Tanto el Viejo como Angélica tuvieron un shock. Claro que en él ese shock lo mató y en ella sólo produjo una fuerte impresión. Al viejo no se le hizo una autopsia. A ella la internaron por crisis de nervios. El caso generó mucha conversación en la comisaría que tuvo que encargarse del papelerío que genera una muerte en un caso como aquel. Espanto, una mujer policía que más que policía era una especie de secretaria, juzgó duramente a la muchacha mientras pasaba a máquina los papeles del caso.

- Acá vienen muchos casos, pero como éste ninguno – dijo a un policía que tomaba café a su lado.

Ciertamente el caso había tomado un matiz extraño. Justo en esa época en que en la comisaría estaban cansados de recibir robos, arrebatos azarosos y delitos menores por el estilo. Ya no había cosas divertidas como antes. Cada día las denuncias eran más aburridas. De pronto surgía ésta y daba que hablar.

- ¿Te parece? – preguntó el policía a Espanto sólo por seguir la conversación.

- Sí.

- Yo no lo creo. Para mí fue mucho más llamativo el caso ése de B.

Espanto lo había casi olvidado. B, un hombre de los ambientes bajos y sus secuaces habían estado haciendo cosas misteriosas de las que se carecía de pruebas. Habían habido distintas versiones sobre lo ocurrido. Los acusaban de ser falsificadores y de tener amigos en la policía que habían evitado que se pudiera probar nada en su contra. También se había hablado de que eran unos simples ladrones a los que se los había acusado de ser los falsificadores de unos documentos sólo para salvar a los verdaderos culpables, gente que sí tenía amigos en la policía, que se había encargado de borrar toda huella y de hacer aparecer como culpables a éstos. Entre tantas versiones el asunto había llegado a los medios y había tenido una difusión importante. Espanto seguía pensando que aún así, el caso del Viejo y Angélica había sido para ella más entretenido. La pasión, las diferencias de edad, lo inesperado que aflora, la muerte, la juventud, todos esos matices que tenía el caso lo hacían digno de una obra literaria, aunque fueran la pura realidad. Es que a la realidad le encanta copiar a la ficción.

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