Artículo publicados en el diario Síntesis por: Miguel Santiago Reyes Hernández Para
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Publicado en Síntesis el 10 de Septiembre del 2001 OTLAIMANTIC NO SE VALE Camilo Estrada Luviano El
ser Presidente de la República significa que se es el titular de uno de los
tres poderes de la Unión, pero sólo de uno, ni siquiera de los tres, mucho
menos significa que se puede estar soltando palabras como si fueran chorros de
agua, máxime cuando éstas, en ocasiones son como agua turbia y con harta
frecuencia es verdadero lodo. Vicente Fox y Quesada siente que ser presidente
le da impunidad para decir cuanta sandez se le ocurra y, lo peor, está convencido
de que los mexicanos debemos creerle, como si fuéramos sus súbditos y él no
fuera sólo un simple presidente, no un simple monarca, por mucho que sienta que
tiene sangre azul; así en su primer informe de gobierno, en el cual no informó
nada, porque no hay nada de que informar, más que cosas negativas y de eso, es
obvio que no iba a hablar; en ese primer informe de marras se avienta la
puntada de decir: “Estamos reestructurando un sistema y ello genera reacciones
que no son sino expresión natural de la pluralidad política; no obstante, hoy
menos que nunca se justifica acudir a la violencia para luchar por una causa
política o social”. Estas
parecen palabras de un payo no de un Presidente de la República, porque a quién
quiere engañar con eso de que está reestructurando un sistema. ¿Cuál sistema
está siendo reestructurado?, si es el que ha existido en el país desde que
inició el camino del desarrollo capitalista, más o menos en paz, éste es el
sistema capitalista y él sigue según sus propias leyes de desarrollo. Que esté
cambiando de lugar a algunos personeros, eso no es reestructuración, sino
reacomodo, reasignación en cierta medida de los mayores beneficiarios del
trabajo no pagado a los trabajadores, es decir, de la explotación a la que es
sometida la inmensa mayoría de los mexicanos. Que esto ocasione reacciones es
lo menos, ¿qué esperaba?, de que alguien que sea uno de los “grandes gargantas”
pase a ser uno con la misma garganta, pero que ahora tiene que pedir permiso o
medio rendir cuentas no es lo mismo, y lo más natural es que brinque o por lo
menos grite. Pero
de eso a pasar a decir que “hoy menos que nunca se justifica acudir a la
violencia para luchar por una causa política o social” es, francamente,
faltarle el respeto no sólo a los que se dirige, porque los considera cretinos,
sino faltarse el respeto él mismo, porque no se vale hacer tales malabarismos
con las palabras para justificar algo de lo que, seguramente, muy pronto nos
enteraremos, porque no es lo mismo que los desplazados de puestos burocráticos
o los un poco menoscabados en sus cotos caciquiles reaccionen a que reaccionen
los que se están muriendo de hambre y que cada día aumenta su número y por ende
aumentan las regiones geográficas donde se enseñorea la pobreza y se solaza la
miseria. Al mexican cowboy se le olvida que ya no es simplemente Vicente
Fox y Quesada, sino que él es el Presidente de la República y por lo mismo debe
tenerle un profundo respeto a su investidura. Un Presidente de la República no
puede hablar como la señora que está formada en la cola para comprar tortillas. Y
no es una casualidad que diga “una causa política o social”. Él debe saber
bien, porque por lo menos cursó la licenciatura en la Universidad
Iberoamericana, que todo lo que se refiera al ser humano es social y por lo
mismo político, pero hay de política a política; no es la misma política la que
realizan los terratenientes, caciques y otras sanguijuelas de la misma calaña
que la que realizan los hácelotodo, los véndelotodo, los cómelotodo, como dijo
el inolvidable, injustamente asesinado Roque Dalton, y Fox, le hace al tío Lolo
tratando de dar gato por liebre y eso que lo haga un estudiante de preparatorio
pasa, pero que lo haga el Presidente de la República frente al Congreso de la
Unión y en presencia del Presidente de la Suprema Corte de Justicia, simple y
sencillamente no se vale. Señor
Santiago Creel, no que se iba a hacer valer la ley sea quien fuere y sin
distingos. Sea consecuente, el presidente no por ser tal tiene derecho de
faltarle el respeto a los representantes de los otros poderes iguales al de él,
como tampoco tiene el derecho de tratar de engañar a toda la nación. |