La editorial que el Poeta había codirigido con Beatriz no había podido durar mucho. Entre todos los libros que había impreso quizás fuera la Carta Magna de los Mariones el más interesante y raro. Beatriz lo había heredado de algún lado y como siempre le había intrigado mucho, había decidido pasarlo a computadora para luego poder incluirlo en el catálogo de libros que la editorial llegó a imprimir mientras duró. El libro original era extraño. No estaba fechado, estaba escrito en letra gótica, incluía ilustraciones en blanco y negro que acompañaban al texto y relataba los fines, la simbología y los ritos de una secta denominada los Mariones que había surgido en la Edad Media. Era imposible saber si tal secta había realmente existido o era la imaginación de un escritor, porque extrañamente el libro no estaba atribuido a nadie. Ni siquiera a un autor anónimo.

La versión que la editorial había hecho era mucho más modesta. Tenía letra común y no incluía ninguna ilustración. Es extraño, pero aquel libro había sido el primero en ver agotados todos sus ejemplares. Hasta habían pensado hacer una segunda tirada, pero entonces fue cuando una denuncia anónima determinó el desmantelamiento de la editorial por parte de agentes que propusieron en forma amenazante a sus dueños que se abstuvieran de volver a formar otra empresa de ese rubro si no querían terminar mal. El Poeta y Beatriz aceptaron porque todo les pareció raro y peligroso y pensaron que se trataba de una especie de mafia de editoriales que quería que el negocio de los libros se mantuviera entre unos pocos.

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