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Globalización.
Por: C. P. José Enrique Briceño Rodríguez. Ningún país puede o debe de permanecer aislado de la dinámica de la economía mundial, pero esto no significa que la orientación teórica del libre comercio sea la única, ni mucho menos la mejor forma de insertarse en la globalización. La dinámica de la economía y del comercio mundial es una realidad a considerar en cualquier esfuerzo destinado a elaborar un proyecto de país si se quieren plantear programas viables y sustentables. Pero nos oponemos a permitir que el mercado mundial defina, con la anuencia de nuestros gobiernos, el futuro de nuestros países y de nuestros pueblos. El lugar que nos han asignado en este sistema económico globalizado no es aceptable. Debemos construir democráticamente en nuestros países un proyecto nacional de desarrollo sustentable y, desde ahí, insertarnos en la dinámica económica mundial. Según el enfoque dominante de libre mercado, el mercado mundial por si mismo asigna y desarrolla las mejores posibilidades para cada país. El libre comercio no trata solamente de abrirnos al comercio mundial, es renunciar a ser sujetos activos de nuestro futuro y dejar que el mercado decida por nosotros. De acuerdo con este postulado no es necesario pensar que país queremos y podemos ser, simplemente hay que eliminar cualquier traba al mercado, y el mismo se encargará de ofrecernos el mejor de los países. Las diferencias entre el planteamiento dominante y la visión alternativa propuesta en este documento no descansan en si aceptamos o no la apertura del comercio. Las disyuntivas fundamentales son las siguientes: 1.- El tener un proyecto nacional y luchar activamente por él, o no tenerlo y dejar al mercado la definición del proyecto nacional. 2.- Si se regula o no supranacionalmente el capital, especialmente el especulativo. La tendencia reciente ha sido dar libertad absoluta a los capitales, incluidos los especulativos, para mover el mundo al ritmo de sus intereses. La historia ha demostrado que el mercado por si mismo no genera desarrollo y mucho menos justicia social. Nosotros, en cambio, proponemos una economía mundial regulada nacional y supranacionalmente de tal manera que se asegure la paz, la democracia, el desarrollo sustentable y la estabilidad económica con bienestar social tanto nacional como internacionalmente. La posición al respecto es muy clara: debemos actuar como interlocutores válidos en este dialogo sobre la globalización y no al margen de el. Debemos negarnos a aceptar que la globalización neoliberal en curso es un proceso irreversible. Es necesario no solo aminorar sus consecuencias negativas, sino proponer una alternativa viable. Debemos buscar como aprovechar la globalización con creatividad y no someternos a ella pasivamente. Los ciudadanos de este continente nos negamos a ser regidos por la ley de la oferta y la demanda. Reivindicamos nuestro papel como individuos y no como simple mercancía sujeta a las leyes del mercado.
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