papeles pequeños anteriores. Por su parte, Joe Pesci
había saltado a la fama por su rol en Goodfellas, de Martin
Scorcese, pero al estrenarse esta película, Pesci era relativamente
desconocido.
El guión fue escrito por John Hughes, autor de otras comedias
inteligentes como Ferry Bueller's Day Off, El Club
de los 5 o cintas de adolescentes ochenteros como Sixteen
Candles. La dirección corrió a cargo de Chris Columbus, el
clown de su salón de clases y en ese tiempo apenas curtido como
cineasta profesional.
Los estudios 20th Century Fox, que se aventuraron a producir Home
Alone, tenían serias dudas sobre el éxito de la película, y se
tranquilizaron cuando John Hughes prácticamente les torció el brazo
ofreciéndose como coproductor.
Y por supuesto, el instinto de Hughes no falló: Home Alone
costó 18 millones de dólares de la época (unos 55 millones actuales)
y terminó recaudando casi 800 millones de dólares. Y aun hoy la
cinta sigue produciendo regalías cada vez que se exhibe conforme se
aproxima la temporada navideña. Sin embargo puede verse en cualquier
temporada del año y el efecto es el mismo
Los guiones de Hughes se especializaban en presentar personajes que
aprendían a convivir entre ellos de manera forzosa y al final el más
menospreciado de ellos era quien daba una lección a los demás.
Hughes solía manejar esos mensajes con sutileza, de manera que
asombra cómo, 35 años después de su estreno, empiece a revelarse la
personalidad del (otro) principal personaje de Home Alone, y
no era el terrible Kevin, sino ¿ya lo adivinaron? Jesucristo,
representado en el viejo Marley y, si nos apuran un poco, claramente
es un Jesucristo envejecido.
La teoría se ha manejado en las redes sociales y explicaría
claramente porque Home Alone es una de las películas comedias
más taquilleras de la historia: la gente recomienda todo aquello que
disfruta y, segundo, con lo que se identifica.
Los McCallister viven en un mundo obsesionado con lo material y en
uno de los sectores más lujosos de Chicago quienes están a punto de
realizar un viaje a París, sitio preferido por los norteamericanos
que presumen de nuevos ricos. Entre los viajeros no solo viaja el
hermano de Kevin sino primos y tíos, la mayoría de ellos
insoportables y vanidosos.
La película inicia en la noche
anterior al viaje donde un policía encargado de vigilar la calle
visita a los McAllister para cerciorarse que las alarmas y todo el
equipo de seguridad esté en orden. Por supuesto que este policía,
encarnado por Joe Pesci, piensa robar en esa residencia cuando sus
moradores salgan de viaje.
En una escena Kevin y su hermano se asoman por la ventana y ven a un
vecino que porta una pala. El hermano refiere que se trata de "un
enterrador que mató a toda su familia", algo totalmente falso. Sin
embargo, en Salmo 55:17 se advierte que "la muerte acechará a mis
enemigos; dejad que la tumba los trague vivos". En otras palabras,
el viejo Marley, con una pala en mano, enterró a quienes consideraba
estaban en su contra.
Acto seguido los hermanos bajan a la cocina antes de cenar (La
Última Cena antes de su viaje a París). El que la familia viaje a
Francia parece ser más que una casualidad: fue en las Galias donde
el emperador Constantino, tras convertirse al cristianismo,
reconoció los derechos de los cristianos y les permitió salir de la
clandestinidad. El hecho de que la revolución francesa,
esencialmente anticristiana, y más recientemente el libro
El Código
da Vinci que se desarrolla en la Ciudad Luz así como las ofensas al
cristianismo
durante los Juegos Olímpicos --representadas con un
burdo Dionisio, dios del éxtasis y la locura-- no son precisamente
una casualidad.
En esta cena de los McCallister ocurrirá una traición, o al menos
así lo verá nuestro protagonista Kevin cuando ninguno de sus
hermanos ni primos lo defiende cuando mamá lo encierra en el ático,
es decir, en una posición arriba del resto. A la mañana siguiente,
ya retrasados por haberse levantado tarde, se cuenta a 12 niños
(apóstoles) pero a Kevin lo dejan fuera. Cuando éste despierta, se
da cuenta que ha ocurrido el milagro; deseaba que su familia
desapareciera y así ha ocurrido.
La mamá de Kevin se encuentra en pleno vuelo --es decir, en los
cielos-- cuando recuerda que ha dejado a Kevin encerrado en el
ático. "¿Pero qué clase de madre soy?", se recrimina. Ya de regreso
en Estados Unidos, la madre asegura a una empleada que le asegura
que no hay vuelos disponibles "¡Estoy decidida a vender mi alma para
estar con mi hijo"... ni dice a quien, ero no es difícil
dilucidarlo. Entonces de la nada aparece alguien, encarnado por John
Candy, quien le ofrece llevarla a Chicago. Esta referencia
claramente alude a la parábola del Buen Samaritano (Lucas 19:29-37)
donde un samaritano acude en ayuda de alguien que ha sido atacado
por unos ladrones.
