Lima, la Apostatada
Lima, la apostatada
El marido se aburrió de su hembra
y ahora
la apostata “Qué fea está lima, qué gorda está,
qué sucia, no se lava ni los pies”
Ya no es la dulcinea de tu primera pubertad, eterno púber,
eterno florecido
en maldición
Qué rica Lima cuando era novedosa y joven y te lo entregaba todo
a extremidades llenas
(te creyó los versos juveniles y la promesa)
Provecho, Poeta!
Te lo transmitió todo
a sabiendas que publicarías su intimidad
desde tu palestra de fórmulas motorizadas
Lima para transitarla, absorberla,
deshilacharla,
regarla de sudores y de lo demás,
sobre todo de lo demás
y no firmarle luego a los hijos
“Cuáles hijos” le espetarás,
pero ellos están y se te parecen
(alegremente tirabas tus semillas
en los repliegues de Lima
en sus cuchitriles te solazabas
pajareabas sus frutos
la chuleabas)
“Lima, fea, Lima niebla, Lima, quiero escapar de ti
Lima, ya no te quiero, déjame libre, ahora quiero la excitación
de la conquista
la picazón del oncenio en las holletas de mi impalpable bragueta
Lima, me apestas, Lima, te apostato, cómo pude amarte antes?
Si ahora tu halitosis me hiere el estro
Y los remilgos
y tu garúa de espectral gris
me pone blu”
{[pero Lima te dio la sien
y el hongo del laurel
sus bancas despintadas para tu solaz
sus escupitajos en las tapas de desague
para bendecir la suela de tu lengua ]
Y todavía la culpas de que te niegue el sol?}
|