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NASA:
¿expansión tecnológica o clientelismo político?.
Por: Mark Baard. Las maravillas técnicas de la NASA que se ven en la película Apollo 13 deben de hacer que más de uno piense, "¡Ojalá se pudiera aplicar esa idea para crear un desodorante para armarios!" Pues bien, gracias a una iniciativa de la NASA, el Space Alliance Technology Outreach Program (SATOP o Programa de Alianza para la Divulgación de Tecnología Espacial), un grupo de ingenieros espaciales están haciendo precisamente eso y mucho más. El programa, en cuyo marco ingenieros de la NASA aportan sus conocimientos y experiencia al desarrollo de tecnología para nuestro planeta, dio origen a inventos novedosos como implantes nasales que permiten filtrar el aire, una máquina recolectora de fruta y el desodorante para armarios DampRid. Pero algunos se preguntan si no se tratará de un nuevo caso de uso indebido de fondos con fines demagógicos o proselitistas. Hace ya tiempo que los defensores de la NASA vienen promoviendo este tipo de usos derivados de la tecnología desarrollada por la agencia, puesto que significan una importante fuente de ingresos para llevar adelante programas espaciales. Tomógrafos computados, adelantos en robótica y el desarrollo de objetos cotidianos como las herramientas inalámbricas y el software estabilizador de imagen para videocámaras hogareñas, todos ellos son producto de investigaciones y desarrollos llevados a cabo por la NASA. En este sentido, SATOP cumple con lo que promete. A lo largo de 90 días, los ingenieros que participan del programa dedican hasta 40 horas de su trabajo ad honorem para concretar proyectos de pequeñas empresas que fueron previamente seleccionados. Uno de los afortunados beneficiarios fue el Myers Dance Studio con sede en Schenectady (Nueva York), donde un ingeniero en robótica de la empresa Lockheed Martin, de Houston, se ofreció como voluntario para mejorar la acústica del estudio con reductores de sonido diseñados especialmente para el lugar. El estudio está situado en un edificio enorme y oscuro donde la música resonaba al rebotar contra las paredes de hormigón, provocando un efecto "realmente doloroso", según Alice Manzi, escenógrafa del Northeast Ballet Company, una compañía estable del estudio. "Ahora logramos resolver el problema," aseguró. La Technological Research and Development Authority (Agencia de Investigación y Desarrollo Tecnológico) del estado de Florida puso en marcha el SATOP en 1995. Desde entonces, el programa habría creado o preservado más de 1.000 puestos de trabajo en el estado, y producido 47 millones de dólares en ingresos provenientes de ventas, más 23 millones de dólares en inversión de capital. En 2002, el SATOP se extendió a los estados de California, Texas, Nueva México y Nueva York.
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