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EL ENCUENTRO DEL PAPA CON LOS J�VENES EN EL MONTE DE LAS BIENAVENTURANZAS Y LA LLAMADA VOCACIONAL HECHA POR KIKO ARG�ELLO.

Israel 2000

Cronica desde Galilea
Misa papal en el Monte de las Bienaventuranzas
Homilia del Santo Padre
Saludo del Santo Padre a los j�venes
Cien mil jovenes con el Papa

Galilea, 24 de marzo de 2000, v�spera del bimilenario de la Encarnaci�n del Verbo.

israel.jpg (36728 bytes)Llegu� a Tiber�ades a la 1 y media de la noche del viernes 24, pocas horas antes de que comenzaran los actos en el Monte de las Bienaventuranzas. Hab�a viajado desde Roma en avi�n, en compa��a de un padre jesuita, profesor de la Universidad Gregoriana. En el vuelo coincidimos con el Cardenal L�pez Trujillo, Presidente del Consejo Pontificio para la Familia, y Mons. Gil Hell�n, Vicepresidente del mismo. Al llegar al aeropuerto de Ben Guri�n, nos esperaban unos seminaristas con un par de microbuses para trasladarnos a Tiber�ades. All� tuvimos la primera prueba de lo que ha sido la admirable organizaci�n de este encuentro por parte del Camino, en la que han participado importantes miembros de nuestra familia (Toni, Reyes, Marcos y Ricardo): una sabia mezcla oriental de eficacia y desorganizaci�n, de refinada hospitalidad e improvisaci�n. Mi nombre, por ejemplo, aparec�a regularmente en la lista, �como guardaespaldas de L�pez Trujillo!. El padre jesuita, en cambio, que hab�a sido invitado directamente por Rino Rossi, el gran capo de todo este negocio, no aparec�a en la lista. Nada de esto fue �bice, naturalmente, para que subi�ramos en los microbuses y pusi�ramos rumbo a Galilea.

Llov�a torrencialmente, lo cual es sin duda una bendici�n para esta tierra siempre amenazada por la sequ�a, pero la cosa no sembraba gran serenidad en nuestro �nimo. En la autov�a comenzamos incluso a recibir granizo sobre nuestras cabezas. Pens�bamos con preocupaci�n no s�lo en el d�a siguiente, sino en los millares de muchachos que ya a esa hora se estaban encaminando hacia el Monte de las Bienaventuranzas, o que incluso trataban de pasar la noche en las tiendas cedidas por el ej�rcito e instaladas en la ribera oriental del lago de Genesaret. Dentro de m� pensaba, sin embargo: �si un poco de fe puede mover monta�as, seguro que entre los 50.000 j�venes alguno habr� que tenga la suficiente como para que el Se�or le escuche y nos mande un d�a no demasiado mojado�. Y as� fue, dentro de un orden, como se dir� m�s tarde.

Nos instalaron en el Hotel Sheraton Moriah de Tiber�ades, que era el de los V.I.P. El encargado de dar las habitaciones, un franc�s ex agente del servicio secreto de su pa�s, que me reconoci� en seguida como el pluri-pariente de sus colegas en la organizaci�n, nos hizo esperar una hora antes de darnos la habitaci�n; as� que eran las dos y media cuando nos met�amos en la cama, para estar en ella s�lo tres horas. En efecto, a las cinco son� diana y nos pusimos en marcha. En varios autobuses fuimos cargados los V.I.P.: cardenales y obispos, monse�ores guardaespaldas, padres invitados, c�falos y viejos itinerantes, etc. Nos vimos de nuevo con alegr�a las caras los que siempre nos encontramos en estas ocasiones: Nicanor, Lucio y Mar�a Jos�, Jes�s Serrat y Manolo Garc�a, etc. El ambiente era optimista, con ilusi�n de afrontar esta jornada hist�rica. El d�a hab�a amanecido con un aspecto bastante tranquilizador. Se ve�a una viva luz entre nubes, que parec�an vacilar entre dejarnos la jornada en paz o hacer de las suyas.