El villano de la trama, representado en el velador (Joe Pesci) entra
a casa de los McCallister al principio de la película sin que a
nadie parezca importar su presencia en ese momento. Pero lo dejaron
pasar. Y quien se asome un poquito al concepto bíblico del mal o las
posesiones diabólicas, recordará que éste nunca entra de improviso,
como si nos agarrara descuidados: el mal debe ser invitado a
nuestras vidas.
El ser maligno --demonio, lucifer, diablo, llámalo como quieras--
jamás moverá una extremidad sin antes asegurarse que recibirá algo a
cambio, diferencia clave con la Divinidad, la cual toda ofrecimiento
lo hace en forma incondicional y somos nosotros, mediante nuestro
libre albedrío, quienes lo aceptamos o lo rechazamos.
De hecho, el psicólogo canadiense Jordan Peterson nos otorga una
pieza clave en la existencia de una Divinidad: ésta nunca se nos
manifestará directamente en una vida terrenal ni buscará
convencernos; nuestro libre albedrío es el que acepta o rechaza esa
divinidad, señal de que existe un Poder Superior capaz de otorgarnos
libre albedrío. Hasta hoy, nadie ha podido rebatir a
Peterson.
En otra escena, Kevin acude a una farmacia cuando se acerca el viejo
Marley con una venda ensangrentada en su mano, signo claro de
estigma. Ante la sorpresa, por primera vez Kevin comete un pecado y
abandona la farmacia sin pagar. Kevin está obligado a defender su
mancillado honor defendiendo su casa. Una de las principales
enseñanzas de la Biblia nos dice que un pecado se limpia realizando
un bien que me beneficie a mí y a los demás, es decir, su familia,
aunque éstos me hayan ofendido... como también nosotros perdonamos a
quienes nos ofenden.
En la huida de los dos villanos Harry y Marvs, Kevin se esconde en
un nacimiento a las afueras de una iglesia. "Ni locos entraremos
ahí", coinciden los villanos. Es adentro del templo donde Kevin se
topará de nuevo con el viejo Marley, quien le cuenta que ha asistido
a ver el recital de su nieta y confiesa "sentirme abandonado por mi
propio hijo", posición opuesta la del Evangelio donde Jesús increpa
"Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mateo 27:46)
El encuentro entre Kevin y el viejo Marley no se da a mitad de una
misa sino en las bancas, una plática a solas entre ambos (y donde no
interviene ningún sacerdote; insinuación de John Hughes en el
sentido de que para hablar con Dios no se requiere de
intermediarios).
"Hable con su hijo", sugiere Kevin, y agrega "¿ha intentado hablar
con él?" Mi Pobre Angelito era más una divertida película con
temas navideños.
Sin la presencia de sus padres pero reconfortado con el apoyo del
viejo Marley, Kevin declara la guerra a Harry y a Merv, seguro de la
victoria, alusión directa a Isaías 49:29 donde se asegura que "Dios
rescata lo que el enemigo ha tomado, defendiendo la causa de sus
hijos", la fe en Dios como elemento esencial de la ansiada victoria.
Un detalle que conviene apuntar es la fe religiosa que profesaban buena parte de los protagonistas: el director Columbus, el autor John Hughes, el protagonista McCaulay Culkin, su "madre" Kathleen O'Hara, Joe Pesci y John Candy nacieron dentro de la fe católica.
Por otro lado, los castigos que
reciben Harry y Merv son brutales y habrían matado a cualquier otro
ser humano, algo también referido en la Biblia donde se advierte que
no habrá contemplaciones contra los infieles o quienes ofendan al
Señor. Pero el hecho de que los malosos no mueren infiere que el
mal, si bien es inmortal, puede ser neutralizado en nuestra vida
terrenal siempre y cuando apliquemos nuestro libre albedrío para
lograrlo. La prueba la tenemos en que, en la siguiente película de
la saga, los villanos son los mismos.
Con la certeza de que el viejo Marley se ha reconciliado con su hijo
-- cuando lo saluda a la distancia ve que su herida en la mano
desapareció, es
decir, que el estigma ha sanado-- Kevin puede estar ya tranquilo,
sabedor que su pecado cometido en la tienda ha sido redimido tras
defender su hogar... por lo menos hasta la siguiente entrega de Mi
Pobre Angelito donde muchas alusiones religiosas son hechas de lado,
aunque no todas.
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