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Irene Montero: democracia a mi conveniencia
Hace apenas un cuarto de siglo España era, detrás de Alemania, el segundo país con el mejor desempeño dentro de la Comunidad Europea. Sin embargo, hoy va en caída libre, agobiado hasta el cogote de porquería woke y, aparentemente, ya sin remedio. Pero eso no es lo peor del asunto: asomémonos a la nauseabunda hipocresía de sus gobernantes... especialmente una legisladora de Podemos
DICIEMBRE. 2025.
La década de los 90 fue de pesadilla para España; la economía se
derrumbó y de un día para otro cientos de miles de personas quedaron
sin empleo. El PSOE de "Felipillo" González se encontraba
políticamente liquidado, lo que dejó la puerta abierta para que el
Partido Popular ganara sin dificultades las elecciones que llevaron
al poder a José María Aznar, quien echó a andar medidas que en un
par de años comenzaron a dar resultados para reactivar la economía.
Predeciblemente, la embestida mediática en contra de Aznar fue
brutal; incluso El País llegó a cuestionar su capacidad mental y la
forma de su bigote, comparándolo, muestra del profundo ingenio y
sagacidad del redactor de la nota, con Adolfo Hitler. Sin embargo,
para principios del siglo España estaba ya recuperándose. Pero
entonces ocurrieron los atentados del 2003 en la estación de
Atocha, Aznar y sus asesores manejaron pésimamente la situación,
algo que los medios moldearon hábilmente hasta convencer a la
opinión pública que todo había sido culpa del jefe de gobierno. Los
atentados ocurrieron unos días antes de las elecciones donde resultó
ganador José Luis Rodríguez Zapatero, a quien todas las encuestas ya
daban como el perdedor.
De ahí en adelante, las cosas solo han empeorado en el país ibérico:
tras el desastre legado por Zapatero se escogió a Mariano Rajoy, un
absoluto incompetente, y a momentos cómplice, de las políticas
socialistas que comenzaron a aplicarse durante aquellos años. Lo que
vino después fue una debacle que incluyó un vacío de poder hasta que
el PSOE regresó al poder con Pedro Sánchez al frente, un político
con finta de galán pero tan letal que se teme España jamás podrá
recuperarse de las consecuencias de su gestión.
Entre los autores de este giro se encuentran "Pablito" Iglesias, ex
profesor universitario con colita de caballo que ya apunta a calvicie
prematura quien pasó un tiempo en la Venezuela chavista.
Aparentemente Iglesias se encuentra políticamente liquidado aunque
su ex compañera es quien consiguió avanzar en el sector público: se
trata de Irene Montero, una bella chica cuyo aspecto en México
pasaría como una socialité de clase media alta. Sin embargo, Montero
tiene la cabeza envenenada de ideas progre que no duda en presumir
cada vez que puede.
Naturalmente, este
"progresismo" de la señora Montero incluye emplear lenguaje
inclusive y, naturalmente también, echar mano de la más absoluta
hipocresía cuando se requiera. Irene Montero defiende la democracia
siempre y cuando convenga a sus intereses; en otros casos, aunque la
democracia se haya aplicado rigurosamente en una elección, no debe
ser respetada.
Ah, pero eso sí, nosotros, quienes no compartimos sus posturas ni
sus tonterías, somos los fascistas, los enemigos de la democracia,
los que queremos que el mundo entero regrese a los tiempos de la
Alemania nazi.
Con motivo de las
recientes elecciones presidenciales en Chile donde resultó ganador
el "ultraderechista" José Antonio Kast, Montero prácticamente llama
a desconocer el resultado y a manifestarse en las calles chilenas
para repudiar la voluntad de la mayoría de los votantes que dieron
un NO a la candidata Jeanette Jara, su "compañera de viaje".
Veamos el tuit que escribió Montero a las pocas hora del proceso
electoral chileno:
"Arrasa el pinochetista Kast en Chile
No normalicemos las victorias del fascismo. Aumentar la
desigualdad, quitar derechos, extender el odio y defender la
dictadura no es democracia aunque ganes unas elecciones.
Más feminismo, más izquierda, más derechos para frenar el fascismo".
Vaya, vaya... para la señora Montero, eso del vox populi vox Dei
se puede ir mucho al carajo; la voluntad popular es sapiencísima,
brilla por su inteligencia y debe ser respetada ante todo cuando
elige a candidatos de izquierda. Sin embargo, el electorado no puede
ser más estúpido, más torpe, más manipulado y más ingenuo cuando
otorga el voto a los fascistas y a los ultraderechistas.
