La muerte del señor smith

   

Situémonos en Madrid en el tercer piso de un edificio de la Elipa, allí vivía el señor Smith. Estaba solo y confuso, se había separado hace unos días y tenia su pequeño piso desastroso, como un vertedero: El sofá se podía considerar el armario, ya que bajo cada cojín se encontraba una de sus prendas de vestir, y quien dice que alguna vez encontró el mando de la tele en el microondas, el lo encontraba en cambio incrustado en un bizcocho.
Así era con todo, sucio y desordenado, el señor Smith, se levantaba cada mañana y preparaba su monótono desayuno compuesto de pastillas para la tensión, para la cabeza y para múltiples síntomas que sufría, un bizcocho y un paquete de galletas, compradas siempre en la misma tienda a la misma hora y de la misma marca. Después de desayunar se tomaba uno de sus cuatro paquetes de cigarrillos diarios y salía hacia su trabajo en su vieja motocicleta.
El señor Smith trabajaba en una empresa contra el tabaco, lo cual era difícil de llevar para él, ya que estaba obsesionado con el tabaco. Ese día fue como todos los otros, cansino y rutinario, pero…
Había algo diferente, ahora estaba solo.
El siguiente día fue muy diferente al anterior, cuando se levanto, se dio cuenta de que todo estaba ordenado, el desorden habitual había desaparecido. A cualquier persona normal le habría gustado ver esto pero el señor Smith como estaréis viendo no era una persona normal, se levanto y se dirigió al sofá para vestirse como el resto de los días mientras pensaba que podía haber pasado, pero al levantar el primer cojín vio que allí no estaba su ropa, continuo con el segundo y con el tercero pero fue un esfuerzo vano, su ropa había desaparecido, se dirigió después hacia el microondas para coger uno de los trozos de bizcocho que allí guardaba, pero tampoco estaba allí. ¿Qué estaba pasando? Se preguntaba el señor Smith siguió buscando cosas por la casa y descubrió que también había desaparecido su reserva de cajetillas de tabaco, su paquete de galletas… todo había desaparecido, todo. Bajó sin desayunar al garaje donde guardaba su motocicleta con la que se transportaba y cuando fue a arrancarla vio que estaba estropeada, tendría que ir a el trabajo en un taxi o autobús, pero eso no era posible porque guardabas sus pocas reservas de dinero en uno de los calcetines que a su vez estaban guardados bajo uno de los cojines del sofá, así que no le quedaba, mas remedio que ir andando. Y así lo hizo despeinado y sin desayunar el señor Smith se dirigió hacia el trabajo desolado, cruzó la gasolinera, la panadería, el quiosco, la estación de autobuses, y el ayuntamiento, hasta situarse por fin frente al edificio del trabajo, lo había logrado había conseguido llegar justo a tiempo, se apresuro hacia la puerta y vio un cartel en el que ponía “Cerrado”, fue solo entonces cuando recordó que era domingo, y volvió sobre sus pasos cruzando por el ayuntamiento, la estación de autobuses, el quiosco, la panadería, la gasolinera, para situarse de nuevo frente al edificio en el que vivía, subió por las escaleras hasta el tercer piso y entró en su casa. Para su asombro, todo estaba como antes, ¡Todo estaba desordenado! Recorrió toda la casa contemplando su magnifico desorden, miró en los calcetines bajo el segundo cojín del sofá y contempló que estaban sus ahorros, entonces dijo con alegría, “A desayunar”.
Tomó sus pastillas, sus galletas y su bizcocho, después ya que era domingo se sentó en el sofá cogió uno de sus cigarrillos y comenzó a fumar mientras veía la tele, poco a poco comenzó a sentirse mal, se mareaba, pensó que podrían ser efectos del tabaco así que dejo el cigarrillo sobre la mesa y abrió la ventana de par en par para que el cuarto se aireara, después pensó que la tele le podía estar mareando así que la apago, pero ninguno de estos dos hechos dieron resultado, al cabo de dos horas estaba muerto, muerto en el sofá, se lo encontraron los vecinos. La policía pensó que el señor Smith murió por el tabaco, otros pensaban que se había suicidado a base de esas pastillas que tomaba, otros simplemente preguntaban “¿Quién es el señor Smith?” pero la verdadera causa de la muerte del señor Smith no la sabe nadie, NADIE..

   
por: Luis Sánchez Barranquero    

 

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