israel3.jpg (30557 bytes)Conforme nos acerc�bamos al lugar del encuentro, comenzamos a ver pelotones de polic�a y del ej�rcito que controlaban cada camino, bifurcaci�n, e incluso se apostaban en las puertas y verjas de las casas particulares. Luego se empezaron a divisar en lontananza las filas de muchachos que caminaban hacia la explanada. El optimismo se transformaba en excitaci�n, en la neta sensaci�n de que algo importante se estaba preparando. Nos hicieron bajar en las cercan�as del palco, en la zona reservada para esta fauna variopinta de los V.I.P. Tras algo de fatiga para penetrar en el recinto, entre el fango que cubr�a los caminos, donde encontramos a Toni, con cara de no haber dormido en tres d�as (as� era en realidad), llegamos con su ayuda al lugar del control policial. Os aseguro que en ning�n aeropuerto, ni siquiera en Ben Guri�n, he sido chequeado de esa manera. Detectores de metales, bolsillos vac�os, bolsas revisadas, etiquetas al cuello para verificar que est�bamos "limpios", etc. Cuando super� el control, otro encuentro feliz: all� estaba Reyes que me vio en seguida. Ella parec�a m�s fresca y alegre. Me introdujo en la secci�n reservada a los Obispos, donde hab�a un peque�o refrigerio preparado. Para ello tuvo que hablar con los agentes israelitas de seguridad. El sistema de control adicional consist�a en que no entraba nadie que no fuera conocido por los miembros de la organizaci�n neocatecumenal. Tomamos asiento en la zona delante del altar, entre presb�teros concelebrantes e invitados musulmanes y jud�os. El tiempo segu�a incierto, con espacios de sol y nubes. Por la noche -nos lo dijeron luego- la lluvia hab�a cesado antes de que los primeros chicos llegaran a la explanada. Esta era un poco irregular, inclinada hacia el mar, como corresponde a la ladera de un monte. En lo alto, hacia el noroeste, se ve�an las primeras construcciones de la Domus Galilaeae. La parte norte del recinto estaba ocupada por los hermanos del Camino, unos 50.000 en cifras redondas, la parte sur, m�s peque�a, estaba reservada para la iglesia local, aunque m�s tarde se consinti� tambi�n la entrada a este sector a los neocatecumenales. Se pod�an ver banderas de todos los pa�ses, incluidas la palestina y la israelita. Al lado de una de �stas, una pancarta rezaba en hebreo: �Bienaventurados los que trabajan por la paz�. Muy pocas, casi ninguna, de las pancartas mencionaba el Camino Neocatecumenal, por exigencia de la iglesia local. Otra humillaci�n para que el Camino se haga humilde: despu�s del esfuerzo hecho, de los millones gastados y de la presencia masiva, el Camino Neocatecumenal no deb�a ser mencionado.

Cuando tomamos asiento se nos dijo que la celebraci�n hab�a sufrido un retraso: en lugar de las nueve de la ma�ana, comenzar�a a las once. El motivo, que las autoridades hab�an previsto la tarde anterior que iba a llover hasta las ocho de la ma�ana. No fue as�, pero la celebraci�n se retras� igualmente. Ello permiti� llegar a tiempo a algunos autocares que no hab�an podido dejar antes sus lugares de pernoctaci�n debido a una huelga de 300 autobuses, que al final impidieron igualmente llegar a 1.500 hermanos, que, tras tantos sacrificios, se quedaron sin la misa del Papa, entre ellos, los de Angola, con Paco Reig a la cabeza. Llegaron a la hora de comer, y pudieron participar s�lo en el encuentro con Kiko. �ste, m�s tarde, contando los milagros de la jornada, enumer� entre ellos el que ninguno de estos hermanos hab�a murmurado lo m�s m�nimo. �Bueno, al menos yo no he o�do murmurar a ninguno -explic�-�. �Toma ya, eso es fe!.

