arte
y cultura |
cine |
fotografía |
deportes |
música |
literatura |
política |
sociedad contemporánea |
tecnología |
agenda |
links |
contacto |
Continuación El Anatomista. Finalista del Premio Planeta y ganador del Primer Premio de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat, El Anatomista irrumpe en la escena literaria con un trabajo que le ha merecido el aplauso internacional. No por nada The New York Times lo reconoció como “uno de esos raros libros que aparecen cada tanto”. Poseedor de una narrativa envolvente y relajada, el escritor argentino añade a su ópera prima toques de ironía y buen humor que ayudan a llevar a buen puerto la empresa. Por otro lado, siendo como es, un baluarte de la novela gótica moderna, El Anatomista trae a la memoria otro emblemático del género: El Perfume, de Patrick Suskind. Como colofón y a manera de “probadita”, me he permitido agregar un pequeño fragmento del texto que hoy nos ocupa, esperando haga las veces de buscapiés y a más de tres los tome como incautos lectores de un buen libro para (no) leerse en familia. En
una ocasión, impaciente quizá por la larga y obligada continencia,
un prestigioso doctor desvistió a una de las campesinas allí
mismo, en la morgue, en medio de todos los muertos y, en el momento glorioso
de una sublime fellatio, entró en el
lúgubre subsuelo el párroco de la Universidad, quien momentos
antes había visto entrar al “cadáver” que ahora
gemía, gritaba y se revolvía. El ilustre doctor tardó
un momento en advertir la presencia del deífico visitante que,
absorto, miraba las esmirriadas piernas del catedrático y su no
tan esmirriada verga bullente que salpicaba la proporcionada humanidad
de la “difunta”. Cuando, después del último
estertor, vio al párroco parado en el vano de la puerta, sólo
atinó a gritar, con una mueca desorbitada: (1) El saber enciclopédico y el virtuosismo multi-disciplinario es propio de la etapa renacentista. Basta recordar a Da Vinci, Miguel Ángel y Rafael, por citar los más grandes.
|