Así eran los versos de "El manjar", de Crito Barrios, que leyó el Jefe mientras tomaba vino.

Hay un ardor en mis labios

divergen los sentidos

arrepentidos de probar el manjar

que descansa en una sala vacía

Depués de él sólo hay olvido

olvido del pasado (ni siquiera sé qué significa eso)

El manjar divino que fue tu beso

Y si Prometeo fue castigado por robar el fuego de los dioses

gustoso me tiraré a mil infiernos por probarlo una vez más

El Jefe tomó un trago, se reclinó en su asiento, exhaló fuerte y recordó cuando él sentía que esa lectura lo impresionaba porque describía cosas que él sentía. Ahora se había vuelto frío y esa poesía se había convertido solamente en algo bello, nada más.

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