(Leer
antes “La muerte del señor Smith”)
El día 4-5-06
en Madrid llego una carta a la policía local:
Policía, envió
esta carta para que observen lo que es capaz de hacer un maniático
del medio ambiente cuando no se respeta el ozono. El otro día contemple
como un empleado de una de las empresas contra el tabaco de Madrid (Empresa
a la que yo aporte gran cantidad de dinero, para que acabara con el tabaco
en Madrid) fumaba ante la puerta de la empresa, mientras ensuciaba el
hermoso parque que la rodeaba. Fue tanta mi ira que decidí eliminar
a ese horrible ser, pero solo había un problema ¿Cómo
hacerlo?, ahí comenzó mi plan.
Me senté en un banco del parque que se encuentra en el parque de
al lado de la dichosa empresa y observado al individuo dibujé un
boceto de él en una libreta, una vez acabado el boceto, espere
aguantando mi rabia que subiera a algún coche, y al acabar el cigarrillo
lo tiró al suelo lo pisó y se dirigió a uno de los
coches del garaje de la empresa; cada vez era mayor mi ira contra ese
ser, para mi sorpresa no monto en un coche, montó en una motocicleta,
una motocicleta negra, que parecía estropeada, ya que no paraba
de echar humo negro por el tubo de escape, una motocicleta especialmente
contaminante.
Señores al ver esto no echaba humo por las orejas por el simple
hecho de no ensuciar mas la capa de ozono, creo que ya se pueden ir haciendo
a la idea de el odio que le estaba cogiendo a ese hombre. Apunté
la matricula de la motocicleta y contemple que se dirigía, a la
Elipa, había mucho trafico así que pensé que yo llegaría
antes de el a el barrio, y así fue. Esperé la llegada de
la victima apoyado en una farola, observé como llegaba con su motocicleta,
la aparcaba en un garaje se bajaba y entraba en un edificio, lo seguí
, por suerte en aquel edificio vivía un amigo mío y conseguí
entrar llamando al fono de su piso, miré el marcador del ascensor
del edificio… 1 …2 …3, se paro en el pisó tres,
subí por las escaleras rápidamente hasta ese piso y llegue
justo a tiempo para ver como la puerta del “3º A” se
cerraba ante mis narices, perfecto. Ya sabía donde vivía,
su cara y el vehículo que utilizaba. La siguiente fase era sencilla,
me dirigí a una farmacia y compré todo tipo de medicamentos,
los mezclé para conseguir un producto tan nocivo que podría
matar a una persona, esperé a la noche y cuando esta llegó
lo primero que hice fue inutilizar la motocicleta de la victima, después
subí hasta el tercer piso y forcé con cuidado la cerradura
del “3º A” y contemplé la casa más desordenada
que se podía tener, la ordene y cogí todas sus pertenecías,
después me fui con todas sus cosas a mi casa.
Allí elabore con su bizcocho y mi antídoto, el arma de el
crimen, me acosté y esperé al siguiente día. Nada
más sonar mi despertador me dirigí con mi coche a el edificio,
contemplé como el señor salía confuso de su casa
y se dirigía al trabajo a pie, me bajé de mi coche descargué
las cosas de mi maletero subí a su casa volví a forzar la
cerradura y dejé todo como lo encontré, salí de la
casa y me despedía para siempre del señor Smith.
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