Los Obispos eran un centenar, y ocho cardenales, aparte de los que llegar�an m�s tarde con el s�quito del Santo Padre. Rouco (Madrid), Sch�nborn (Viena), Sterzinsky (Berl�n), Do Nascimento (Luanda, Angola), Etsou-Nzabi-Bamungwabi (Kinshasa, Congo), Tumi (Douala, Camer�n), L�pez Trujillo (Pont. Cons. para la Familia) y Castrill�n (Congregaci�n para el Clero). El altar hab�a sido dise�ado y costeado por el Camino. Ten�a la forma de una tienda de beduinos, con la cubierta de color negro. Presid�a el altar un enorme icono de Cristo Pantocr�tor con el libro abierto: �Amad a vuestros enemigos, vengo pronto�: todo un programa para la Evangelizaci�n del Tercer Milenio. La sede papal, as� como el amb�n, hab�an sido dise�ados y construidos por D. Edoardo Riccoboni, presb�tero de mi comunidad de Roma. Por indicaci�n de Kiko ten�an el color de la piedra, para evocar la roca que es Pedro. Edoardo tuvo una idea mejor, y en lugar de pintarlos imitando la piedra gris que recubre la fachada de la Domus, prepar� un revestimiento con polvo de esa misma piedra y cola Vinavil, de modo que ambos muebles estaban realmente recubiertos de piedra. A otro lado del altar, un enorme Crucificado, de madera casi negra por los pecados de la Humanidad que carga sobre s� mismo, con trenzas de rabino, sobre una cruz de madera dorada, obra de este mismo D. Edoardo. Y finalmente, la Virgen del Tercer Milenio, que Kiko pint� para el Jubileo, y que el Papa ha regalado para que se quede en la Domus Galilaeae.

israel1.jpg (51557 bytes)El Santo Padre lleg� sobre las diez en helic�ptero hasta la Domus, para inaugurar el santuario de la Palabra, la �nica parte terminada hasta ahora, junto con la fachada. Lo esperaban all�, aparte de los capos, los rectores de los seminarios Redemptoris Mater; para reiterar simb�licamente que esa Casa no pertenece al Camino Neocatecumenal sino a la Iglesia Local, se eligi� la presencia de los rectores de todos esos seminarios que no pertenecen al Camino sino que son diocesanos �a todos los efectos�. En fin pues... El Papa, despu�s de recibir las explicaciones pertinentes bendijo la Yeshiva, merced a un golpe de mano h�bilmente puesto por obra por P. Mario Pezzi. Los expertos en liturgia del CNC hab�an preparado d�as atr�s una oraci�n de bendici�n, y la hab�an enviado para el nihil obstat al Oficio de Ceremonias Pontificias en Roma, el cual la aprob�. La v�spera del encuentro, en cambio, lleg� un fax de Mons. Marini diciendo que, �por �rdenes superiores� quedaba suprimida la bendici�n. Sin embargo, cuando lleg� el momento, P. Mario se sac� literalmente de la manga una versi�n de la bendici�n en espa�ol, y el Papa la ley� sin ninguna vacilaci�n, rociando con el agua del hisopo a los presentes, entre los que se encontraban, con toda probabilidad, los autores de las ��rdenes superiores�. Kiko cont� m�s tarde que el Papa les dijo al final del acto: �Dios os estaba esperando en este monte�.

Despu�s de la larga espera, amenizada por algunos grupos folcl�ricos palestinos, creo, con la puntualidad propia de estos casos, sobre las once menos cuarto, el papam�vil asom� por el extremo noroccidental de la explanada, entre el entusiasmo de los j�venes. Baj� hasta el lugar del palco, entre los cordones de la seguridad, que los tambi�n j�venes (casi muchachos) de la polic�a y ej�rcito israel�es formaban. Se les ve�a desbordados y m�s bien maravillados de todo aquello, que no s� si entend�an muy bien. Kiko y los suyos se pusieron a cantar �Id y anunciad a mis hermanos que vayan a Galilea�, hasta que fue el momento del inicio de la procesi�n de entrada. Cuando esta empez�, se cant� el himno del Jubileo. El Papa, entrando, se abraz� a la cruz que presid�a el altar, y de la que he hablado m�s arriba. La misa se dijo en ingl�s, los cantos lit�rgicos en lat�n, las lecturas en espa�ol e italiano, el evangelio... no me acuerdo. Iba a escribir que en griego, ya que lo proclam� con la solemnidad propia del rito bizantino, el Metropolita greco-cat�lico de la Alta Galilea, Ordinario del lugar, en persona. Pero no s� si lo hizo en ingl�s, �rabe, lat�n o en qu� jerigonza de aquella nueva Babel o Pentecost�s, seg�n se quiera mirar. La homil�a del Papa fue estupenda. Para su texto remito a las m�ltiples fuentes de informaci�n que podr�is hallar sin duda todos vosotros en la red, cual los expertos internautas que sois. Puedo resumir esto: no habl� directamente del amor al enemigo, prefiri� centrarse en las Bienaventuranzas, como s�ntesis del Evangelio de los pobres. En resumen vino a decir que hoy, como cuando el Serm�n de la Monta�a fue pronunciado, Jes�s pone delante de los disc�pulos dos caminos: el de la vida y el de la muerte. El primero dice que son bienaventurados los pobres, los que son mansos y trabajan por la paz, los que lloran y buscan la justicia, los que son perseguidos, los perdedores, los peque�os. Mientras tanto, todos nosotros escuchamos a nuestro alrededor e incluso dentro de nosotros una contra-catequesis que dice que los bienaventurados son los que ganan en este mundo, a�n a costa de pisar a los dem�s, que son felices los que poseen y r�en, los que buscan la violencia para afirmarse, los que persiguen a los d�biles. Con Jesucristo podemos encontrar hoy el coraje de elegir el camino de la vida que �l nos propone, como hace dos mil a�os se lo propuso a los ap�stoles. Nosotros somos los ap�stoles del Tercer Milenio, que debemos llevar al mundo el doble mensaje de las Bienaventuranzas y de los Diez Mandamientos, la otra Palabra que Dios dio en el otro Monte. Ambas se complementan, y no pueden entenderse la una sin la otra. En efecto, Jes�s, en el mismo Serm�n, dijo que no hab�a  venido a abolir la Ley, sino a darle cumplimiento, y las Bienaventuranzas son ese cumplimiento.

