RAMONES

los ramones l recortes l página 12 (17/04/2001) el punk de luto

en nueva york, víctima de un cáncer linfático, murió joey ramone
el punk rock argentino también está de luto

fue la voz de los inventores del punk, pero también un ídolo de multitudes aquí, donde los ramones realizaron 26 shows seguidos por más de doscientos mil espectadores.
joey ramone era alto, desgarbado, pálido hasta el miedo, y usaba unos anteojos redondos que, confabulados con su flequillo rebelde, conferían a su rostro un carácter enigmático e inexpugnable. no se sabe qué extraña combinación (azar, talento, milagro argentino) llevó a ese antihéroe de los sótanos neoyorquinos a convertirse aquí en el máximo referente de un fenómeno sin precedentes en el mundo. sólo se sabe que joey obtuvo por decreto popular el don de permanecer siempre adolescente, a despecho del calendario e, inclusive, de su deterioro físico. el domingo, jeff hyman (así se llamaba) murió en nueva york a los 49 años, en compañía de su madre, víctima de un cáncer linfático que no impedirá, de cara a la leyenda, su pertenencia al salón bizarro de las grandes pasiones argentinas.
tanto joey como su banda, los ramones, fueron en los 80 objeto de culto para freaks desencantados y, en los 90, válvula de escape para el novedoso (por entonces) punk proletario de los suburbios bonaerenses. en su tierra natal, en cambio, su público fue, durante los 22 años de trayectoria, funcional a la inmutabilidad artística de los ramones. eran “los mismos de siempre” (en cuanto a número, recambio generacional mediante) quienes aseguraban al cuarteto una supervivencia digna en medio del tráfico de influencias musicales, modas y escenarios rockeros posibles. el vendaval de cambios verificados en la escena internacional (new wave, rap, hardcore, grunge, etc.) los preservó intactos e incorruptibles, a través de sucesivos discos cuyas diferencias entre sí solo podían ser detectadas por equipos de especialistas. tenían un título nobiliario: habían inventado el punk. es cierto que en algún momento de sus carreras cometieron el desliz de sonar (en estudio) medianamente bien, pero bastaba verlos en escena para comprobar la naturaleza incorregible de sus acoples, su minimalismo inalterable, su desprolijidad visceral.
de tan rebeldes eran auténticamente conservadores. en tiempos de gigantismos del tipo emerson, lake & palmer, ellos reivindicaban a héroes musicales de los 50, como little richard y eddie cochran. su cóctel de influencias, mínimo pero poderoso, incluía a los stooges y a los new york dolls, pero también a los beatles y a los beach boys, con lo cual su virulencia era “escuchable”, previa adecuación del oído a las levísimas variaciones de sus tres tonos eternos. en la argentina acompañaron escrupulosamente (claro que sin saberlo) el crecimiento cuantitativo y el cambio de rol social que experimentó el rock. cuando tocaron por primera vez en buenos aires, en aquel legendario primer concierto en obras de 1987, los raros peinados nuevos coparon la parada. eran los punks tardíos (algunos de ellos aptos para ser descriptos como “pseudo punkitos con el acento finito”, como definió luca prodan, presente en ese histórico show), los new wave curiosos, los fito páez ansiosos por ver “algo”. cuatro años después, la escenografía había cambiado radicalmente, como el país. futbolizados, los ramones se volvieron más populares que el género musical que los cobijó. seguirlos se convirtió en un ritual cada vez más convocante: se despidieron en 1996, ante 50 mil fanáticos. en la argentina vendieron más entradas que discos y, aunque no hay estadísticas, es probable que circulen por los barrios más ediciones piratas de sus conciertos que cd's oficiales. se separaron hace cinco años, pero en el inconsciente de sus seguidores flotaba

 
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