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Continuación Ganó “La Marea Roja” (y Walt Disney).
Los Ángeles, no Serafines, Angelinos o Querubines, como insistieron en toda la serie los colegas de Televisa, terminaron finalmente con una historia marcada por frustraciones y mala fortuna sobre su parque de béisbol del que decían estaba “maldito” “o embrujado” por haber sido construido sobre un panteón y donde a partir de 1961 no habían ganado ni tan siquiera un play off.
Pero, así como la historia le cambió favorablemente a aquel
improductivo Bonds de postemporada, también a los Ángeles
les sucedió lo mismo: Sin embargo, el equipo dirigido por Mike Scioscia se recuperó de ambas situaciones para regresar a la postemporada por primera vez desde 1986 y llegar al ansiado campeonato. Dominó el bateo Sin duda, el pitcheo efectivo brilló por su ausencia. Para empezar, ninguno de los lanzadores llegó a la séptima entrada... carajo. Además, se impuso un nuevo récord de más cuadrangulares entre ambos conjuntos con 21, con 14 de ellos por parte de los Gigantes. También, entre otras muchas marca, Anaheim ligó cinco partidos conectando por lo menos 10 imparables, algo nunca visto en estas confrontaciones. Fue la octava ocasión consecutiva en que un séptimo juego del “Clásico de Octubre” es ganado por el equipo local y, en general, ello ha ocurrido 35 veces con 18 triunfos para los de casa por 17 de los visitantes. El séptimo y decisivo de la coronación
Cuando llegó en séptimo choque, todos los expertos vaticinaron que Ángeles tenía todo para ganar. Después de todo, habían remontado en forma por demás increíble ese 5-0 en el sexto juego. Y con todo y que el pitcheo les había representado su punto más débil (en realidad también de Gigantes), sin embargo fue esa especialidad la clave para que Anaheim pudiera recuperarse de una desventaja inicial de una carrera y mantener a raya a los grandes cañones de los de la bahía. Precisamente, John Lackey, el abridor de Anaheim con apenas tres días de descanso, se convirtió en el primer novato en ganar un séptimo juego de Serie Mundial, desde que Babe Adams, de Pittsburgh, lo hiciera en 1909 contra Detroit. Lackey (1-0) trabajó cinco entradas en las que espació cuatro imparables y aceptó la única carrera rival, con una base por bolas y cuatro ponches. El cuerpo de relevistas tuvo una labor impecable y blanqueó a los monarcas de la Liga Nacional en las siguientes cuatro entradas. Brendan Donnelly lanzó sexta y séptima con un imparable en contra, el único que recibió de 21 rivales oficiales que enfrentó, un pasaporte y un ponche. Por su parte el novato sensación de Venezuela, Francisco Rodríguez, de sólo 20 años de edad, se encargó de la octava, regalando una transferencia, pero ponchando a tres. Finalmente, colorín colorado, Troy Percival entró en la novena y aunque permitió un imparable y regaló una base por bolas sacó los tres outs para lograr su tercer rescate de la campaña y séptimo de esta postemporada... y este cuento se ha acabado.
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