Junto al Templo de Tlahuizcalpantecuhtli, por su lado oriental, se sitúa el Edificio 1, el cual se desarrolla en forma de cámaras o habitaciones en torno a un patio hundido con doce pilastras.
Al lado oeste del mismo Edificio B se halla otra de las más interesantes construcciones de Tula: el Edificio 3 o Palacio Quemado. Es una estructura de carácter residencial compuesta por tres grandes salas de planta casi cuadrada y seis cuartos o habitaciones que se abren hacia los lados sur, oeste y norte mediante tres amplios vestíbulos. Las salas 1 y 3 tenían una techumbre sostenida mediante columnas cilíndricas formadas por un núcleo de madera rodeado de piedra y de las cuales se han conservado escasos restos que demuestran que el edificio fue arrasado por un incendio. Ambas salas presentan en su parte central un pequeño patio rehundido para desagüe y entrada de luz. Los muros de la sala 1, en talud, presentan en toda su longitud un banco corrido, con cornisa y talud. La sala 2, que se sitúa en el centro, presenta pilastras en lugar de columnas, pero tiene igualmente un patio rehundido en el centro. En el banco que recorre los muros de esta sala apareció un friso en relieve representando una procesión de guerreros o caciques con abundantes restos de policromía. En esta sala se descubrieron también dos chac-mooles. Las puertas de ingreso a estas salas, que no se comunican entre sí, se abren hacia los lados este, sur y oeste, respectivamente. Los llamados cuartos 1 a 6 se sitúan hacia el lado Norte. Los cuartos 1, 5 y 6 abren sus puertas en el vestíbulo norte, y los otros tres se comunican directamente con la sala 2.
Los vestíbulos mencionados se distribuyen de manera parecida. El vestíbulo sur consiste en dos filas de pilastras semejantes a las del pie del Templo de Tlahuizcalpantecuhtli. Por el contrario, los soportes de los vestíbulos oeste y noreste son columnas en dos o posiblemente tres filas. En los tres vestíbulos hay bancos corridos semejantes a los del interior de Palacio Quemado.
Se han descubierto y excavado dos juegos de pelota: uno de ellos se sitúa al norte del Coatepantli, mientras el otro limita a la plaza central de Tula por su lado oeste; el primero es idéntico al de Xochicalco y presenta dos plataformas con un muy leve talud de unos 6 m de anchura y dos patios laterales en los extremos, con nichos en sus muros, como los del juego de pelota de Monte Albán.
Fuera de la gran plaza hay que señalar el Edificio D, que presenta una planta rectangular con escalinata en el lado oriental; y a unos 6 km del grupo principal debe citarse, por último, el Cielito, que tiene una estructura semejante a la de los edificios descubiertos por Charnay, es decir, que está compuesto de numerosos cuartos y patios con pasillos y escaleras intermedios.


Escultura y relieve
La escultura y los relieves toltecas están en íntima relación con la arquitectura y
deben mencionarse aquí unas curiosas figuras conocidas con el nombre de Chac-Mooles, cuya distribución es tan extensa en toda Mesoamérica como lo es la cultura tolteca, y así encontramos -además de los hallados en Tula- trece ejemplares en Chichén Itzá, uno de gran tamaño en Quintana Roo, otro en San Salvador y uno más en Michoacán. Consiste esta escultura en la representación de una figura humana recostada o acostada sobre la espalda, con las piernas generalmente flexionadas y sosteniendo un recipiente sobre el vientre o dejando una zona allanada en esta parte, quizá con el fin de servir de soporte para algún objeto que desconocemos. Los chac-mooles encontrados en Tula aparecen generalmente sin cabeza o con la cabeza fracturada y a gran distancia del cuerpo, lo que indica que fueron destruidos intencionadamente y con saña. Únicamente se conservaron con cabeza dos ejemplares, uno cubierto por las ruinas del Palacio Quemado y otro en su lugar.
Tanto las figuras mencionadas como los atlantes, cariátides y portaestandartes presentan características estéticas semejantes que descubren a un pueblo de meseta concentrado y silencioso. Sus formas son estáticas y hieráticas. Hay riqueza decorativa y de detalle, pero dentro de una gran mesura y quietud en el conjunto. Son, por tanto, una continuación del arte escultórico teotihuacano y un antecedente del arte azteca, que sigue una línea común, aunque en este caso se haya perfeccionado la técnica del escultor.
Los relieves, sin embargo, presentan una mayor variedad y movimiento, aunque siempre dentro de una gran mesura. Los jaguares, águilas y zopilotes, así como las figuras antes descritas en los frisos del templo de Tlahuizcalpantecuhtli, tienen vida y algo de movimiento, pero sobre todo tienen una gran riqueza ornamental y de detalle que les da un brillo especial. Es, sin embargo, en los frisos procesionales donde hallamos un máximo aliciente y una más elevada concepción de la escultura, que se combina además con la pintura para dar mayor brillo a la representación.
La concepción de los dos frisos de guerreros o caciques encontrados en Tula -en el templo de Tlahuizcalpantecuhtli y en la sala 2 del Palacio Quemado- es semejante. Ambos se hallan situados en el muro de un banco corrido. Ambos se dividen en un friso con la representación principal y en una cornisa que corre, sobresaliendo sobre el friso, en la que se representan serpientes. En el friso primeramente descubierto se representa una procesión de señores que caminan hacia la imagen de Quetzalcoatl, acaso en funciones de Tlahuizcalpantecuhtli. El fondo general es rojo índigo; las plumas, adornos de jade, mosaicos y piedras preciosas se hallan pintados en azul cerúleo; las plumas, colgajos, signos de la palabra, etc. aparecen en amarillo; en blanco, las grecas, ojos, etc.; en ocre anaranjado, la piel humana, y el negro se utiliza para filetear los contornos y hacer más fuerte el bajorrelieve. En el friso descubierto en 1950 en el Palacio Quemado se han encontrado trece caciques en procesión, pintados con los mismos colores y siguiendo el mismo sistema de representación.
Por último, en el Cerro de la Malinche, cerca de Tula, se descubrió un bellísimo relieve, muy probablemente de cronología tolteca, en el que se representa la figura de un individuo cuyo nombre calendárico, Ce acatl, lo identifica como el mítico fundador y héroe de Tula, Quetzalcoatl (´Serpiente Emplumada´). En este caso, Ce acatl, cuyo rostro ha quedado prácticamente destruido, se sangra el lóbulo de la oreja izquierda con un punzón de hueso. La figura de Quetzalcoatl se muestra por encima de una serpiente emplumada en forma de zig-zag.


Página principal | Atraz
Hosted by www.Geocities.ws

1