“Paco Yunque” y la narrativa de César Vallejo: David Abanto Aragón
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CONSIDERACIONES PREVIAS

     Reconocida justicieramente como una de las cumbres más altas de la poesía en lengua española, la obra poética de César Vallejo (Santiago de Chuco-La Libertad, 1892-París, 1938) ya ha sido ampliamente estudiada por numerosos especialistas de diversas latitudes, pero no se ha prestado la atención necesaria a sus textos narrativos, dramáticos (con algún boceto para cine) y ensayísticos que, resulta innegable, no poseen los altísimos méritos de aquella. Sin embargo, señalemos que en sus mejores muestras narrativas anidan destellos de genialidad y significación universal, enriqueciendo la aventura verbal de Vallejo, una de las más hondas y originales del siglo XX.
     Como poeta, como dramaturgo y como ensayista, Vallejo no cesó de explorar un nuevo horizonte creador, guiado por una versión personalísima del humanismo socialista y el materialismo dialéctico, con fuertes nexos religiosos y metafísicos, rousseaunianos y darwinianos: unión del Vanguardismo y la Revolución, convergente con el proyecto que impulsara Amauta, la más grande revista peruana del siglo XX, dirigida por José Carlos Mariátegui, en el período de 1926-1930.
     Como narrador, en cambio, podemos distinguir dos momentos diversos: el de los años 20 (Escalas, Fabla salvaje y Contra el secreto profesional), innovador, atento a lo onírico, visceral, fantástico e inexplicable, en sintonía con la revolución de los recursos narrativos en la Europa de 1900-1930; el de los años 30 (“Paco Yunque” y El tungsteno), anexable al Realismo Socialista, sin experimentos técnicos, en tono proselitista.
     Apoyándonos en el juicio de Ricardo González Vigil especifiquemos algunas razones para atender, estudiar y difundir con más ahínco la narrativa de Vallejo. En primer lugar, la narrativa de Vallejo constituye un aporte valioso al desarrollo de la narrativa no solo peruana, sino hispanoamericana contribuyendo a la superación de la narrativa modernista (Escalas y Fabla salvaje) y la exploración vanguardista de la prosa narrativa (Escalas, nuevamente, además de algunos textos de Contra el secreto profesional) aspectos ventilados por críticos como Ángel Rama y Eduardo Neale-Silva; también al cultivo de un realismo próximo al “realismo crítico” de un Máximo Gorki y al “realismo socialista” de la literatura soviética (El tungsteno, novela también con nexos interesantes con la corriente indigenista; y “Paco Yunque”), fase estudiada entre otros por Francisco Carrillo, Mario Castro Arenas, Guido Podestá, Phyllis Rodríguez-Peralta y Roland Forgues. Cabe aún enfocar su tentativa de una novela de temática incaica (Hacia el reino de los Sciris) y de un manojo de cuentos posteriores a “Paco Yunque”, el cual ha entusiasmado tanto a Neale-Silva que los juzga inclusive la maduración de la trayectoria narrativa de nuestro autor.
     En segundo lugar, la narrativa de Vallejo posee muchos nexos con su obra poética, ayudando a esclarecer elementos importantes de su mundo poético. Ya Luis Monguió y André Coyné apuntaron enlaces entre Escalas y Trilce y, en menor medida, Los heraldos negros. Posteriormente, Roberto Paoli, Eduardo Neale-Silva, Ricardo González Vigil y Antonio González Montes han establecido vasos comunicantes más amplios y hondos entre los textos narrativos y los poéticos de Vallejo.
     En tercer lugar, algunos proyectos narrativos de Vallejo sirvieron de base temática y argumental para la confección de piezas teatrales: la novela El tungsteno actúa como fuente de lo que será la farsa teatral Colacho hermanos, y la novela Hacia el reino de los Sciris contiene un pasaje examinable como germen de la tragedia La piedra cansada. La comparación de los textos narrativos y teatrales mencionados resulta crucial para medir la intencionalidad creadora, así como la labor de reelaboración artística, en cada caso como lo han abordado estudiosos como Enrique Ballón Aguirre, en parte, y Guido Podestá.

PACO YUNQUE, ARTE BOLCHEVIQUE Y ARTE SOCIALISTA.

