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Albricias: Disney da el puntapié a Kathleen Kennedy
Se habían tardado: su agenda política destruyó dos de las franquicias más lucrativas del cine e hizo perder millones de dólares a unos estudios venerados en todo el mundo. Por fin despiden a Kathleen Kennedy de Disney pero llenarán el asunto con eufemismos para que no se diga que la corrieron por incompetente. Si esto marca el inicio de otra época de esplendor en Hollywood, o la última estocada, lo sabremos pronto
ENERO, 2026. Los despidos
vergonzosos en las altas esferas del entretenimiento norteamericano
suelen ser "suavizados" al darse a conocer, y estamos viendo que el
caso de Kathleen Kennedy no será la excepción. LucasFilm anunció que
la productora que durante décadas trabajó de la mano de Steven
Spielberg y George Lucas, "se retirará como directora de los
estudios LucasFilm, pero mantendrá un papel activo como productora y
consejera", según el comunicado oficial. Es decir, bajan de rango a
la señora pero, para que no suene tan feo el asunto, se acude al
eufemismo: la señora seguirá asesorando importantes proyectos dentro
del imperio del ratoncito.
A los altos ejecutivos nunca se les echa por ser torpes e
incompetentes: se les asignan nuevas responsabilidades aunque al
final, como dijo el analista Ben Shapiro, "lo innegable es que se
les echa.. es como un divorcio: por más que digas que la separación
fue amistosa y en los mejores términos, al final fue un divorcio...
el motivo central no cambia aunque trates de suavizar la nota".
La pregunta que nos hacemos todos quienes nos consideramos fans de
sagas como
Regreso al
Futuro,
Indiana
Jones y La Guerra de las Galaxias,
además de otros clásicos como ¿Quién Engañó a Roger Rabbit?
--todos ellos peliculones en los que Kathleen Kennedy fue productora
ejecutiva-- es ¿por qué Disney tardó tanto en deshacerse de ella? La
lista de fracasos de LucasFilm LTD ha sido astronómica, y se estima
que ya rebasó o está por rebasar lo que Disney pagó a George Lucas
para hacerse de la franquicia.
Una razón de esta burda relativización se debe a las cláusulas con
al que esta gente es contratada, donde se suele estipular que en
caso de darse el despido antes del vencimiento del contrato, se le
tendrá que otorgar una indemnización; por ello nunca se les "corre"
formalmente, para evitarse líos legales. Entonces lo que procede es
destituirlos pero sin echarlos del todo para que sigan cobrando
hasta que expire su contrato. Lo asombroso en el caso de Kathleen
Kennedy es que su contrato fue renovado en el 2023, ocho años
después que George Lucas vendiera la franquicia a Disney.
Tampoco olvidemos que, apenas el pasado agosto, en la junta de
accionistas de Disney, se determinó matener la línea "progre" en los
contenidos. Un accionista con sentido común no aceptaría seguir
perdiendo dinero con películas y programas que no producen ganancias
a menos que exista una presión o un chantaje de terceros.
Evidentemente, la señora Kennedy tenía el respaldo de alguien con
fuerte poder económico y político, capaz incluso de imponerse a las
órdenes de Bob Iger, el mandamás de la empresa. En tal sentido, ya
antes de destituir a Kathleen Kennedy se había utilizado la
facultad de los estudios para despedir a por lo menos a 1,500
empleados, buena parte de ellos en el departamento de animación, así
como a la encargada de "supervisar" que los contenidos fueran
"incluyentes", es decir, que los hombres blancos aparecieran en
calidad de idiotas emasculados y las mujeres blancas como valientes
empoderadas y que ningún villano sería de piel oscura.
Este movimiento evidencia la brutal lucha que se está dando al
interior de Disney entre el wokismo y quienes desean mantener el
espíritu tradicional de la empresa, no tanto por apego a la
nostalgia sino porque ese espíritu les ha producido millonadas de
dólares en el pasado. El despido de esos empleados, casi todos de
confianza, refleja cómo Disney está utilizando su poder en áreas en
las que el wokismo aún no tiene injerencia directa. Paradójicamente,
este movimiento de piezas se complica cuando se intenta destituir a
quienes ostentan altos puestos.
Con excepción de las dos primeras películas de Star Wars bajo la
batuta de Disney,
The Force
Awakens y Going Rogue, Kathleen Kennedy
ha hecho perder estratosféricas cantidades de dólares a los
estudios. Esto no extraña si recordamos que cada nueva entrega de la
saga se fue haciendo más y más woke, algo que se dio sutilmente
desde el inicio cuando Han Solo moría de la manera más estúpida
posible y la Princesa, perdón, Generala Leia andaba volando por el
espacio.
Hoy se sabe que hubo protestas entre varios de los protagonistas de
la saga original. Mark Hamill, quien caracterizó a Luke Skywalker,
mostró su desacuerdo inicial, y si bien apareció apenas unos
segundos en The Force Awakens, sus protestas cesaron conforme
avanzó la saga y convirtió al
valiente
guerrero Jedi en un papanatas. "Nos dio mucho
gusto haber destruido sus infancias", dijo Hamill en una conferencia
posterior al estreno.
