Estas
y otras afirmaciones -dichas, repito, con su ya conocida
gestualidad enfática y florilegio cientificista-
al instante me hicieron recordar a políticos, intelectuales
e individuos revisionistas en la Alemania y el mundo occidental
contemporáneos; los que cada vez que pueden procuran
minimizar, relativizar o simplemente negar el Holocausto
en beneficio de sus propios intereses. Si esta no es la
intención del Sr. Denegri, como lo afirmó
más de una vez, debiera también reflexionar
sobre la manera tan ligera como transmite y sitúa
la información que divulga. Es conocido para cualquier
comunicador y científico serios que el modo como
se recorta y ofrece un análisis dice / pesa mucho
más que las intenciones que lo puedan motivar.
Por respeto a las víctimas
del Holocausto y del genocidio de la Alemania nazi, por
respeto a la verdad histórica, no debe perderse
nunca de vista que en ese período la población
judía era la más oprimida (cierto que no
la única: también lo eran gitanos, polacos,
homosexuales, antifascistas, comunistas...entre los cuales,
por cierto, también hubo una espléndida
minoría de alemanes y alemanas disidentes, cuando
no revolucionarios) en la Alemania de entonces, y que
incluso estados supuestamente democráticos y progresistas
(ah el manoseo de las palabras!: dura y dura!) como los
Estados Unidos inicialmente le cerraron sus fronteras.
Esta historia ha cambiado, por
cierto. Y aunque aquella superlativa matanza de judíos
en la Segunda Guerra Mundial contribuyó para que
finalmente se fundase el estado de Israel , este a su
vez oprime y práctica genocidio con el pueblo árabe,
empezando por la población palestina, y con la
anuencia de los imperios occidentales liderados por su
matonesco y demócrata aliado: los Estados Unidos
de Norteamérica.
Cualesquiera sean las motivaciones
del Sr. Denegri, o de otras personas y colectivos, para
confrontarse y confrontarnos con la historia judía,
no es ético mezclar los tiempos y realidades y
olvidar la especificidad del período nazi. Hacer
otra cosa es simplemente conciliar y servir de tonto útil
a las prácticas y teorizaciones revisionistas en
occidente, sobre todo en Alemania, que son la base de
los movimientos y organizaciones más provincianos,
autoritarios, xenófobos y reaccionarios de Europa.
Ser amigo de la verdad, pues, no tiene porqué hacer
ecuación con ser amigo de estos sujetos. ¿O
qué piensa usted?