arte y cultura
cine
fotografía
deportes
música
literatura
política

sociedad contemporánea

tecnología
agenda
links
contacto

 

 

Continuación El Anatomista.

Finalista del Premio Planeta y ganador del Primer Premio de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat, El Anatomista irrumpe en la escena literaria con un trabajo que le ha merecido el aplauso internacional. No por nada The New York Times lo reconoció como “uno de esos raros libros que aparecen cada tanto”.

Poseedor de una narrativa envolvente y relajada, el escritor argentino añade a su ópera prima toques de ironía y buen humor que ayudan a llevar a buen puerto la empresa. Por otro lado, siendo como es, un baluarte de la novela gótica moderna, El Anatomista trae a la memoria otro emblemático del género: El Perfume, de Patrick Suskind.

Como colofón y a manera de “probadita”, me he permitido agregar un pequeño fragmento del texto que hoy nos ocupa, esperando haga las veces de buscapiés y a más de tres los tome como incautos lectores de un buen libro para (no) leerse en familia.

En una ocasión, impaciente quizá por la larga y obligada continencia, un prestigioso doctor desvistió a una de las campesinas allí mismo, en la morgue, en medio de todos los muertos y, en el momento glorioso de una sublime fellatio, entró en el lúgubre subsuelo el párroco de la Universidad, quien momentos antes había visto entrar al “cadáver” que ahora gemía, gritaba y se revolvía. El ilustre doctor tardó un momento en advertir la presencia del deífico visitante que, absorto, miraba las esmirriadas piernas del catedrático y su no tan esmirriada verga bullente que salpicaba la proporcionada humanidad de la “difunta”. Cuando, después del último estertor, vio al párroco parado en el vano de la puerta, sólo atinó a gritar, con una mueca desorbitada:
-¡Miracolo! ¡Miracolo! - e inmediatamente se puso a perorar acerca de su reciente confirmación de las teorías aristotélicas sobre el hálito que transportaba el semen en su caudal, que, a decir del metafísico, producía la vida. Y que, por qué no, si el semen era capaz de producir aliento vital en la materia y engendrar, cómo no habría de ser posible, por la misma razón, que resucitara a los muertos, decía mientras se acomodaba la verga - todavía un poco tiesa - debajo de las ropas.

(1) El saber enciclopédico y el virtuosismo multi-disciplinario es propio de la etapa renacentista. Basta recordar a Da Vinci, Miguel Ángel y Rafael, por citar los más grandes.

Siguiente
Hosted by www.Geocities.ws

1