Del mismo modo, Anthony Daniels, quien
caracterizó al andoride C3PO, también mostró su desacuerdo con el
guión pero le advirtieron que si no aceptaba, era libre de
marcharse... y mejor doblegarse cuando tienes una edad en la cual ya
es difícil que te ofrezcan papeles en el cine.
Alguien que aceptó sin condiciones el wokismo impuesto por Kennedy
fue Harrison "Han Solo" Ford. Se sabe que Ford odia profundamente al
personaje y ello lo refrendó en la revista Hollywood Reporter
poco después del estreno de The Force Awakens: "Yo veo a (Han
Solo) como un personaje más y agradezco que con él haya despegado mi
carrera en grande. Pero para mí Han Solo está lejos de ser un icono,
alguien intocable. Me alegró que en esta película Han Solo haya
muerto. Lejos de sentirme triste al concluir la escena, me sentí
mucho mejor", claro, no sin antes cobrar sus 17 millones de dólares.
Tremenda ironía: Ford fue el actor
mejor pagado en The Force Awakens. Odiaba al personaje pero
de todos modos se embolsó una millonada por interpretarlo una última
vez.
Cuando Kennedy anunció que la Fuerza "era femenina", estaba
cometiendo un brutal error de cálculo de marketing. Desde la
primera entrega de Star Wars, la Fuerza ha sido masculina:
los jóvenes adolescentes son quienes abrumadoremente consumen esas
películas, compran los juguetes y demás parafernalia y son los que
asisten, en abrumadora mayoría, a todas las convenciones de esa
galaxia muy, muy lejana.
Solo hasta la tercera película de la saga original, titulada
Return of the Jedi, descubrimos que la Fuerza también puede ser
desarrollada por una mujer, esto cuando Luke confiesa a Leia que son
hermanos, solo que, al igual que él, deberá aprender a manejarla y a
dominarla. Solo hasta la quinta película vemos a una mujer Jedi
quien, por cierto, comete un error garrafal cuando asegura que, dado
que el planeta natal de Bobba Fett no aparece en los mapas, "es
porque no existe".
Tan la Fuerza no es femenina que las siguientes películas de
la saga estuvieron lejos de atraer público femenino; simplemente se
le faltó el respeto al fan genuino de Star Wars advirtiéndole
que si se sentía hombre heterosexual ni se le ocurriera ver la
película y éste, en respuesta, dejó de asistir a las salas.
Este descomunal fracaso hubiera sido suficiente para que Disney
diera las gracias a Kathleen Kennedy. Por el contrario, se le
encomendó destruir la segunda joya más valiosa de LucasFilm,
representada en la saga de Indiana Jones. La cuarta,
innecesaria parte del legendario arqueólogo --ésa donde Uma Thurman
hace un mayúsculo ridículo-- dejó en claro que ya no había necesidad
de nuevas historias, pero la voracidad woke de Kennedy logró algo
que parecía imposible hasta antes del estreno de Dial del Destino,
mandar al carajo a una de las franquicias más franquicias más
redituables en toda la historia... y eso con una sola película.
De acuerdo con el vloguero Anthony Kumia, Kennedy quería
"reinterpretar" la otra trilogía inmortal, la de Regreso al
Futuro. Una diferencia básica con las otras radica en que ésta
fue producida por los Estudios Universal y no por LucasFilm. De
acuerdo con este vloguero, Robert Zemeckis no mostró incoveniente en
continuar la historia pero se topó con la negativa de Bob Gale, el
autor del guión y quien aparentemente es un antiwoke
declarado. Gales es también autor de la película 1941, coautor de
Dos Bribones Tras la Esmeralda Perdida, entre otras más. El
hecho que hasta el momento no se hayan hecho "reinterpretaciones" de
estas películas refuerza la aparente negativa de Gale.
¿Y por qué Gale estaba furico?
Este vloguero señaló que la "nueva" historia de Regreso al Futuro cambiaría a Marty McFly por una adolescente y que el villano sería (¿ya lo adivinaron, estimados lectores?) un supremacista blanco que se roba la máquina para viajar al pasado e incitar una sublevación del Ku klux Klan, aunque Cumia señala que también se manejó la teoría del "supremacista blanco" que se roba la máquna del tiempo, se hace pasar por abogado para representar al senador McCarthy quien convence al mundo que éste tenía razón en su "cacería de brujas", con las tremendas repercusiones que se tendrían en el presente, entre ellas un Estado fascista en el presente de Estados Unidos. La labor de la nueva "Marty" seía viajar al pasado y conseguir que éste retomara el rumbo normal, algo similar a lo que vimos en la segunda película.
Si lo que afirma este vloguero es
cierto, todos estaremos eternamente agradecidos con la negativa de
Bob Gale.
La salida de Kathleen Kennedy son, si duda, buenas noticias. Ahora
el reto es ver si Disney realmente quiere deshacerse de toda la
basura woke que le ha hecho sufrir pérdidas monstruosas ydecide
regresar a lo suyo, que es el entretenimiento. Después de
todo, por algo se le llama showBUSINESS.
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