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Todo ese tiempo, Martina no habia dejado de cuestionarse aquello que no tiene solucion, y ya era tiempo de que despertara. Solamente habia perdido siete a�os de su vida investigando, indagando lo mas que podia, pero sentia que cada vez mas y mas se hundia en un insondeable abismo. Fue por esto que decidio de una vez por todas, enfrentar la realidad, aunque fuera tan solo una vez en su vida. Tomo su abrigo negro que contrastaba gravemente con sus cabellos de oro y cubriendose la cabeza con una mascada negra, salio a la calle. Los relampagos iluminaban el cielo y la lluvia llegaba con un aire que obligaba a cubrirse la cara. La chica cruzo la calle y sus botas salpicaban todo a su paso. Martina empezo a tiritar de frio, pero solamente alcanzo a ver unas luces y en un instante, se hallaba dentro del taxi, deseando darle una bocanada al cigarro del taxista. -�quieres?- inquirio el chofer y sin decir nada, Martina acepto el cigarro, el ultimo de la cajetilla. Lo encendio con una parsimoniosa serenidad e inhalo larga y profundamente. El taxista la miraba con aire de divertimiento. -�por que tan sola a estas horas, guerita?- pregunto ansioso, mirandola por el retrovisor. Ella lo ignoro por completo. El taxista insistio en su pregunta, tan fuera de lugar como el mismo. Martina con una se�a indico que se estacionara mas adelante. "estos rumbos estan muy feos" dijo aquel murmurando la chica le dio unas monedas y salio dando brincos, perdiendose entre esas callejuelas oscuras. El taxista avanzo unos metros... antes de detenerse completamente el motor.
La ciudad era oscura o al menos eso era lo que le parecia a la chica. Toda la gente se hallaba ensimismada, como poseida viviendo como automata, como si estuvieran muertos en vida. Las ausentes calles llevaban en sus entra�as seres pordioseros que vivian de las sobras de la sociedad, los grupos de gentes malvivientes que se reunian para cometer ilicitos amparados por la oscuridad, todas las bardas de la ciudad pintadas por doquier con peticiones insulsas... era algo que Martina no alcanzaba a comprender. Era casi la media noche cuando ella entro a ese bar maloliente y oscuro que apestaba a cigarro y sudor. Era el centro de reunion de todos los seres de la noche, quienes al verla entrar, la miraron con desden, para luego centrarse en sus ocupaciones. Busco con la mirada a Kitzia, una extra�a que solia permanecer todo el tiempo posible en ese lugar y que alguna vez le platico algo que ella solo queria confirmar. Asi que la hallo en compa�ia de otros seres oscuros que se movian lentamente, como si pertenecieran a otra clase de sue�os. Al verla, Kitzia se aparto de los demas y se acerco sigilosamente, situandose a su lado, bebiendo de una copa un liqiudo rojizo y espeso. "HAHHAHAHAHHA...." la oyo reir y sin mas, se encerraron en un privado que estaba situado detras del escenario. Ahi la oscuridad era total. -veo que has reivindicado tu camino- sentencio Kitzia en un instante. Martina sugirio que fueran directo al punto de partida, que no tenia tiempo para juegos ya que, segun decia, ella habia agotado totalmente su tiempo "ah, ya veo..." dijo la otra y comenzo con una larga pausa, deseosa de que Martina desistiera, pero no lo hizo. Finalmente murmuro algo inusitado: "He estado con quien dices ser tu hermana, Michelle, pero ella ha perdido todos sus recuerdos acerca de ti o de tus padres, de hecho, carece completamente de recuerdos y solamente tiene en mente una cosa: hallar la verdad, su verdad. Atras has quedado tu o el resto de las cosas y aunque la encuentres, de nada serviria. Es preferible que la des de una vez por todas como muerta... �por que de hecho ya lo esta! pero te advierto una cosa: cuidate de ella por que ha adquirido aquello que todos buscamos: la inmortalidad. Y es poderosa, pero ignora ese poder y eso la convierte en un ser peligroso... y ni tu ni nadie van a volverla a la realidad... a nuestra realidad..." dijo Kitzia calladamente y Martina quiso desistir, pero algo la arrastraba como una si el canto de la sirena la llamara irresistiblemente. -Hay alguna posibilidad, aunque sea muy peque�a, de que la encuentre y vuelva a ser lo que antes era?- pregunto tentativamente, sabiendo de antemano la respuesta. -�claro que existe esa posibilidad!, no todas las cosas son completamente negras ni blancas en esta vida !aun el hombre mas perverso sobre la tierra tiene en algun momento de su vida sentimientos de bondad hacia alguien y el mas puro de los hombres ha tenido en mente pensamientos macabros y perversos contra sus semejantes! pero no puedes andar por la vida con una sonrisa en tu rostro, fingiendo algo que no eres... debes ser fuerte y enfrentar las cosas tal como son y si tu hermana no esta contigo, no la traigas de vuelta �dejala ser! ese es su problema, pero tu no te metas a invadir su vida- dijo Kitzia en un instante y miro a la chica fijamente, pero ella divagaba en sus conclusiones. "esta bien- dijo Martina -no puedo explicarlo, pero se que se acerca lenta y sigilosamente a la ciudad: me esta buscando para transformarme en algo como ella, y yo la quiero de vuelta y solo es cuestion de ver quien encuentra primero al otro" concluyo finalmente y Kitzia sonrio misteriosamente, y tomandole la palma de la mano, la examino minuciosamente. Martina quedo perpleja, en silencio hasta que Kitzia susurro con aire de complicidad "vas a conocer a un ser de la noche que te puede ayudar, esperalo... el llegara a ti- fue todo lo que dijo y desaparecio, dejando a Martina en un mar de dudas.
Los dias se transcurrian inquietos lentamente, nublados y sombrios. Martina caminaba por una calle solitaria aquella tarde cuando algo llamo su atencion. A lo lejos se divisaba un estrecho callejon y al final de este, una silueta frente a una fogata lanzaba conjuros al aire, mientras seres desconocidos giraban alrededor danzando y subitamente se escucho un estruendo que rasgo el aire, como un trueno ensordecedor que enloquecio a la noche. Martina se acercaba mas curiosa que intrigada y a unos metros de ahi, pudo percibir algo que nunca olvidaria: el ambiente, denso y opresor que rodeaba el lugar. Un dulce aroma de muerte invadio el aire, penetrandolo, impregnando todo con su aroma hiriente y la noche se hizo en un parpadeo en tanto una rafaga de aire salida de la nada empezo a levantar papeles y ella tuvo que entrecerrar los ojos debido a la ventisca y ahi, enmedio de todo, una sombra empezaba a tomar forma y al ver esto, todos los seres desaparecieron huyendo despavoridos dejando el lugar abandonado. Martina habia llegado lo mas cerca que se atrevio antes de que esa sombra tomara forma semihumana, y se alejara en una nube de vapor, perdiendose entre la oscuridad y todo quedara nuevamente en calma, como antes... pero la chica no supo a ciencia cierta si ese era el ser al que se habia referido Kitzia, antes de que mirara a su alrededor y como una vision, pudo ver esos grandes edificios que se levantaban del piso como grandes lapidas sobre las calles deserticas al tiempo en que el cielo se cerrara sobre su cabeza y una tremenda lluvia se soltara sobre ella. Los relampagos recortaban las siluetas y ella quedo de pie, en silencio. Su ropa mojada estaba totalmente pegada al cuerpo, sus cabellos escurrian cual fuente inagotable y los rios de agua se deslizaban por las solitarias calles... esa noche llovio eternamente. |
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