Entrevista a Paco Ignacio Taibo II : Juan Álvarez (Colombia)
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- ¿Qué es La República Democrática de los lectores?

Es una organización no gubernamental, no estatal, no fundacional, en la que no hay que inscribirse y de la que no te puede expulsar. Existe a escala planetaria. Y se define en una función sencilla: Gente que lee como loco y recomienda libros en conversaciones espontáneas. Es quizá el gran mecanismo defensivo que hemos inventado a nivel social, para defendernos de una sociedad cada vez más dominada por el marketing y la publicidad.

- Hace un par de meses, un conocido periodista colombiano que lleva por nombre Juan Gossaín, y quien publicaba por esos días su novela “La Balada de María Abdala”, dijo en entrevista que la literatura colombiana se había convertido en un catálogo de sicarios. Cito: “Yo digo que la literatura colombiana de hoy se ha convertido en un catálogo de sicarios. No pido que ignoren la realidad, pero me parece grave que ésa sea la única realidad que ven”. ¿Le merece alguna opinión?

Sí. Me parece fácil y descalificante. Injusto, por lo demás. Las cosas que he leído de la novela contemporánea colombiana no me parecen un catálogo de sicarios. Me parece una literatura que ha vuelto a mirar las ciudades, que ha roto con el trauma de ser hijos bobos de García Márquez… ya se libraron de papá, ya son individuos responsables que escriben su propia mierda sin tener que pedirla prestada. Se han liberado del trauma primigenio y no tienen que practicar el realismo mágico.
         No conozco mucho de la literatura joven colombiana, pero la que conozco me parece muy seriamente tratada. Pero además, la pretensión de que hay que contar historias alegres para que el lector se mee de felicidad, es una decisión, no una obligación. No se vale forzar el alegrismo en literatura. Y menos en un país que está tan jodido como Colombia. Al revés. El país necesitaba una literatura histórica. Durante años desde la semana negra nos preguntábamos ¿dónde está la novela policíaca colombiana? ¿Cómo no están contando la degradación? Y ahí apareció, y lo agradecimos los lectores.

- Entiendo que le rompe un poco los cojones el minimalismo, norteamericano o no, no importa. Y le rompe, corríjame si me equivoco, porque generalmente se asocia a la narración de Lo Cotidiano. Pero, ¿y si tiene que ver con una economía del lenguaje, y no con tacañería en lo anecdótico?

Sí. Me fastidia el minimalismo, pero no en tanto cotidianismo. Creo que acá convendría colocar una raya. Me fastidia el minimalismo en cuanto al ombligismo. La percepción del mundo con una pulgada de distancia respecto al ombligo de uno. Me preocupa, me aterra, pero, sobre todo, no me interesa. Me parece un ejercicio de mal gusto, en un mundo como el que estamos viviendo.
         Economía del lenguaje… sí, a veces. Yo soy partidario de que el mejor consejo es el que no existe, y de que la mejor generalización es aquella que nunca enunciaste. Peligrosísimo hacer una apología del punto seguido hemingwayano. ¿En contra de qué? ¿De la frase con 17 subordinados? Yo diría que entonces sí. Una frase con 17 subordinados, entre otras cosas, hace que el lector no sepa al final de haberla leído, de qué coño estábamos hablando. En ese sentido sí. Lenguaje económico en el sentido de pobreza, pues no. El estacato no me gusta, me gusta el adjetivo. Yo soy hijo del barroco. Me gusta que el adjetivo florezca, yo soy hijo de Quevedo. Y sin embargo no deja de interesarme Hemingway en su parquedad, ¿no? Pero al fin y al cabo, cuando hay un escritor norteamericano que me cae fino, pues es el anti-minimalista por definición, que es John Dos Passos. Un tipo que en una novela es capaz de meter 72 personajes centrales, 37 subtramas secundarias, y cerca de 150 tramas laterales. Ese es el que me gusta. A mí lo que me haga navegar el Missisipi, el Nilo, y no la mierda del arroyo de un pueblito en quien sabe dónde. Un río grande, donde pasan muchos barcos fluviales, y te mean los burros, donde hay vampiros y hay piratas. La literatura que me gusta es la literatura del río grande.

En Breve

- ¿Qué le diría a quien si lo hubiese conocido?

Al director general de la Coca Cola. Si lo hubiera conocido le diría que tienen que ponerle más azúcar y malta. Y un poquito más de cafeína.

- ¿Qué oficios cometió antes de poder vivir de la literatura?

Era escribidor. Fui escribidor por muchos años. Escribí toda la mierda que se puede escribir. Programas de televisión de horóscopos. Documentales sobre los bosques en Chihuahua para la empresa de celulosa. Programas de investigación científica. Fotonovelas con monjas yeye. Programas de televisión de música ranchera mexicana. Trabajé en una revista escribiendo los pies de página de las fotografías. Ahí recibí la primera gran educación narrativa que me dio mi padre. Me dijo: “Hijo mío, no seas pendejo, no digas en el pie de foto lo que se puede ver ya en la foto”.

- La Lejanía del Tesoro.

Me gusta. Es mi primer gran aproximación, junto con “Cuatro Manos”, al concepto de la novela río. La novela que fluye y desemboca en muchos lugares. Como metáfora política es una novela que me gusta mucho. Yo soy de una generación a quienes no dijeron que la revolución estaba a la vuelta de la esquina. Lo que no nos dijeron fue que algún hijo de puta estiró las calles. Es una metáfora absolutamente apropiada de la generación de los nacidos para perder.

- ¿Ha visto alguna vez a la mujer más hermosa?

No, pero me case con la mujer más simpática, inteligente, brillante y guapa del planeta.

- ¿Ha visto alguna vez la imagen más hermosa?

Sí, y además la he visto varias veces, con lo cual se estropea lo de “la más”. Por lo cual propongo que introduzcamos el catálogo como: “la más varias veces más”, porque o sino no funciona. Sí, Una vez estaba en el Zócalo de la ciudad de México y la luz de la tarde construyó un Bergman. Los ladrillos del palacio nacional eran rosados. Me quedé con la boca abierta y me dieron ganas de ponerme a llorar.

- ¿Ha visto el horror?

Lo peor del horror, como decía Andreyev, es que no lo vemos, que creemos que no existe. Sí, sí lo he visto. Tiene que ver con el abuso.

- Un paraje de la humanidad.

¿Geográfico? Me gusta Venecia. Me gusta engañar a los turistas japoneses en Venecia. Es la ciudad verdadera, y absoluta, y asquerosamente literaria.

- ¿Ha conocido algún narcotraficante?

Uno seguro, y otro casi. Era un agente de la policía judicial mexicana, y era seguro. Y otro, sino era narco, lo parecía.

- Azar.

Bienvenido sea.



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