El resto de la Eucarist�a fue seg�n el rito ordinario. La comuni�n result� algo ca�tica, pero era normal. Al final, el Papa habl� brevemente, como cuando hace los saludos durante el �ngelus, y ah� se desquit�. Finalmente dijo que daba un saludo especial a todos los miembros del Camino Neocatecumenal, y en particular a Kiko y Carmen por su contribuci�n a la realizaci�n de este gran evento. A conclusi�n de todo, y como muestra del folclore de estos lares, crisol de culturas, h�bil mezcla sincr�tica de todas las cursiler�as, doce lindas muchachas palestinas, se acercaron para lanzar al aire otras tantas palomas, naturalmente como s�mbolo de la paz por todos deseada. Como si de un deplorable augurio se tratase, ni una sola de ellas vol�. Bueno, mejor correr un tupido velo...

A�n el Papa no se hab�a retirado del altar (literalmente) y ya todos est�bamos rompiendo filas, para relajar el cansancio y la tensi�n de las horas precedentes. Cuando �l se hab�a marchado del todo, nos dispusimos a comer, al ver que llegaban camiones llenos de cajas de cart�n que conten�an raciones ad hoc. Aquello parec�a una distribuci�n alimenticia en un campo de Bosnia, pero bueno. Comimos nuestra frugal colaci�n bajo la carpa de la celebraci�n, antes de que la seguridad nos desalojara por motivos de �dem. Reyes y yo aprovechamos para ir a buscar a sus hijos perdidos y hallados en el templo del monte galileo. Tras pisar fango y m�s fango, encontramos a Andr�s y Pedro, que estaban con los bostonianos. Los hall� muy bien. Andr�s me dijo que yo me hab�a encogido. �Ser� cafre!, lo que pasa es que �l ha crecido como un castillo, aunque sigue siendo el ni�o de siempre. Bueno, dejemos la cosa sentimental de un padrino hablando de su ahijado.

