"Pero la verdad es que no sólo queremos tanto a Julio por los momentos espléndidos que su pluma nos ha hecho pasar por su calidez personal, o por la sencillez -inteligencia- humor de su conversación. Lo queremos también por su compromiso, por su adhesión a la lucha de los pueblos que buscan liberarse, por su consecuencia, porque ni el éxito ni la celebridad, con todos sus cantos de sirena, han podido nunca arrebatar ni doblegar su conciencia. Lo queremos porque no es fama, sino cronopio"

Poli Délano.

 

¿Encontraré a la Maga? Hiciste con nosotros algo que no se hace, nos mostraste la mujer ideal. Después de eso todos buscamos a la Maga en Paris o en Sarandieu, haciendo huevos fritos, escuchando a Charlie Parker, haciendo el amor en una cama rodeada de libros, plumas de gallina, un perro, ollas sucias, decenas de vasos con puchos apagados, un tratado sin abrir de Masters y Jonhson. ¿Encontraré a la Maga? Vos nos dijiste Julio que podíamos encontrarla, no buscarla, que la Maga iba a aparecer sin necesidad de una cita, que la misteriosa ecología de la ciudad iba a juntarnos. Por tu culpa, Julio, las parejas salen separadas a encontrarse, la ciudad está cubierta de personas con aire desconcentrado que cabecean como un boxeador después de un golpe, que espían en las esquinas buscando a ella... Te metiste en la vida, no pasa un solo embotellamiento en que no recuerde la autopista del sur; frente a cualquier discusión, particularmente las discusiones tontas, la memoria me dicta elecciones insólitas... ¿Te acordás? A uno le piden que elija y le dan un calentador Primus, una banana, una rubia de costumbres elásticas... Para desconcierto de la población y del obispo local nos quedamos con la banana. Me aterra tu posibilidad de vomitar conejitos a la mañana: Julio, ya es suficiente que a la mañana el sueño duele en los ojos o el meo se resista a salir. No puedo perdonarte lo de los conejitos. Tampoco lo del límite. Yo vivía tranquilo imaginando esa pared, no tenías que decirme que la pared era una soga que se podía saltar, en ese ring los contornos se pierden, la conciencia se pierde. Vivíamos tranquilos en nuestro metro cuadrado hasta que apareciste. “El hombre más alto del mundo” como escribió alguna vez García Márquez, con los ojos separados como los de un novillo, el brazo en alto señalando hacia allá, hacia allá, a la conciencia, a la soga, a lo extraordinario, lo extraordinario saltándonos encima como un gato, al miedo y a la risa, Julio, Julio... Es natural que interpretes esto como un reproche. Yo quería ser feliz, hacer asados, mirar como despegan los aviones en el aeroparque, no necesitar a la Maga, no plantearme si quiera si la vida tiene más de una dirección: tiene una sola, y es el futuro, no hay dos futuros, hay el mío, no hay conejitos en la garganta, no hay instrucciones para subir una escalera. Yo quería ser feliz, imaginarme hasta acá, no hasta allá, no a donde nunca podré llegar, sacudirme la libertad como una araña del pantalón. Tirarme la araña a la cabeza, eso hiciste. Pelo de araña, mi cabeza se mueve lentamente, nunca sé en que puede terminar, volverme cursi y niño, abrirme a la confusión. Te  imagino cada vez que miro por la ventana, o por un tunel o por un ojal, sé de memoria que puedes estar en cualquier sitio, ahora mismo cagándote de risa.

 

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Ah, y la mirada hacia abajo (sólo los niños, a veces...), la espera desesperanzada, el arrastrarse de un presente...

el hambre sin forma llenando el aire y un tiempo que se prolongarán hasta quien sabe, la esquina, el hospital, grande es el mundo de los pobres, muchas las piedras donde sentarse gratis

 

Pero claro, muchacha, solamente que mañana es una palabra oscura, una tableta mántica, un vuelo de aves que se desvanece en el poniente antes de que augur descifre su moviente código...

