HISTORIA DEL PUEBLO MOLINOS DE PAPEL
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En 1613, bajo el reinado de Felipe III, llegó a España Juan de Otonel desde la República de Génova para instalarse en Cuenca, junto a la ribera del río Huécar, para construir un molino de fabricar papel fino. Junto con él vinieron otras treinta personas, muchas de ellas de su misma familia, conocedoras del oficio, para ayudarle en semejante aventura. En el término de Palomera construyeron un molino, una capilla, un horno y varias casas con las que pudieron organizar sus vidas. Tal es la historia del nacimiento de un asentamiento industrial que, a la postre, recibió el nombre de Molinos de Papel. |
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La Fábrica fue, probablemente, la primera que existió en España de ese género y tuvo que enfrentarse a multitud de problemas, comenzando con la hostilidad manifiesta de algunos sectores de la sociedad conquense de aquél entonces, como, por ejemplo, los alcaldes de las poblaciones de la Mesta de Ganadería, que pensaban que la fábrica estorbaba el paso del ganado.
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![]() Cuba y prensa de papel típicos de un molino de papel del s. XVII |
Sin Embargo, la Corona conocía perfectamente la importancia de la fábrica de papel; y por eso adopta una actitud de protección hacia la misma concediéndole muchos privilegios en diversas Cédulas Reales (en muchas de ellas defendiéndola y amenazando con castigar a quien la dañe; o, como en otra, concediendo el privilegio de ser considerada su actividad como arte y no oficio). Es más, el mismo Felipe IV visitó la fábrica en 1642.
Pese a todo, a la muerte de Juan de Otonel, a raíz de los pleitos familiares que sufrió, la fábrica, y con ella el asentamiento, entraron en estado de ruina.
Hay que esperar a la década de 1730 para ver la fábrica recuperada bajo la dirección de un descendiente de Otonel. Incluso vivió una época de esplendor en la que llegó a poseer 68 operarios y alcanzó la cifra de 6.000 resmas fabricadas de papel de imprenta, fino y de estanco.
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Marcas de papel fabricado
en
Molinos en el año1789. |
A partir de esa fecha comienza su declive hasta la completa desaparición de los molinos coincidiendo con el final del siglo. Los pocos obreros que quedaban perdieron sus empleos, pero se quedaron trabajando las huertas y comprando ganado y, poco a poco, acabaron siendo los propietarios de las tierras, haciéndose famosos en Cuenca los productos hortelanos que vendían.

Reconocimiento especial en la historia de Molinos de Papel se le debe a una mujer que heredó muchas de las tierras y edificios de la aldea y que, a pesar de vivir en Cuenca, consiguió dar un impulso notable a su desarrollo con la creación de una fundación benéfica. Dª Gregoria de la Cuba y Clemente, que así se llamaba la dama, dejó claro a sus albaceas en su testamento que todo su dinero (no tuvo descendientes) se debía utilizar para la creación de dicha fundación cuyos fines eran, entre otros, construir una iglesia, una escuela para los niños de Molinos de Papel, costear carreras importantes para hijos del pueblo, ofrecer donaciones y pensiones caritativas, socorrer a los jornaleros del pueblo, etc.
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INSTANTÁNEAS DE MOLINOS DE PAPEL |






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© Jose Antonio Esteban Usano