Ocurre que el tiempo pasa sin pedirnos permiso. Uno siempre cree que está igual pero de a poco se va dando cuenta de pequeñeces. Se percata de que cada vez sale menos de noche. Que ya no toma para estar alegre sino para estar tranquilo. Que la vida ya no tendrá grandes sorpresas. Que en la radio avisan que se murió un actor, un músico, o una personalidad importante, y uno dice “mirá, se murió este tipo”, y los hijos nos miran y nos preguntan de quién diablos estamos hablando. Los temas de conversación van cambiando. Nuestro humor cambia. Nos ponemos más quisquillosos. Protestamos más al hacer colas largas, al recibir productos de no tan buena calidad. Y cuando vemos joda por ahí en una esquina, quizás por esa estúpida envidia de ver gente hacer algo que para uno ya ha indefectiblemente pasado, uno protesta y dice “la juventud ya no es lo que era antes, ahora son todos unos borrachos, drogones, groseros…” Y en definitiva, si alguien nos mirara eternamente desde arriba, se aburriría de ver desfilar las mismas cosas, siempre con distinto nombre para que cada generación piense que ha hecho algo original cuando su originalidad radica casi siempre en cambios minúsculos.

El jefe recordó esa poesía que tanto había circulado en su juventud y que siempre le había atrapado mágicamente. Como no tenía memoria para recitarla, buscó el libro que la contenía y la leyó en voz alta.

Hosted by www.Geocities.ws

1