 

Sospechoso, extranjero, bien vestido, hasta el final me seguirán miradas que concentran toda la sal, el viento, las osamentas del altiplano (...) un muerto anónimo que viaja como una concreción de tantos horribles recuerdos escondidos en esas caras vueltas hacia adentro, huelgas acabadas a palos, guerrillas liquidadas a punta de ametralladora, y detrás y adelante el hambre, el silencio, la incomunicación, indios y blancos, peruanos de hecho y peruanos de derecho, América Latina. Y entonces cuando ya voy a bajarme, los ojos de ese chico entrándome como un mensaje sin palabras, yo que empecé este viaje contra ellas, buscando la manera de que escribir fuese otra cosa. Cómo pudo quedarse así frente a tu cámara, Manja, cuánta desesperanza lo habitaba para encararte así con ojos de vidrio y esa boca apretada en torno al silencio, esa piel castigada por inclemencias y bofetadas...

habría que perder tantas cosas para ganar esa sonrisa que se abre paso desde la noche, desde esas otras caras donde interminablemente habita la espera; perder tantas cosas, aquí y ahora, para que ese asomo de sonrisa pueda entrar la de lleno en realidad, ser el Perú y el mundo.

Alto el Perú. Julio Cortázar y Manja Offerhaus.

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la locura merece ser elogiada cuando la razón, esa razón que tanto enorgullece al Occidente, se rompe los dientes contra una realidad que no se deja ni se dejará atrapar jamás por las frías armas de la lógica, la ciencia pura y la tecnología...

sigamos siendo locos, madres y abuelitas de la Plaza de Mayo, gentes de pluma y de palabra, exiliadas de dentro y de fuera. Sigamos siendo locos, argentinos: no hay otra manera de acabar con esa razón que vocifera sus slogans de orden, disciplina y patriotismo. Sigamos lanzando las palomas de la verdadera patria a los cielos de nuestra tierra y de todo el mundo.

Una crítica profunda de nuestra naturaleza, de nuestra manera de pensar, de sentir y de vivir, es la única posibilidad que tenemos de devolverle al habla su sentido más alto, limpiar esas palablas que tanto usamos sin acaso vivirlas desde adentro, sin practicarlas auténticamente desde adentro, sin ser responsables de cada una de ellas desde lo más hondo de nuestro ser. Sólo así esos términos alcanzarán la fuerza que exigimos en ellos, sólo así serán nuestros y solamente nuestros... Sólo así lograremos que el futuro responda a nuestra esperanza y a nuestra acción, porque la historia es el hombre y se hace a su imagen y a su palabra.

Pero los que escribimos hoy con un sentimiento de participación activa en lo que nos rodea, eso que algunos llamarán compromiso y otros ideología, y que yo prefiero llamar responsabilidad frente a nuestros pueblos, esos escritores no pueden ni quieren hablar solamente de libros sino de lo que está ocurriendo antes, durante y después de los libros en cualquiera de nuestros países.

Argentina: años de alambradas culturales. Julio Cortázar 

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No logro, no hay caso,  no me sale bien, no termino de entender el mundo. Quiero decir, no es un problema de realidades metafísicas. Es un problema de demasiada miseria y descomposición.

 

Ustedes los jóvenes (...)piensan que andan en camisa o tricota les ayuda a destruir la sociedad.

 

Ya ves que tu elección no quería cambiar nada profundo, era y es un juego lujoso, una exploración alrededor de una palangana, una figura de danza y otra vez de pie en el mismo sitio. Pero en cada salto has roto algún espejo, y ahora salís con que ni siquiera estás seguro de los rompés por cambiar algo.

 

...y lo triste es que muchachos macanudos como los que sabés se harán matar o matarán a otros sin haber mirado antes de verdad la cara que les propone el espejo de cada mañana. Ya sé, ya sé, te veo venir, no se puede pretender que todo el mundo empiece por conocerse a lo Sócrates antes de salir a la calle y empezar a las patadas con la sociedad podrida...

El informe señala que la tortura se aplica en general de manera científica (qué prostitución el idioma de los diarios (...) confunden cancha o técnica con ciencia, esa pobre palabra está recibiendo toda la mierda que en el fondo se merece cuando olvida que está para hacer algo digno de nosotros y no para robotizarnos...

 

...mi hermoso mundo mil novecientos setenta tan horrible para millones de hombres como me lo enseñan las noticias de los diarios. La vieja camarada pone su cara contra la mía, sabe que estoy enfermo de estar sano en un mundo de enfermos...

Libro de Manuel. Julio Cortázar

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 ...esa responsabilidad supone la esperanza; es ésta quien hace entrar en acción a la responsabilidad que lleva a la lucha para impedir que 1984 pueda cumplirse en cualquier otro año del siglo.

