"En los dedos de Dios"
Savetti, 2003

III

Diego paró en una estación a cargar gasolina. A la distancia observa a una chica con una mochila al hombro. Mientras le llenan el tanque trata de recordar en dónde la ha visto. Apenas lo despachan corre a alcanzarla. Es la chica que lloraba la noche anterior en la barra del bar. Se ofrece a llevarla. Déborah no acostumbra subir con desconocidos, bueno, al menos que le parezcan atractivos. Como no tenía a quién recurrir, decide subir al auto.

Ya con el auto en marcha, Diego le pregunta hacia dónde va. Ella le dice que cualquier parte es mejor que casa. Ya tiene un plan para no quedar sin techo esta noche. Mañana se preocuparía por el día siguiente.

Déborah no habla mucho y durante el camino trata que Diego note sus piernas o algo más, pero él solo parece estar interesado en conversar. Las constantes preguntas de Diego solo lograron enfadar a Déborah, que se recuesta ligeramente hacia su lado del auto.

Después de un rato de silencio, empieza a contarle acerca de un chico con el que vivía en la universidad mientras estudiaba gastronomía. Sus padres nunca lo supieron, Alicia tampoco. Fue la primera vez que le rompieron el corazón y la última que algún hombre lo haría, así lo juró ahogada en lágrimas.

Esa relación terminó el día que Déborah necesitaba hacer unos ajustes a su tesis y se dio cuenta que el chico y su asesora se acostaban. A partir de aquel día, decidió que los hombres solo le servirían para ganar dinero, posición y oportunidades en la vida. Por supuesto que esto último no se lo dijo a Diego, únicamente se fue acurrucando lentamente en sus brazos y le dijo estar cansada.

Diego temía preguntar si quería que pararan en algún motel, no quería que lo malinterpretara. Sin embargo, Déborah tenía el plan y Diego mordió el anzuelo. Por si fuera poco y como si el destino estuviera de la mano de Déborah, al registrarse en el motel no había habitaciones con camas separadas.

En el bar, Domingo se encontraba distraído, algo poco habitual en él. Algo le decía que la chica de sus sueños regresaría a buscarlo esa noche. El bar cerró tarde. Déborah no apareció.

Danielle regresó a casa con niveles críticos de estrés, preparó la tina de baño. Apenas se metió, las lagrimas asomaron por sus ojos, virtualmente una cascada. Se preguntaba si realmente su vida tenía algún sentido.

En cuanto cruzaron la puerta de la habitación, Déborah se lanzó sobre Diego, este no se mostró indiferente, pero evitó a toda costa acostarse con ella. Déborah no se lo explicaba y no se lo esperaba tampoco. En fin, estaba tan cansada que lo mejor era dormir.

La mañana siguiente emprendieron el camino a la ciudad. Diego la invita a pasar unos días con él para que recapacite las cosas y regrese con su hermana. Déborah acepta sin pensarlo dos veces, está segura de que no regresará con Alicia y de que Diego no le pedirá nada a cambio del hospedaje, aun si hiciera no habría problema.

Los siguientes días fueron muy tensos para Danielle. Una mala pasada de sus compañeros y su mal carácter la metieron en un grave aprieto que la hizo dudar aun mas en su permanencia en la agencia. La paga era buena, pero la carga de trabajo la absorbía demasiado y no le dejaba tiempo para vida personal. Hacía mucho tiempo que deseaba vacaciones. Pero había que pensarlo, es difícil dejar las comodidades. Danielle no logra tomar una decisión.

 

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