Este tuit deja en claro el espíritu antidemocrático de la
izquierda española y, por ende, del resto del mundo: los únicos
triunfos que valen son los que a mí me convienen, los que hacen
avanzar mi causa. El llamado a desconocer el triunfo del contrario,
a convocar a sublevaciones porque quien me derrotó en lass urnas
piensa diferente a mí, no es otra cosa que fascismo. ¿Recuerda
alguien que Aznar haya llamado a la sublevación cuando fue derrotado
pro Rodríguez Zapatero en el 2003? Nosotros tampoco.
Exige la señora Montero "no normalizar ni extender el odio, aumentar
la desigualdad y quitar derechos", motivo de sobra para desconocer
el proceso electoral chileno, realizado limpiamente y donde esa
misma noche la candidata perdedora Jeanette Jara admitió su derrota.
¿Pero quiénes en el espectro político son los que "extienden el
odio? Como mantra diaria, la izquierda nos remacha ad nauseaum
la confrontación entre blancos-negros, heteros-gays,
mestizos-indígenas, ricos-pobres, empleados-patrones,
Estado-empresarios. ¿Quién se empeña en "quitar derechos" o
suprimirlos en las redes sociales, castigar incluso con cárcel a
quien exprese expresar desacuerdos con el "discurso" o "cancelan" a
los españoles que han protestado públicamente ante la inmigración
indiscriminada?
Pero con absoluta desfachatez, una hipocresía digna de análisis
clínico, veamos este otro tuit, publicado a las pocas horas que
Nicolás Maduro, quien disolvió la Asamblea (Congreso) se declaró
"ganador" de unas elecciones espurias per se dada la inexistencia
del Poder Legislativo electo con el voto popular. Ante ello, la
señora Montero celebró el fraude como un "triunfo de la democracia":
Escribió Montero:
El pueblo
venezolano ha elegido a Maduro como Presidente. Comunidad
Internacional y observadores internacionales deben garantizar
respeto a los resultados por todas las partes dentro y fuera del
país.
La derecha deben entender que la democracia se respeta también
cuando se pierde.
¿Por qué la izquierda se niega a entender éste principio que
únicamente defiende cuando conviene a sus intereses? ¿Por qué la
democracia no se debe respetar cuando gana el "pinochetista" Kast, a
quien de ribete la señora Montero ya acusó de "aumentar la
desigualdad" y "quitar derechos" aunque ni siquiera ha tomado
posesión? Ah, pero nosotros, aparte de "fascistas", somos los
"prejuiciados".
Pero eso no es todo, como dijera Walter Lantz cuando presentaba a
El Pájaro Loco en cada episodio: ¿recuerdan cómo "Pablito"
Iglesias denunciaba en el estrado a esos "oligarcas que acumulan
enormes fortunas" y por tanto aumentan la desigualdad? Pues bien, y
de acuerdo con el vloguero español Chechu Leduc, en su condición de
eurodiputada, la señora Montero percibe anualmente una dieta de
124 mil, 529,16 euros anuales, más viáticos y otros beneficios.
Como decimos en México, que se haga tu voluntad en los bueyes de mi
compadre; si un empresario español tiene utilidades anuales de 135
mil euros --casi 160 mil dólares norteamericanos-- se trata de un
explotador, un egoísta, un avaro que se niega a repartir su fortuna
con los más desposeídos. Pero si yo percibo más de 100 mil euros al
año, lo hago sacrificándome por el pueblo, por atender sus
necesidades y para liberarlos del patriarcado opresor.
El psicólogo canadiense Jordan Peterson define perfectamente esta
hipocresía de la izquierda: proyeccionismo puro. "Cuando alguien
proclamado 'progresista' te acusa de ser un totalitario, en el fondo
refleja su propia rabia de que ellos no puedan ejercer el
totalitarismo; del mismo modo, cuando ellos son los totalitaristas,
a ti te endilgarán otro adjetivo que refleje la frustración que
ellos sienten hacia sí mismos. ¿Quiénes fueron los "deplorables" en
el 2016, una señora que tuvo una campaña presidencial pésimamente
organizada o quienes votaron por Donald Trump?
Qué vergüenza los políticos que actualmente gobiernan a España, país
admirable con el que tenemos tantas ligas históricas, genéticas,
religiosas, de idioma y muchas más. Ojalá falle el vaticinio de que
hoy se trata de un Estado fallido, algo que alegra sobremanera a
gentuza como Irene Montero y su ex "Pablito" Iglesias.
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