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Camilo Estrada Luviano

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Publicado en Síntesis el 27 de Noviembre del 2001

YOHUALA  TONALTZIN

 

 

 

MUY  CONSECUENTES

Camilo Estrada Luviano

 

Los individuos que ahora se autodenominan revolucionarios democráticos y que empezaron a autollamarse así desde los días en que empezaron en  la prensa a publicarse zarandajas, tales como la modernidad, el fin de la historia,  la postmodernidad, la modernidad reflexiva, la tercera vía, la globalización y otras sandeces más, todas aderezadas con la palabrita, ahora santa y mágica, de democracia que siempre han buscado justificar la fase imperialista del modo de producción capitalista.

Toda la propaganda imperialista cuando se refiere a los países capitalistas no los llaman capitalistas, sino siempre dicen “los países democráticos”, como si capitalismo fuera sinónimo de democracia y ellos tienen derecho a pensar eso y a pregonarlo a los, no cuatro, sino mil vientos, pero quienes se dicen revolucionarios afanarse tanto para que también los cataloguen como tales responde a una posición ideológica nada clara, porque el ser revolucionario no es sinónimo de no ser democrático, simplemente se es democrático en otra escala de valores. Pretender ser democrático en el sentido burgués es aceptar que existe una democracia sin adjetivos y esto, a su vez, significa renegar e incluso traicionar el principio del conocimiento científico ya que se acepta la no-existencia de las clases sociales. Los capitalistas niegan que existan, porque si lo aceptaran tendrían forzosamente que llegar a aceptar que ellos son los explotadores de los trabajadores en general y de los obreros en particular y no hay mejor forma de no aceptar algo que negar que existe. Pero un revolucionario, por principio, no puede asumir esta actitud, él está obligado a hacer siempre un análisis objetivo de todo y, en su quehacer político, está obligado a que el análisis de las condiciones de vida de los trabajadores y de la correlación de fuerzas existente en la sociedad sea no sólo objetivo, sino lo más preciso posible, para determinar y normar su acción. Pero si acepta el manejo burgués de los conceptos, ineludiblemente, llegará a conclusiones como a las que llegaría la burguesía a la que, supuestamente, debe combatir. La democracia es una serie de normas que permiten que los grupos sociales planteen, cuestionen e incluso luchen, siempre y cuando no se salgan de los acotamientos que le marca la clase dominante; en el caso de los países capitalistas, como el nuestro, siempre y cuando no se salgan de los marcos que los capitalistas marcan.

Mas como México, en cuanto realidad socioeconómica, tiene muchos y varios rezagos tanto sociales como económicos para con grandes grupos de la población se llega al absurdo de que ni la propia burguesía y compinches cumplen con la legislación que ellos mismos han impuesto al país y esto, obviamente, es un campo muy extenso de lucha política, para exigir que por lo menos se cumpla lo que está legislado. Pero tal lucha no significa que se estén defendiendo los intereses de los trabajadores, sino más bien que se está exigiendo que aquellos grupos que no cumplen con la legislación necesaria para la buena marcha y el buen desarrollo del capitalismo cumplan, en otras palabras, se está luchado por lo que necesitan los capitalistas como clase y si esto es lo que hacen los revolucionarios democráticos, serán muy democráticos para los burgueses, pero de revolucionarios no tienen nada, porque un revolucionario no es aquel que sólo lucha, éste, cuando mucho, sería un rebelde, pero ser rebelde no es sinónimo de ser un defensor de los derechos de la clase obrera y los campesinos e indios, pues rebeldes son también, por ejemplo, los narcotraficantes, pero éstos nunca serán revolucionarios. Un revolucionario es, en el siglo actual, quien lucha en contra del sistema en el cual el hombre explota al hombre y no el que sólo defiende el estado de derecho burgués. El exigir el respeto al estado de derecho en un país capitalista es revolucionario solamente si se acompaña de otros planteamientos que posibiliten la toma del poder por la clase de los desposeídos, lo que significa que dicha lucha no sólo es necesaria, sino que debe darse, pero esta sola no es suficiente, sino que debe ir siempre acompañada de otras luchas que permitan a las clases dominadas irse posicionándose en el duro bregar lucha contra la explotación y la opresión en general.

Los “revolucionarios democráticos”, en tanto que sólo luchan por el respeto al estado de derecho, están, quiéranlo o no, luchando como cualquier burgués consecuente, pero nada más.

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