Artículo publicados en el diario Síntesis por: Miguel Santiago Reyes Hernández Para
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Publicado en Síntesis el 1 de Noviembre del 2001 YOHUALA TONALTZIN El DIEGO SE HACE EL CIEGO Camilo Estrada Luviano Si no fuéramos mexicanos podríamos sorprendernos de la apasionada defensa que ha hecho el senador Diego Fernández de Cevallos de las instituciones nacionales porque a ¿qué viene tanta pasión? Si las instituciones funcionan como debe ser y cumplen con el papel que les asignan las leyes nacionales, entonces quien hable mal de ellas, pues simplemente sería un desorientado a quien habría que darle los buenos consejos pertinentes y no hacía falta que el que se siente Maximiliano de Habsburgo y que no murió en el Cerro de las Campanas, pero que tiene sus negocios y tierras muy cerquita por ahí, posiblemente para que no le gane la nostalgia y no llegue a la depresión, porque el que se deprime, puede, en algunos casos, llegar al suicidio y muchos currutacos, tanto de viejo como de nuevo cuño, necesitan de su enjundia para defender sus intereses, perdón, su gran amor por la patria que no es bien entendido por la chusma ignorante de baja estofa. Una bola de hipocritones, tanto en la Cámara de Diputados y más en la de Senadores, condenaron e incluso guardaron un minuto de silencio en memoria de Digna Ochoa y Plácido. Y digo que fue una bola de hipocritones, porque con excepción de algunos de los personajes reunidos en las sesiones correspondientes de ambas cámaras que de verdad han luchado defendiendo los derechos humanos, a la gran, a la inmensa mayoría, éstos les han importado un cuerno y, ahora que la opinión internacional, incluyendo a los asesinos del gobierno yanqui, ha manifestado su repudio a tan infausto, cruel y perverso crimen, estos señores que ostentan la vestidura de representantes, bien del pueblo o de las entidades federativas, se rasgan las vestiduras y también lo condenan. ¡Qué autoridad moral pueden tener los priístas para hacerlo, reitero, con honrosas excepciones, si en los largos años que ese partido gobernó lo que más se hizo fue violar los derechos humanos en franco reto a la vergüenza que todo país debe tener! Y los panistas, son un partido que los vivales de los “Amigos de Fox” utilizaron para llevar a éste, cuan representante del gran capital que es, a la presidencia de la república, pero el rollo sigue siendo el mismo, la amenaza y el acoso a los organismos de los defensores de los derechos humanos no ha cesado. Sencillamente del 2 de febrero de 2000 a la fecha, el periódico Reforma (30/X/01) documenta diez que son “algunas de las amenazas que han recibido organismos civiles y defensores de derechos humanos”, es decir no son todas. Además el mismo Fush, perdón, Fox, ha dicho que el asesinato de Digna Ochoa es uno de tantos de los que se cometen en la ciudad de México, como si en la ciudad capital a diario se asesinara a gente que defiende a los que han sido víctimas de los abusos del ejército y de las policías federales. ¡Ah!, pero Diego Fernández de Cevallos truena contra aquellos que difaman a tan prístinas instituciones, como si el pueblo no las conociera y como si nadie hubiera sufrido sus abusos y hasta atracos. No se vale abusar de que ocupa una curul por lo que, entre paréntesis, se le paga mucho más que bien, para echar rayos y centellas a diestra y siniestra contra los que no son de su caterva y defender a capa y espada a un procurador que era precisamente el procurador militar cuando fueron detenidos, torturados y que hasta la fecha siguen encarcelados, los campesinos ecologistas guerrerenses, Teodoro Cabrera y Rodolfo Montiel de los cuales Digna Ochoa llevaba su defensa. Igualmente el Procurador General de la República ya ocupaba ese mismo puesto cuando se fabricó el asunto ese de los petardos de Banamex y casi de inmediato aprehenden y recluyen nada menos que en Almoloya, ahora rebautizada La Palma, como si el cambiarle el nombre se le cambiara la esencia, a unos universitarios cuya defensa también llevaba Digna Ochoa. ¡Y a este crimen, nuestro muy bien informado presidente lo califica como uno mas de los que suceden en la ciudad! ¡Y Don Digo no quiere que nadie sospeche nada de lo obvio, nomás porque él así opina! ¡Que ordene en su casa, para que vea si por lo menos allí le hacen caso, pero que truene contra los que no pensamos como él... bueno, pues que siga tronando, quizá algún día, Dios lo quiera, también truene el! |