El efecto de un “shock”, sea este de la índole que sea, puede ocasionar, eventualmente, un paro cardiorrespiratorio. La respiración y el funcionamiento del corazón se detendrán de pronto y en forma simultánea.
Al morir, el Viejo sudaba copiosamente, su piel presentaba un color pálido y al tacto resultaba muy fría. Todos estos pueden calificarse como síntomas. Es preciso advertir que un paro cardiorrespiratorio se produce inesperadamente, provocando sorpresa, en personas que aparentan gozar de buena salud: de ahí la mueca deformada que ofrece un hombre cuyo corazón ha sufrido esta clase de ataque.
Si bien, aplicando maniobras apropiadas de reanimación cardiopulmonar puede llegarse a evitar la muerte, las personas que presencian en otros un paro cardiorrespiratorio suelen desconocerlas. Por otra parte, lo imprevisible de estos sucesos suele provocar también un “shock” en los testigos del mismo, anulando momentáneamente la facultad de razonar y tomar una rápida determinación. Este estado de inacción fue el que se apoderó de Angélica cuando el Viejo tuvo el ataque. El pasaje abrupto de un estado de placer intenso a su opuesto exacto y la corta edad de Angélica, fueron tan fatales como la interrupción de la circulación que acabó llevándose al Viejo para siempre.