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Los toltecas y Tula El arte tolteca es especialmente conocido por su arquitectura y escultura. En ambas disciplinas se introdujeron innovaciones, aunque el mayor número de ellas se dio en el ámbito de la escultura, donde se usaron figuras funcionales llamadas cariátides que hacían las veces de columnas, portaestandartes y receptáculos, como es el caso de los chac-mooles. Arquitectura Si bien los toltecas utilizaron diversos elementos arquitectónicos que prevalecieron en la región, como es el caso del talud tablero, su mayor aportación fue un nuevo concepto de "espacio interior", pues lograron concebir grandes salones cuyos techos se sostenían por columnatas, antes desconocidas en Mesoamérica. Hasta el momento en que se empezó a conocer el empleo de las columnas por parte de los toltecas, en otras ciudades, como es el caso de Teotihuacan o Monte Albán, los edificios se construían con pequeños cuartos que se componían de celdas también de pequeño tamaño, y rara vez se usaba más de una hilera de pilastras. Los toltecas, por el contrario, no sólo colocaban una hilera de pilastras, sino varias en un mismo edificio. Tula La ciudad arqueológica de Tula está considerada por consenso entre los investigadores como la antigua capital de los toltecas, aunque algunos discrepan con respecto a esta consideración. La ciudad está situada en la zona sur del actual estado de Hidalgo, a unos 60 km al norte de la Ciudad de México y a la misma distancia de Teotihuacan. La ciudad de Tula se sitúa sobre un cerro en el que se abre una gran plaza, en torno a la cual se elevan varias pirámides, juegos de pelota y palacios, mientras que los demás edificios se extienden por las laderas del mismo monte. La plaza, de unos 120 m de lado, tiene en su centro un adoratorio de planta cuadrada con cuatro escaleras en sus lados. Los muros de este basamento, de un solo cuerpo, están realizados siguiendo el modelo tolteca de un talud inferior que soporta un tablero compuesto por una parte hundida alternando con otra saliente. En el lado oriental de la plaza se eleva una gran pirámide escalonada, de planta aproximadamente cuadrada -unos 65 m de lado- y compuesta por cuatro plataformas superpuestas que presentan una plataforma adosada en su parte central, sobre la que se apoya una amplia escalinata limitada por alfardas. En una de estas alfardas se han encontrado ciertos detalles que hacen suponer que este edificio, denominado ahora Edificio C, pueda llamarse Templo de Quetzalcoatl, ya que parece ser que estuvo dedicado a esta divinidad en su calidad de Estrella de la Mañana. En la otra alfarda se descubrió posteriormente una ofrenda que ocultaba un cuchillo de sacrificios. La estructura de los taludes de cada una de las plataformas es, al parecer, idéntica a la del Templo de Tlahuizcalpantecuhtli, al que luego nos referiremos, ya que se observan piedras salientes que servirían para sujetar el revestimiento. Al pie mismo de esta pirámide se ha descubierto una plataforma o basamento de época azteca, lo que prueba que también en este periodo fue ocupada la ciudad, aunque no se conoce aún con cuánta extensión e intensidad. La estructura más importante de las descubiertas hasta ahora en la ciudad de Tula es, sin duda, el Templo de Tlahuizcalpantecuhtli, también conocido como Edificio B. Esta construcción está compuesta por un basamento piramidal de 38 m de lado, con cinco cuerpos o plataformas superpuestas, y cuyos muros presentan una muy leve inclinación y estarían cubiertos originalmente por losas con relieve, de las que quedan restos en el lado este. El perfil de estos muros recuerda algo el Clásico de Teotihuacan; aquí están compuestos por un friso y un tablero verticales, encerrados entre losas salientes, y tienen en su parte inferior un pequeño talud. En el friso se suelen representar, en relieve, jaguares y pumas en actitud de caminar, mientras en el tablero se alternan las figuras de águilas y zopilotes con otras que representan una cabeza humana saliendo de la boca de una serpiente, y cuyo cuerpo es el ave. En el lado sur, al frente del edificio, se abre una amplia escalinata de 9 m de anchura que lleva hasta la plataforma superior, donde se situaría el templo propiamente dicho que, en este caso, debió de estar compuesto por un recinto con techo soportado por cariátides y pilastras monumentales, y al que se entraría por una puerta dividida en tres vanos por medio de dos columnas en forma de serpiente emplumada y en cuyo fondo se hallaría un altar soportado por pequeños atlantes. En la parte delantera de la pirámide, y a los pies de la escalinata, se abriría un pórtico formado por tres filas de 14 pilastras, de las que sólo se conservan las huellas y en cuyo fondo corría un banco de 0,50 m de altura con relieves que representaban una procesión de guerreros pintados con brillantes colores. A unos cinco metros al norte de la pirámide descrita se levanta un muro profusamente decorado, que se conoce con el nombre de Coatepantli. Apoyándose sobre un talud muy levemente inclinado se hallan tres frisos superpuestos, separados por líneas de piedras saledizas, en los que se representan en relieve, en los frisos superior e inferior, líneas de grecas escalonadas y, en el central, figuras humanas que están siendo devoradas por serpientes. El coronamiento del muro presenta una serie de almenas en una forma muy característica de caracol, terminando en ambos extremos por dos portaestandartes.
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