     Comentemos algunas de las cuestiones antes señaladas en su cuento más famoso, bastante difundido y estudiado en antologías y panoramas de la narrativa peruana: “Paco Yunque”.
     Según informa Georgette Phillipart de Vallejo el cuento fue escrito en Madrid, en 1931, poco después de la publicación de El tungsteno, por pedido de un editor quien había solicitado a Vallejo “un cuento para niños”. Dicho editor rechazó “Paco Yunque” por considerarlo “demasiado triste”. Su publicación sería póstuma, en la revista Apuntes del Hombre (Lima, julio 1951, año I, núm. 1).
     Notemos como “Paco Yunque”, al igual que El tungsteno, corresponde a un período en el cual Vallejo había asumido una definida militancia marxista. El acercamiento de nuestro escritor al marxismo puede percibirse desde 1927, tornándose una adhesión clara y orgánica en 1928-1929, luego de su primer viaje a la Unión Soviética (octubre de 1928) y su participación en la creación de una célula en París afiliada al Partido Comunista del Perú que había sido fundado por José Carlos Mariátegui (firma una declaración el 29 de diciembre de 1928). En consecuencia con ello, en 1931, por los días que edita El tungsteno y escribe “Paco Yunque”, se inscribe en el Partido Comunista Español.
     Conviene recordar que, al enfocar el compromiso del artista con la causa revolucionaria, Vallejo distinguía aguda y sutilmente (sorteando el esquematismo de la postura soviética, uniforme, del “realismo socialista”, postura en curso en esos años) entre arte bolchevique y arte socialista. Bolchevique es el arte “de propaganda y agitación”, de intereses coyunturales, con una misión efímera ya que terminará cuando triunfe la revolución mundial; un arte donde interviene fuertemente la voluntad y la inteligencia, puestas al servicio de las necesidades del partido bolchevique o comunista. En cambio el arte socialista “supone, de preferencia, una sensibilidad orgánica y tácitamente socialista (…) En el poeta socialista, el poema no es, pues, un trance espectacular, provocado a voluntad y al servicio preconcebido de un credo o propaganda política” (El arte y la revolución); se trata de una arte perdurable que expresa, de modo más universal posible, la experiencia humana, sin excepción, por lo que no es, enfatiza nuestro autor, una realidad que vendrá sino que es ya una realidad existente, en marcha.
     Aplicando esta división a los escritos de Vallejo, posteriores a 1928, constataremos que su obra poética siempre discurrió dentro del arte socialista; mientras que en los géneros restantes (narrativa, teatro, reportajes, artículos periodísticos y ensayos) se esforzó, en la mayoría de los casos (claramente en El tungsteno y “Paco Yunque”, en las piezas teatrales Lock-Out, Entre las dos orillas corre el río y Colacho hermanos, en los reportajes Rusia en 1931 y Rusia ante el segundo plan quinquenal, así como en parte de los acápites —los más polémicos y polarizados ideológicamente, los de mayor vuelo teórico— del volumen ensayístico El arte y la revolución), por cultivar, con dignidad artística y eficacia ideológica (sobre todo, lo último), el arte bolchevique. No olvidemos esto al momento de sopesar los méritos y limitaciones de las obras mencionadas en este párrafo.
     Constatemos la lucidez creadora de Vallejo al optar por una textura “bolchevique” a la hora de tejer “Paco Yunque” (lo mismo, las obras citadas en el párrafo precedente), revisando atentamente dos pasajes de El arte y la revolución dedicados a caracterizar la obra bolchevique.
     “El arte bolchevique es principalmente de propaganda y agitación. Se propone de preferencia (el subrayado es nuestro. Nota del autor), atizar y adoctrinar la rebelión y la organización de las masas para la protesta, para las reivindicaciones y para la lucha de clases. Sus fines son didácticos, en el sentido específico del vocablo”. Notemos como se subraya aquí, en este primer pasaje, el objetivo de adoctrinar a las masas (ahí el carácter didáctico) y producir efectos sublevantes.
“La forma del arte revolucionario debe ser lo más directa, simple y descarnada posible. Un realismo implacable. Elaboración mínima. La emoción ha rebuscarse por el camino más corto y a quema-ropa. Arte de primer plano. Fobia a la media tinta y al matiz. Todo crudo —ángulos y no curvas, pero pesado, bárbaro, brutal, como en las trincheras”. Este segundo pasaje reclama sencillez en el estilo (para que sea fácilmente comprensible para las grandes mayorías), realismo en las experiencias retratadas y efectismo emotivo (lo cual, acotamos, genera los riesgos de caer en el patetismo, presente en algunos momentos de “Paco Yunque” minando su solvencia estética; peor aún, de no rehuir la truculencia, como acaece con las peripecias más brutales de El tungsteno) que irrite la sensibilidad del lector. La sencillez y el realismo tienen que ver con el propósito didáctico de adoctrinamiento; y el efectismo emotivo con el deseo de provocar respuestas sublevantes en los lectores.
     Tratándose, como hemos ya apuntado, de un cuento para niños, el carácter didáctico, la sencillez del estilo y el efectismo emotivo no planteaban ningún problema artístico, pues esos rasgos siempre ha poseído la llamada literatura infantil. En “Paco Yunque” la intención de Vallejo no es otra que ofrecer a los niños una narración de situaciones cercanas a ellos (protagonizada por niños escolares) que los lleve a reflexionar sobre el engranaje social entre el poder ejercido por la “infraestructura” económica (coaligada con el poder político) y el sometimiento padecido por la “superestructura” cultural (con el sistema de enseñanza como vehículo canalizador de actitudes que justifican el poder económico y político, no importa que estas contradigan lo que teóricamente se predica sobre la igualdad, la justicia, la fraternidad, los derechos ciudadanos, las virtudes morales, etc.). Una acotación sustancial: el marxismo es una explicación científica de la sociedad y la historia, planteando las leyes básicas (materialismo dialéctico e histórico) del dinamismo social; en “Paco Yunque”, Vallejo asume, pues, una labor pedagógica que esclarezca leyes científicas.



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