Conforme pasaba el tiempo, el cielo se iba abriendo y ya ten�amos un bello sol de media tarde que auguraba un feliz encuentro con Kiko. �Ay, m�sera ingenuidad la nuestra!. As� fue al principio, pero, vayamos por partes. El estrado fue de nuevo lleno de Cardenales y Obispos, entre los que estrat�gicamente me introduje tambi�n yo, aprovechando que vest�a mis mejores galas monse�oriles. El encuentro-llamada ten�a una estructura sencilla: presentaciones, palabra, catequesis y llamada. Cada cardenal, al ser presentado, dio un breve saludo. Luego Kiko fue llamando por naciones. No recuerdo los n�meros de cada una, s�lo que de Espa�a eran 9100 chicos y chicas, y de Italia 17.000, o sea, casi el doble. El ambiente, a aquella hora, era de gran entusiasmo. Kiko hizo leer a Rino el relato de Pentecost�s, tras de lo cual, �l mismo se dispuso a hacer su catequesis. Se fue hacia donde estaba el Cristo y empez� a hablar. Durante unos diez minutos todo fue bien, el sol ca�a y la luz empezaba a disminuir. Pronto nos dimos cuenta de que no disminu�a s�lo por el crep�sculo, sino porque se hab�a cubierto de nuevo el cielo y ahora amenazaba lluvia seriamente. Una corriente de nerviosismo empez� a discurrir imperceptiblemente por el palco. Las primeras gotas empezaron a hacer su aparici�n, todav�a suavemente. A Kiko el agua, que le ca�a en todo lo alto, le debi� de enfriar un poco el entusiasmo anterior, porque cort� casi por lo sano su parlamento, y le dijo a P. Mario que cantase el Evangelio. �ste lo hizo ya con un lacayo que le sosten�a un paraguas sobre la crisma. La lluvia comenz� a caer en serio. Lo malo es que ni siquiera las autoridades estaban a cubierto porque la tienda no era impermeable, sino que filtraba como un colador el agua, que ca�a sobre nuestras cabezas, s�lo que suavemente tamizada. Cardenales y Obispos, primero abrieron sus paraguas, y luego trataron de poner pies en polvorosa retir�ndose hacia el interior de la carpa. En vano; no hab�a refugio posible, as� que nos dispusimos a aguantar marea (nunca mejor dicho). El cardenal Rouco tuvo la sangre fr�a de hacer su homil�a ante una platea de 50.000 j�venes disciplinados y silenciosos bajo la lluvia. Cuando acab� ya era casi noche cerrada, y el agua segu�a cayendo.

Hab�a llegado el momento de la llamada vocacional, y las cosas se hab�an puesto feas. Hasta ese momento Kiko hab�a animado a la asamblea dici�ndonos que todos los ojos de Israel nos estaban mirando, para ver si �ramos capaces de sufrir un poco por Cristo, y que esto era una ocasi�n providencial para demostrarlo. P. Mario dijo que la lluvia era signo de bautismo que nos lava. Todo muy edificante, pero llegados al punto en el que est�bamos, a Kiko pareci� flaquearle el �nimo. Nos advirti� simplemente de que deb�amos abandonar el lugar ordenadamente y cuanto antes, con los pasaportes en la boca, porque le hab�an informado de que se avecinaba una tempestad. Avis� entonces de que la llamada vocacional se har�a en las eucarist�as que los diversos grupos tendr�an al d�a siguiente. Un profundo silencio llenaba la asamblea, bajo los paraguas. Kiko pidi�, como suele, confirmaci�n a sus seguidores: ��Os parece bien, chicos?�. Primero t�midamente y luego con m�s decisi�n, de la explanada se alz� un decidido ��Nooooo!�. A�n de espaldas como yo lo ten�a, pude adivinar el cambio de expresi�n en el rostro de Kiko; entre entusiasmado e incr�dulo pregunt�: ��Quer�is entonces que lo hagamos ahora?� Y esta vez sin vacilaciones subi� de la explanada un estruendoso ��S��������������!�. Bastaba aquello. Kiko recobr� todo su empuje y en un santiam�n hizo la llamada. Los chicos parec�an ya haberse agolpado a los pies del estrado, pues pocos segundos despu�s un r�o ininterrumpido de muchachos comenz� a subir. Los encabezaba Marcos Enrique, s�, mi sobrino, que se coloc� de rodillas en el centro del altar, en primera fila. Y detr�s de �l un n�mero que parec�a no cesar de aumentar. Muy pronto todo el espacio disponible detr�s de Marcos estaba lleno, y comenzaron a disponerse en filas por delante. Al final mi sobrino estaba en la quinta o sexta fila. Cuando el estrado estuvo lleno, se contaron cerca de dos mil muchachos, c�lculo dif�cil de hacer. Pero, sobre todo, era imposible que hubieran tenido tiempo de llegar hasta el palco los m�s alejados en la explanada antes de que el cardenal Rouco hiciera su oraci�n de bendici�n y les impusieran las manos. As� que el n�mero real no s� si llegar� a saberse nunca. Quiz�s, dijeron luego, eran tres mil o m�s. Los Obispos presentes casi se daban codazos entre ellos para disponerse en fila y poder imponer las manos aquellos futuros ap�stoles del tercer milenio. El espect�culo, es in�til decirlo, era conmovedor, y la fr�a agua de lluvia que corr�a por nuestros rostros admirados era providencial para disimular las c�lidas l�grimas que la acompa�aban. Luego fue el turno de las chicas. Como entre tanto la lluvia casi hab�a cesado, hubo tiempo para que una monja de clausura all� presente (supongo que con el regular permiso) interviniera para animar a las f�minas a ser las esposas del Cordero Divino. Como sus compa�eros masculinos tambi�n ellas se precipitaron sobre el altar. Eran algo menos, pero probablemente alcanzaron las dos mil.

