- -FW: Metasexo : Juan Álvarez (El Paso-Texas)
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No recuerdo transición alguna. De repente estaba fuera de la ventana Mensaje Nuevo, de un lado a otro, releyendo antigua correspondencia, un pesaroso vicio de nostálgico. Llevaba ya una media hora de recuerdos que comenzaban a sacarme del malestar con que había despertado, cuando un título, en alguna de las once carpetas en las que por entonces se organizaba mi comunicación con el mundo, me llamó la atención. Metasexo, decía la casilla de Asunto. Era un mensaje fechado cinco meses atrás, de Pablo, corto, como acostumbraban a ser los suyo, en donde me anunciaba la necesidad de contarme algo pero al final no decía mayor cosa. Al menos eso comencé a recordar mientras lo releía:

“Me tomo una cerveza y me pregunto qué pasa. Me pregunto qué putas es lo que pasa. Ando extraño hermano, y no sé cómo decírselo.
”Tengo algo que contarle. Bueno, tengo todo que contarle, pero hay dos cosas que resaltan como pezones gigantes. Es difícil hacerle comprender la complejidad del asunto en tan pocas líneas como acostumbran a ser estas comunicaciones.
”Así que como niño construyendo un chantaje, así me comportaré... porque lo he pensado, y decido que a lo mejor es igual esperar hasta diciembre cuando nos veamos. Las mujeres que intervienen en esta historia están muy lejos... y ese consejo o golpe en la cabeza que usted me pueda dar estará aun a tiempo entonces, porque de acá a allá, no puede haber pasado demasiado con ellas... usted sabe, por la distancia.
”Ahora releo y, claro, este mensaje no tiene mayor sentido porque no dice mucho. ¿Lo mando? ¿No lo mando? No sé qué hacer. Tiraré una moneda y vos nunca sabrás cual fue el verdadero resultado.
Su amigo.”

.. . . . La claridad de la relectura fue insoportable: se trata, pensé, de un intento anticipado y equívoco en el tiempo por contarme toda su nueva historia con Paula. Evidentemente era así, y yo como un ciego estúpido, cuando lo recibí cinco o seis meses atrás, no lo había notado. No recuerdo mi reacción física ante el esclarecimiento epistolar; recuerdo, sí, cómo el estado de pausa acabó. Algo volvió a echar a andar el mundo y con su movimiento invadió mi cuerpo de un venenoso tono que yo creía olvidado. Me dije a mí mismo, ¡vaya!, el puto cabrón construyó su mensaje con la estrategia de los tenues velos, se sacó su mierda y yo como un imbécil no me di cuenta. Me engañaba a través del lenguaje, pensé, y eso me enfermó.
.. . . . Sorprendido por una energía devastadora hice clic en la casilla de responder y me puse a teclear. En un feroz y punzante tono recogía una a una las expresiones del mensaje, las invertía y en un cruel juego de palabras acababa por darle a entender que no importaba que fuese tarde yo había descubierto su artimaña, su regalo anticipado de dolor. Escribía en forma de pregunta agudizando el sarcasmo. Donde el mensaje hablaba de no decir mucho yo me preguntaba cómo podía haber estado tan ciego para no haber visto que decía todo; si hablaba de mujeres yo denunciaba el plural distractor y construía juegos como los siguientes: ¡Por Dios!, ¿las mujeres?, ¡si nunca se tratará más que de una, de una en una, de cada una! Frente al pasaje que decía que las mujeres que intervenían en esa historia estaban muy lejos, me mostraba ofendido por la artimaña de la distancia y me preguntaba cómo no haber comprendido que, justamente, estaban bien cerca, contagiosamente pegadas, incluso. Al final me despedía con una inversión más, usando el pasaje que hablaba del golpe en la cabeza como gancho para preguntar: ¿cómo no haber visto que si usted esperaba un golpe en la cabeza como respuesta, era un abrazo, un único y fuerte abrazo, lo que entonces iba a recibir, lo que recibió?
.. . . . Toda la virulencia de la que era capaz la saqué con fuerza; escribiéndole, gritándole, matándolo, sin saber bien qué mierdas era lo que hacía. Releí el texto, corregí un par de cosas y fascinado ante su agresividad lo envié sin preámbulos. Una tensa paz atestó el aire de mi diminuto cuarto. Esa misteriosa felicidad del desgraciado (del hijo de puta malo porque sí y más malo si le siguen preguntando) había dejado de sentirla tiempo atrás, cuando mis pasos me habían ido conduciendo (más con astucia que con indiferencia) al respeto y la admiración por todos y cada uno de mis amigos. Pero ahora volvía y yo sólo quería disfrutarla. Algo debió suceder porque recuerdo que me distraje, me levanté de la silla y hasta salí del cuarto dejando pasar algunos minutos. Cuando regresé a la pantalla de mi computadora lleno de ímpetu para trabajar, la bandeja de entrada de mi Outlook marcaba 1, y el azul vivo del número me resultó perturbador.
.. . . . Era mi propio mensaje, lleno del mismo veneno y marcado como Re: Metasexo. La transición entre la alarma y la comprensión no existió. Una lectura rápida del encabezado me devolvió al mundo. El De: y el Para: eran el mismo, en ambos estaba mi nombre. El mensaje original no era de Pablo, lo había escrito yo, en septiembre, para él, y desde su nacimiento reposaba como un dinosaurio vivo en mis carpetas. La mujer de la que hablaba sí era Paula, y recordé aquellas dos llamadas suyas que había recibido por esos días, en septiembre, después de más de un año de no oír su voz. Las llamadas habían sido torpes pero cariñosas, y yo quería contárselo a un amigo. Porque ella me hablaba todo el tiempo en un tono afectado que entonces no entendí. Como si redondeara cuentas, como si estuviese a punto de tomar una decisión que no me iba a consultar pero con la que yo tenía que ver; y antes de hacerlo quería mi voz, darme la tormentosa oportunidad (que en realidad no tenía, ¡que nunca ha existido!) de evitar lo inevitable.
.. . . . En medio del polvoroso silencio de la ciudad, en esa mañana que con paciencia se hacía soleada como casi todas las de su noble invierno, hice clic en reenviar y escribí la dirección electrónica de mi amigo, en la casilla indicada, la que decía Para:. Debajo de esa casilla había otra y se leía: Asunto: Fw: metasexo. Cambié la sintaxis de la mayoría de las oraciones volviendo reflexivos los verbos y, sin quitar una sola gota de su lancinante veneno, lo envié.

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