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Editorial
Delitos sexuales.

Durante los últimos meses se ha acrecentado el número de delitos sexuales en Sonora. Varios han salido a la luz pública por sus características de violencia y salvajismo. Hace poco se dio a conocer el caso de una empleada doméstica que sufrió abuso sexual por parte de una jauría de adolescentes. En una carta que circula por la Internet y otros medios, se explica cómo las autoridades permitieron la impunidad de éstos salvajes delincuentes, simplemente porque pertenecen a familias acomodadas de Hermosillo, incluyendo al hijo de un político. Desde aquí le exijimos a ese político que renuncie a su carrera de vividor del dinero público, porque una persona que no puede educar ni siquiera a su familia nada puede hacer por la comunidad.

La brutalidad continúa, se acaba de dar a conocer la noticia de que un jóven de 14 años abusó de una niña de seis, ¿qué está pasando? Se pregunta uno con rabia. Hay tres cuestiones que debemos reconsiderar para evitar que actos de esta naturaleza sigan ocurriendo:

1) Prevención. La mejor manera de prevenir un abuso sexual es la precaución, todas las personas son vulnerables a este tipo de ataques y se debe tener cuidado en con quién y dónde anda. En el caso de los menores de edad, ellos son responsabilidad de sus padres. Es mejor ser desconfiado y hasta paranoico con quienes cuidan o se acercan a los niños y niñas, que ser negligentes y no poder prevenir un abuso.

2) Educación. En los casos más recientes, los delincuentes han sido jovencitos. Es necesario que se eduque a las personas desde la infancia, hablando abiertamente sobre la sexualidad, para evitar que crezcan como personas enfermizas y con traumas que perjudican a terceros. Esta responsabilidad recae principalmente en padres y maestros.

3) Castigo. Se debe aplicar todo el peso de la ley sobre los violadores, no deben tener derecho a ningún atenuante en su juicio y condena. Las penas deben elevarse para los criminales sexuales de cualquier edad y género, y que reciban un castigo severo que, por más grande que sea, nunca compensará el daño que provocan a sus víctimas.

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