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Continuación Aronofsky bajo la mirada expresionista. En la otra película, (Réquiem para un sueño, EU, 1999), existen varios elementos que ya se comentaron en la película anterior ¿Cuáles son? Angustia, tensión, terror, sufrimiento y sobre todo con mayor acentuación: miseria, desesperación y depresión. Ya son varios los que han dicho (que ni siquiera voy a citar), que está película visualiza la muerte para el sueño americano. Creo, que esta película se vuelve un poco más compleja, debido a la forma en que está contada. Tiene cambios de ritmos en las escenas (lentas y rapidas), planos separados, montajes en paralelos, efectos visuales más elaborados, y sobre todos intervienen más personajes en la historia. Cuatro personajes, que ven sus sueños frustrados, a partir de una cadena creciente de tragedias. Sara Golfarb (Ellen Bustyn); su hijo Harry Goldfarb (Jared Leto); Marion Sylver, la novia de Harry (la mamacita Jennifer Connelly) y el amigo Tyrone C. Love (Marlon Wayans), los último tres adictos a la heroína. Si bien, en Pi sobresalía la tensión, esta película también hace concierto de ella, pero el ambiente no solo hace clímax en la paranoia, sino termina en un desgarre frustrante de emociones gracias a la errante búsqueda del amor y felicidad. Réquiem... como comentábamos, más compleja en imagen, montaje y sonido (debido a la mayor inversión), resulta también llena de detalles visuales y de encuadres fantásticos; como aquel en el que Harry y Tyrone, van caminando por la calle con un televisor que el primero acabara de robarle a su madre y de fondo está una montaña rusa, abandonada, invadida por una enredadera, donde los colores son muy brillantes y los oscuros o negros muy negros, como si fuera una lejana visión del sueño. Otra, donde Sara, está alucinando que está en televisión, y la gente del programa se sale en forma de espectro digital a burlarse de ella. Escenas gore, porno-hard-core, son solo unas de las cosas que esta película experimenta, pero todas creadas para provocar angustia. Si bien hablábamos del expresionismo, no creo que toda esta corriente se agote con los elementos que aquí resalto, ni tampoco creo que Aronofsky sea un director-autor netamente expresionista. Ahora bien, si al principio decíamos que en las obras de expresionismo se encuentra un ahogado grito de sufrimiento, Aronofsky es un niño alegre que canta con las anginas dolorosamente inflamadas de infección, aunque él no sea netamente expresionista.
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