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Judith se acerca a la orilla
También
tú harás gestos
Cesare
Pavese
Morena
Canta y recuérdame entre la espuma
cómo manejabas la red en la playa entre las rocas
y se ahogaban los peces,
los multiplicados en el lecho.
Morena
Nave encallada frente a la memoria,
como grieta, canta desde tu brazo
Ensortija la arena sobre los senos aún erizados
Sobre el deseo o el mar aún oscuro. Pero si ya corres,
aléjate del cementerio, del corazón apretado en medio
de la fuente
del pan amasado con los pies
Con ese jardín de sombras que llamaba higuera o madreperla.
Ahora
que ya no estamos solos, que el silencio no son las ostras ni las
algas
ni las sobras del mediterráneo más maduro. Más
maduro.
El concilio de las
piedras
Seguir cabalgando ante cualquier crujir de
dientes
Lo que abandonamos a medianoche nunca será
el fruto de un remolino de días.
Hacer el amor, explotar aquellos relámpagos
apagados en nuestros cielos.
Olvidemos que sobre la frente hay piedras,
un sinnúmero de manzanas sobre yedras de la muerte.
Átate a la blancura de una mujer,
a sus aromas aún desnudos.
Deja caer una palabra en invierno, un molusco
que busque refugio en otros tobillos.
Sobre todo recordar en el cuerpo tatuado,
el vértigo de la muerte.
Solo palabras. Oquedades movedizas. Grietas
como cantos.
Los nombres muertos
¿Quién se llamaba Vera o Petra
u Olga
Mujeres muertas en la litera de una ciudad vieja
sorprendidas en su hambre
en el vértigo de sus ojos?
Ya se esconden, ya se oyen los pasos de la madre
Ahora no hay manzanas en ninguna parte
La sombra de un tren es solo un sonido vertiginoso en la bruma
Una mesa en el ombligo de su casa.

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