
MENTE
Guardate en la oscuridad. Arrojate al suelo. Levanta tu ciega vista a la cúpula oscura y sé parte de ese vacío imaginario. Aspira lentamente, sin prisa; pues no hay tiempo del que no seas dueño. Llena tus pulmones.
Que tus manos descansen sobre tu vientre haciendo que tu pecho saciado retenga el aire durante un instante. Expulsa tu aliento sintiendo como si todo tu cuerpo se renovase. Haz que tu cuerpo deje de ser.
Respira de nuevo, es otra renovacion. El aire se convierte en presencia cristalina que apaga un nuevo tipo de sed.
Despacio, muy despacio. En tu respirar ha de detenerse el tiempo. Entonces que tu mente sea dueña de tu cuerpo. Desde los pies, musculo por musculo, hueso a hueso, acariciando tu piel, es como asciende tu consciencia. Como si un tercer ojo divino te presentara lo vano de tu cuerpo tendido, la primera Mentira. La Mentira de la materia.
¿Eres ahora tu dueño. Contestame que si. Pues bien, tú aquel que fuiste comienza tu viaje ahora que sólo eres mente.