Siempre me intrigaron los rostros. Es impresionante pensar en la cantidad de rostros que desaparecen en el anonimato. Aun cuando deberían ser como la carta de presentación de una persona. A través del rostro vemos muchas cosas. Es curioso que los nombres o apodos suelen tener mayor facilidad de intercambio. Nos enteramos de anécdotas de éste, locuras de otro, el accidente de alguien, la suerte de alguna persona. Todo el tiempo estamos expuestos a los nombres y a lo que hacen personas de las que no conocemos el rostro. Sabemos que existen gente de tal palo, y gente de tal otro, pero mientras no vemos sus rostros los imaginamos colectivamente formando grupos y no suma de individuos. Los pensamos como hormigas.

Esta gente era de ese tipo. Lamento no poder adjuntar una foto de lo sucedido porque esos hombres eran realmente interesantes. Quizás flashee, pero a pesar de que todos parecían iguales, pronto creí percibir que tenían una jerarquía. Cada uno tenía un rol muy diferenciado. Al hablar nunca se interrumpían. Tampoco hablaban por turnos muy largos. Uno hablaba más cortés, otro hablaba mas imperativamente, otro hacía las preguntas, uno siempre llevaba la negativa, otro hablaba reflexionando y haciendo deducciones y un último hablaba siempre como sorprendido. Tal vez haya sido solo una ilusión mía.

-Acérquese- susurró una voz.

-No creí que fuese a venir. – dijo otra.

-Está usted bien? – preguntó alguien.

No supe si responder o preguntar de qué se trataba aquello. Lo primero que atiné a hacer fue a mover la cabeza hacia adelante. Luego me quedé como sin palabras por un segundo.

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