Artículo publicados en el diario Síntesis por: Miguel Santiago Reyes Hernández Para
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Publicado en Síntesis el 6 de Septiembre del 2001 OTLAIMANTIC LA NECESIDAD Y EL
TORTURADOR Camilo Estrada Luviano Definir la necesidad es bastante difícil, porque es un concepto tan cotidiano que es fácil caer en la tautología. Para no incurrir en ella podemos decir que necesidad es el satisfacer aquello que nuestra vida, sea social o individual, requiere; sin embargo, esto que al humano le hace falta está condicionado por la sociedad y la sociedad establece su tabla de bienes necesarios de acuerdo con el desarrollo que tenga. Pero, como es fácil comprender, la sociedad no es uniforme, sino que ella está constituida por las diferentes clases sociales que tienen que convivir en su seno y por supuesto, la clase que marca la pauta es la clase dominante, ésta es la de los grandes capitales cuyos intereses están en descarado maridaje con el capital extranjero y con los empresarios más reaccionarios, aquellos que le regatean a los pobres hasta lo mínimo. Esto es así porque los empresarios al estilo de los rancios panistas, sin proponérselo están luchando por contrarrestar la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, y el empalme con el capital extranjero es indispensable porque son ellos los que realmente mandan, por medio de sus instituciones como lo son el FMI y el Banco Mundial, entre otras, en el mundo actual. Así
lo que necesita cada quien, en cualquier sociedad, depende del papel que cada
cual juega en la producción, porque esto es lo que determina lo que cada uno
recibe a la hora de la distribución de los producido, determinado por las leyes
económicas dominantes. Mas sin embargo, la ideología dominante, de por sí, es
la de la clase dominante y ahora con los medios de comunicación masiva que
permiten que ampliamente se manipule a la población manipulando a su vez la
información, este hecho es más que determinante y así tenemos que, por ejemplo,
al tener sed en vez de necesitar agua para calmarla el individuo siente
que necesita algún refresco de fábrica, porque “sólo los animales beben agua”,
cualquiera “tiene un Jetta, aunque sea en la cabeza”, etc. y si lo llevamos
hasta abarcar toda la vida social las necesidades impuestas a todos y cada uno
son de lo más discordante, un pobre empleado necesita automóvil o “casa con
jardín” o cosas más descabelladas, porque, si no los logra, resulta que es “un
fracasado” y el mundo es de los triunfadores. Esto
explicaría en cierto sentido la enajenación en cuanto a lo que cada quien
califica como necesario y si le es muy necesario, de hecho, indispensable, hará
lo que sea para lograrlo. Y esto es válido si no se pasan los límites del
respeto a la misma vida, porque el atentar contra ella, se está atentando
contra uno mismo. Por necesidad se tiene que trabajar en cosas que no nos
agradan, porque la paga nos permite alcanzar aquello tan caro para uno, pero si
el trabajo consiste en atentar contra la vida y se acepta, se está yendo más
allá de lo permisible porque, así como se acepta atentar contra la vida de
otros, otros podrán también atentar contra la nuestra y así estamos, querámoslo
o no, participando en la destrucción de la más elemental convivencia. Esto es
lo que hacen los sicarios y también el torturador. Es
deshonesto argüir que se tortura porque ese el trabajo que se tiene que
desmpeñar, porque no se está “dando pocito” a un costal de papas, sino a un
semejante, a un humano que bien puede ser él mismo, o su hijo, o su hermano o
quien sea, pero humano, y si se cosifica al humano se está perdiendo
todo respeto a todo, porque no respetar al semejante es ser peor que bestia,
porque éstas, aunque sea por temor, se le retira aunque no lo respete, pero no
le hace daño y cuando lo daña es porque la bestia en ese caso es superior al
humano. Pero el torturador es igual al otro y sólo la represión lo hace
superior al torturado, pero esta superioridad realmente no es tal, sino que es
un flagrante abuso y quien abusa, así sea obedeciendo órdenes no deja de ser el
que abusa y, por lo mismo, es tan responsable como quien lo manda. Si se
obedece como si se fuera máquina que ejecuta órdenes se está renunciando a la
calidad humana y si, por voluntad propia se renuncia a esa calidad para
convertirse en máquina, entonces deben estar en el depósito de los fierros y no
en la sociedad y peor cuando vemos que el torturador se ufana por “hacer lo
mejor posible su trabajo”, en este caso estamos en el colmo de la degradación
humana por decisión propia. Tan
responsable de la tortura son los que la ordenan como los que la ejecutan,
aunque aquellos sean los ricos y éstos sean unos pobres muertos de hambre, pero
su calidad de jodidos no les quieta lo hijo del excremento ni los exime de su
responsabilidad, igual que a sus amos, porque tanto peca el que mata la vaca
como el que le alza la pata. |