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Aronofsky bajo la mirada expresionista. Por: Edgar Aguilar. Más que un corriente artística, el expresionismo es una forma estética de sentir, aunada a la necesidad de expresar el mundo por medio de subjetividades, conformadas por detalles técnicos, que reflejan un grito de sufrimiento, un choque en la percepción de los espacios o realidades. De esta forma, la angustia, el terror, la miseria y la opresión suelen ser temas frecuentes del expresionismo. ¿Existe alguna similitud en esta corriente y la obra cinematográfica (apenas comenzada) de Darren Aronofsky? ¿Estan dentro de la odisea visual (por no decir: viajesote) de Aronofsy, tales elementos de angustia? Quizás, el elemento narrativo por excelencia, en este joven autor es, sin duda, la tensión, por supuesto que una tensión creada a través de una visión desbordante, exagerada (hechas a propósito de las historias), sin embargo sumamente estética y muy bien cuidada. Si bien, tomamos en cuenta su primer película El orden del Kaos (Pi, EU, 1998), película con formato en blanco y negro, en la cual se cuenta una historia que se va cargando de un ambiente tenso, que va de la curiosidad y la expectativa a la paranoia de Maximillian Cohen (interpretado por Sean Gullette), de un ser casi ermitaño recluido en un universo de cálculo matemático, aislado de sentimientos debido a su obsesiva tarea de encontrar un patrón numérico (relacionado o basado en el Pi), que explique el caos y su cíclica repetición. Esta obsesión, le vale a “Max” verse acosado y perseguido por una compañía de Wall Street y una secta Cabalística Judía. De una manera, fría, seca, dura y estremecedora, pero siempre con esa visualidad característica del ensueño, la película se va desarrollando con un ritmo increscendo (acelerado paulatina o progresiva de los actos), en el que poco a poco Max va entrando en una desesperación provocada por las alucinaciones, el dolor de jaquecas y la gradual adicción a los calmantes de dolor.
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