...a todos los que miran hacía adelante y saben que siempre, en algún lugar de la visión, hay un niño que espera y que confía.

...y esa masa que de día en día y paso a paso ha empezado a descubrir que la vida no es sólo sobrevivir, que el trabajo no tiene por qué terminar en el espeso sueño de cada noche, y que pensar es mucho más que dar vueltas en la cabeza a las ideas recibidas, los atavismos y los prejuicios.

 

...Se diría que un cinismo helado gana terreno día a día en los pueblos y en los gobiernos. Nunca hubiera tenido el coraje de decir esto si no viera diariamente cómo, frente a la posibilidad de analizar o juzgar los hechos sobre los cuales existe un máximo de información, el hombre medio pliega el diario y decide olvidarse de lo que acaba de leer. ¿Para qué sirven al fin de cuentas la orgullosa prensa mundial, la televisión y la radio? Nicaragua está sola, más sola que nunca; rodeada de hienas y de lobos defendiéndose en una soledad que ninguna palabrería diplomática puede ya disimular.

 

...Somos muchos los que seguiremos abriéndonos paso en la indiferencia; como tantas otras veces en la historia, sabemos que en algún momento las manos empezarán a tenderse, las palabras se volverán verdad y vida.

Nicaragua, tan violentamente dulce. Julio Cortázar

 

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Este es el momento de mi espectáculo en el que yo preparo mi pañuelo, y preparo mi pañuelo porque voy a hablar de un amigo muy querido con el que ya no puedo conversar porque se fue a vivir a otra galaxia y supongo que debe andar por ahí escribiendo instrucciones para subir a una estrella. Este amigo mío tiene la costumbre de aparecerse en sueños de golpe y de golpe así como aparece se va, sin darme tiempo a nada, pero siempre saben? en cada uno de esos sueños me deja el mismo mensaje: escríbime Susana, escríbeme, contame. Y yo le escribo, le escribo cartas larguísimas como estas que dejo en el viento, porque solo el viento conoce la casa donde sigue viviendo este argentino tan nuestro que no podía pronunciar las erres, ese maravilloso Julio, ese irrepetible Cortázar.

Querido Julio, como sé que te gustaban mucho esos vendedores ambulantes, divinos maquinadores que te vendían un pelapapas que una vez comprado no pelaba ninguna papa y no servían para nada, esos vendedores ambulantes que hacían muñequitos de papel que manejaban con hilitos invisibles hasta darles vida, aquellos divinos maquinadores, Julio querido, ya no están, han sido reemplazados por otros vendedores. Sabés lo que venden, Julio, a qué no sabes? Venden plantillas pinchudas importadas de la China, según ellos si usase esas plantillas y caminase cien cuadras por día adelgazas, eso no es todo, también venden pajaritos de felpa importados de Japón y una pomada mágica que quita los dolores, todos los dolores, y la pomada tiene una extraña inscripción que asegura que viene directamente del Tibet. Horroroso, Julio te cuento que es horroroso. Los divinos maquinadores que tantas alegrías nos dieron a vos y a todos los argentinos ya no son vendedores ambulantes, siguen vendiendo pero ahora tiene sitio fijo, despacho con alfombras, salen en televisión, salen en las tapas de algunas revistas, y ya no son pobres ahora son ricos y famosos (…) la gente esta demasiado apurada. Te acordás de ese tango que te gustaba tanto, ese tango de Laurens que dice como "cambian las cosas, los años…"; ahora no hace falta que pasen los años, las cosas cambian al tal velocidad que el titular de la tarde desmiente al de la noche (…).

Pero tengo la sospecha de que en nuestro país hay que morirse para que te perdonen la vida, porque si estas vivo, molestás, pensás, tenés ideas, sos un testigo, opinás, te indignás, es embromado esto, es triste, es muy injusto. Y al mismo tiempo recuerdo que en Rayuela vos escribiste "es necesario cambiar la vida sin moverse de la vida", sí, es necesario cambiar la vida, viviendo como en una frontera, como con una bandera levantada aunque el enemigo este cerca, aunque parezca que avanza. De la vida no nos sacará nadie, y nadie nos sacará la ilusión de haber vivido cambiando la vida. Mientras tanto yo sigo escribiendo y esperándote en algún café de París para llorar un poco juntos, porque llorar juntos es como sonreir.

Susana Rinaldi.

 

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