| RIQUEZA
SIMBÓLICA Y PLURALIDAD SIGNIFICATIVA
Anotemos,
por nuestra parte, que los comentarios hechos en su mayoría
a “Paco Yunque” han percibido apenas, o nada,
algo capital: la confianza en el futuro de la clase oprimida
que expone la obra. Aspecto positivo que es nuclear en
la moraleja del cuento, postergando el “final feliz”
de los cuentos infantiles a un futuro a construir en el
menor tiempo posible. Sobre este aspecto destaquemos una
simbolización: los apellidos de los dos Pacos subrayan
el lazo que vemos escenificado en el hecho de que llevan
el mismo nombre, y que son sentados en el mismo pupitre
(Humberto Grieve quiere separarlos para perpetuar la dominación
y la alienación), y en la actitud solidaria de
Fariña hasta el final (mientras que la solidaridad
del resto de niños se ve socavada por el discurso
del Director). El apellido Yunque, como lo ha señalado
Carlos Eduardo Zavaleta no sólo connota alguien
“que recibe los golpes”, sino que, en nuestra
opinión, puede asociarse con el martillo que simboliza
al proletariado, la clase obrera, en el emblema comunista;
mientras que Fariña (es decir, harina) puede connotar
la hoz del campesinado revolucionario (en contraste, notemos
que el padre de Humberto Grieve se llama Dorian nombre
que evoca al perverso Dorian Gray, de la novela del irlandés
Óscar Wilde: El retrato de Dorian Gray).
La amistad entre Paco Yunque y Paco Fariña redunda
en la solidaridad de los pobres contra Humberto Grieve
y lo que simboliza. Fariña quiere que el llanto
de Yunque deje paso ala manifestación justiciera
y liberadora de la cólera, el odio de clase.
Al
respecto resulta significativo considerar que, según
informa Georgette, Vallejo pensaba que al frente del cuento
debía ir el poema que empieza con el verso “La
cólera que quiebra al hombre en niños”
incluido en el volumen de Poemas humanos y a cuya atenta
lectura remitimos para que se evidencie cómo la
repetición, ocho veces, del vocablo cólera
actúa como motivo dominante del poema (el subrayado
es nuestro, nota del autor).
La cólera que quiebra al hombre en niños
que quiebra al niño en pájaros iguales,
y al pájaro, después, en huevecillos;
la cólera del pobre
tiene un aceite contra dos vinagres.
La cólera que al árbol quiebra en hojas,
a la hoja en botones desiguales
y al botón, en ranuras telescópicas;
la cólera del pobre
tiene un acero contra dos puñales.
La cólera que quiebra al bien en dudas,
a la duda, en tres arcos semejantes
y al arco, luego en tumbas imprevistas;
la cólera del pobre
tiene un acero contra dos puñales.
La cólera que quiebra al alma en cuerpos,
al cuerpo en órganos desemejantes
y al órgano, en octavos pensamientos;
la cólera del pobre
tiene un fuego central contra dos cráteres.
ZY Oct 1937
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Anotemos
que en el original mecanografiado de dicho texto las letras
ZY tapan los números de la fecha; la edición
príncipe de Poemas humanos y la de Juan Larrea
estampan: “26 Oct. 1937”. Pero, como apunta
Ricardo González Vigil, no está claro a
qué año puede haber correspondido la decisión
de Vallejo de colocar este poema como “proemio”
del cuento “Paco Yunque” considerando los
datos que ya hemos expuesto anteriormente. Ahora bien,
notemos cómo en cuatro ocasiones se precisa que
se trata de la cólera del pobre (de la clase revolucionaria);
y no debemos pensar en la impotencia frente a la injusticia,
que acomete múltiple —cuantitativamente asfixiante
de todos lados—. Hay una superioridad cualitativa
de la cólera del pobre, como apuntan entre otros
Julio Vélez, James Higgins y Ricardo González
Vigil: en los tres primeros versos de cada estrofa, este
vocablo desencadena un proceso de división (cada
vez en porciones más numerosas) que implica retornar
al origen, a la base, al fundamento; y en los dos versos
últimos de cada estrofa, subraya la fuerza superior
del origen, de la base, del fundamento en que reposa el
funcionamiento del orden social existente (que por medio
de la plusvalía y la represión, intenta
vanamente sojuzgar a las mayorías oprimidas).
Notable expresión de la estrecha conexión
entre la obra poética y la obra narrativa de nuestro
autor. Generalizando acertadamente esta solidaridad intertextual
de la evolución literaria de Vallejo a todos sus
escritos (también las piezas teatrales, las crónicas
y los ensayos), Carlos Eduardo Zavaleta ha escrito:
“Quizá
lo mejor sería ver la obra literaria como una nave
cuya proa indica una dirección principal, que arrastra
consigo y dirige el resto del barco en un viaje fascinante
a través de la vida y la época del escritor.
Tratándose de César Vallejo, su poesía
ciertamente va por delante, rompiendo como una proa las
dificultades y escollos literarios tradicionales, contra
los cuales luchó siempre, pero con ella avanzan
también, en la misma dirección y con la
misma fuerza, las piezas teatrales, los cuentos y las
novelas, las crónicas y los ensayos, en resumen,
su obra en prosa”.
Por
todo lo expuesto, nos parece que la fibra narrativa de
Vallejo no naufraga ante el Realismo Socialista de “Paco
Yunque” y a pesar de su esquematismo simbólico
y maniqueísmo ético (comprensibles al fin
y al cabo en un relato declaradamente didáctico,
pensado para un público infantil) nos pone, por
el contrario, frente a una manifestación del cuento
infantil de gran originalidad y pericia artística
con gran intensidad psíquica y fuerza sublevante
que merecidamente lo constituyen en uno de los “clásicos”
de la narrativa breve en el Perú e Hispanoamérica.
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