Como el horno no estaba para bollos, terminada la llamada, un servidor, con Reyes y Toni se retir� r�pidamente, para evitar el caos que se debi� producir con la salida de millares de autobuses. Est�bamos cansados pero satisfechos. Fuimos en un microb�s hasta el llamado "Oasis", que es un hermoso convento pobremente amueblado, alquilado por el Camino en Tiber�ades, centro de operaciones para la construcci�n de la Domus y para la organizaci�n del encuentro. All� cenamos un bocado y m�s tarde Reyes y Toni me acompa�aron al hotel.

Kiko y los Obispos estaban en la cena, llenos de entusiasmo. Me puse en su mesa. Carmen llam� a la Nunciatura, sabiendo que all� se encontraban el Papa y Estanislao. All� consiguieron hablar con el primero, pero no con el segundo, claro. Al Secretario del Papa le contaron c�mo hab�a ido el encuentro, y los 5.000 muchachos que se hab�an levantado. D. Estanislao les dijo que el Santo Padre estaba muy contento del encuentro, y todos hicimos fiesta al escucharlo. �ramos como ni�os... Kiko aprovech� para ilustrar a los Obispos detalles de la preparaci�n, y narrar algunos milagrillos ligados a la misma, como el cambio de actitud de la Iglesia local cuando las parroquias comenzaron a ser visitadas por los seminaristas. Al final regal� a los Obispos un icono, con el detalle del rostro de la Virgen del Tercer Milenio. Tambi�n yo me hice con uno, claro.

Bueno, hasta aqu� la cr�nica del encuentro. El resto es la narraci�n de mi regreso a Roma, pero eso no es importante. Tras la cena, estuve tom�ndome un helado con Juan Antonio Reig y sus acompa�antes (Josemar�a Gea y Rafa Reig) y me retir� a dormir. A la ma�ana siguiente, mientras el Papa adoraba en Nazaret la gruta de la Anunciaci�n, P. Arturo Elberti (el jesuita del principio) y yo celebr�bamos la Misa de la Encarnaci�n, en el 2000 aniversario del Mayor Acontecimiento de la Historia Humana, en la habitaci�n de un hotel junto al Lago de Tiber�ades. Bueno, mejor que hacerlo en Catamarruc.

D. Edoardo Riccoboni, el polifac�tico artista del que habl� l�neas arriba, nos llev� en coche hasta el aeropuerto de Ben Guri�n en Tel Aviv, pasando junto a Nazaret y a los pies del Tabor. Coger el avi�n hasta Roma fue la �ltima aventura. A causa de una huelga salvaje de controladores a�reos habida el d�a anterior, Alitalia hab�a suprimido algunos vuelos, entre los cuales, �vaya por Dios!, el nuestro. Una hora de tensi�n estuvimos esperando a ver si hab�a soluci�n. Y la cosa se arregl� v�a Mil�n. As� que con algo de nervios y un poco m�s de cansancio que sumar al acumulado en los d�as anteriores, llegu� a casa en Roma a las diez de la noche de ayer s�bado.

Espero que mi cr�nica, pueda modestamente haceros llegar algo de la experiencia, sin duda extraordinaria, que hemos vivido estos d�as, y que las licencias de iron�a y chanza que de tanto en tanto me he permitido para aligerar el relato, no os impidan captar la profundidad de la experiencia espiritual, y la bondad de Dios, que dirige la historia y se apresta a abrir, con su Iglesia, un Tercer Milenio lleno de maravillas.

Un abrazo de paz a todos.

Alejandro Cifres

 

 

3� Comunidad Neocatecumenal de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Merced (Burriana - Castell�n - Espa�a)

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