Artículo publicados en el diario Síntesis por: Miguel Santiago Reyes Hernández Para
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Publicado en Síntesis el 19 de Septiembre del 2001 OTLAIMANTIC PATRIOTISMO
MANCILLADO Camilo Estrada Luviano Todos tenemos un amor colectivo que es el más grande de todos los
amores propios, el amor a la patria; aunque tal amor puede no ser a un preciso
y delimitado territorio, sino a toda una porción mayor e inclusive puede que
sea a toda la tierra, como madre primigenia de todos nosotros; sin embargo cada
quien identifica algo como nuestra patria y el amor a ella siempre es merecedor
del respeto de todos, aunque la patria a la que se profese tal amor no sea la
propia. Claro, hay que distinguir el amor a la patria del patrioterismo, éste
es un alarde falso, hipócrita, en una palabra, deshonesto, de aquél y es
precisamente el patrioterismo, disfrazado de patriotismo, el que frecuentemente
es utilizado para encubrir algo o desviar la atención de lo que verdaderamente
se persigue. Esto viene a cuento por lo que está pasando en los Estados Unidos
después de que fueron atacadas, con aviones civiles secuestrados en aeropuertos
civiles de los mismos Estados Unidos, donde de inmediato, sospechosamente los
medios de mediatización, perdón, de comunicación, se echaron a vuelo con el
cuento de que los Estados Unidos fueron atacados, cuando lo que fue atacado
fueron dos edificios en Nueva York y el Pentágono, nido, perdón, centro de la
defensa del país sobre el cual lanzaron también un avión civil igualmente
secuestrado en un aeropuerto civil de los mismos Estados Unidos. Y todo esto
sucedió habiendo fallado todo el infernal sistema y aparato de seguridad
nacional de la primera potencia del mundo y que, por lo mismo, debe tener el mejor
sistema y el mejor aparato de seguridad nacional. Y pretenden que les creamos
que fueron atacados. Atacados ¿por quién?. Por el enemigo, vociferan los
Garraldas, Alatorres, Lolitosayalas, Rosamaríasdecastro y otros más especímenes
gringos, nada más que el enemigo no se ve por ningún lado, la macabra y
tenebrosa Moscú dejó de ser tal y ahora es hasta de religión católica ortodoxa
y los “rojos” como que se ven más bien verdes, por eso de la ecología, o,
cuando mucho, color de rosa, como para poder culparlos de algo; entonces
precisa desgañitarse para denunciar que la patria está siendo atacada, que se
encuentra bajo ataque, quien sabe de quién, pero bajo ataque, y que hay que
estar unidos contra el enemigo, ¿cuál enemigo?, un enemigo invisible, que por
lo pronto le han puesto el nombre de terrorismo y que por lo tanto se encuentra en
cualquier lado, claro, menos en los mismos Estados Unidos, los buenos no pueden
ser terroristas, ellos son “americanos”, los buenos del mundo, los que llevan
la democracia a todos lados. No dicen cómo llevan su democracia, ni en qué consiste ella, ni
la secuela de miseria y miles de muertos, entre soldados y civiles, que
ocasiona, sino solamente dicen que ellos son la encarnación del bien y que la
bandera de 13 barras y 50 estrellas, hasta hoy, es el símbolo de la libertad y
la democracia. Democracia donde se hace lo que los dueños del gran capital
dicen y libertad para ser esclavos de los yanquis. Con este cuento del bien absoluto y de la libertad y la democracia a lo
gringo es como el gobierno estadounidense le ve la cara a su propio pueblo y lo
hace aparecer ante como una bola de bobalicones, pero eso qué importa si los
intereses de los pulpos mayores, los multimillonarios de las transnacionales,
se garantizan por lo pronto y se afianzan a futuro. Con esto, el patriotismo
del ciudadano común y corriente de los Estados Unidos es mancillado por los que
se dicen que son sus representantes. Pero esto es de lo menos que hay que
esperar de ellos que son capaces de masacrarlos con las mismas tropas que
masacraron a los panameños. Así que no es de sorprenderse que sean ellos mismos
los que hayan ocasionado tanto dolor a los neoyorquinos y que los hagan comprar
masivamente banderitas y que prendan veladoras y proclamen que “América está
unida”, cuando los que están unidos son los multimillonarios en contra de todo
el mundo, incluso hasta en contra de su propio pueblo. Pero no olvidemos que
fue el propio pueblo estadounidense fue factor decisivo para que los
vietnamitas pudieran expulsar de su país a las tropas yanquis invasoras. La
historia puede repetirse para tristeza del canciller mexicano, Jorge G.
Castañeda, que piensa en inglés y que anhela que México sea unas cuantas
estrellitas más en el recuadro estrellado de la bandera yanqui. |