|
La
Religión en Roma: solo una cuestión
de Estado
Cada aspecto de la vida tenía su divinidad
protectora, existían divinidades que protegían
a los soldados y otras el horno de casa!
En
la Antigua Roma, cada día y cada momento
estaban relacionados con una divinidad lo cual
podría llevarnos a hipotetizar que los
romanos eran, como decimos hoy, gente de fe, pero
la verdad es todo lo contrario: la vida religiosa
romana no se diferencia de la vida de nuestros
"fieles modernos" y se basaba en la
apariencia y en el control de las masas.
¿Cuántas
veces hemos criticado a nuestro vecino de casa
porque los domingos va a misa o porque reza antes
de comer y luego, en su cotidianidad, se comporta
como el peor de los canallas? Pues bien, si nuestro
vecino fuera un antiguo romano lo juzgaríamos
de la misma forma!
¿Quién no ha pensado alguna vez
"la religión y la política
siempre van de la mano"? Pues esta mano es
larga y se extiende hasta 2 mil años atrás.
La
identidad popular
En
mil años de historia el "buen ciudadano"
romano pasó del politeísmo griego
y etrusco
al monoteísmo cristiano; del culto del
Emperador divinizado a las religiones orientales
pero siempre mantuvo una cierta línea:
el culto, no importaba cual, representaba el Estado
y todos debían participar, este es otro
de los secretos de la unidad del Imperio.
La religión tradicional, y común
a los demás pueblos mediterráneos,
seguía el ciclo de las estaciones, es el
caso de las celebraciones de Floralia, en honor
a Flora, o Cerialia, en honor a Ceres.
La misma tenia raíces antiquísimas
y como en muchas otras culturas el rey de la Roma
arcaica era, en primer lugar, un sacerdote y no
un administrador de justicia. El rex era el puente
(pons) mediante el cual el pueblo comunicaba con
la divinidad, como hoy en día el papa lo
es para los cristianos, y las funciones espirituales
y administrativas coincidían.
En
paz con los dioses
El
primer mandamiento era respetar los procedimientos
rituales ya fuera en el culto público que
en el privado y en este último era el páter
familias el que adoptaba la función del
sacerdote. El sistema religioso romano consideraba
separados el mundo de los humanos y el de los
dioses, si el hombre violaba este pacto de separación,
rompiendo el equilibrio, las divinidades se enfadaban
y entraban a formar parte de las cuestiones humanas
con consecuencias catastróficas.
Por este motivo existía la necesidad de
mantener una cierta dosis de comunicación
con los dioses y la misma se realizaba a través
de los sacrificios y de los métodos de
adivinación.
Es importante notar la enorme influencia etrusca
que este sistema de creencias representa, ya que
fueron los Tyrrenos los primeros itálicos
en perfeccionar el arte de la adivinación
y, como consecuencia, a comunicar con las divinidades
para comprender su voluntad; los romanos se limitaron
a adoptarlo, perfeccionarlo y, en un segundo momento,
a simplificarlo, pues tenían mejores cosas
que hacer que comunicar con seres sobrenaturales
para saber lo que pensaban.
Hágase
tu voluntad
Entre
los métodos de adivinación más
populares se encontraba la interpretación
del vuelo de las aves (de aquí deriva la
expresión moderna "pájaro de
mal augurio", muy utilizada en Italia) la
cual era reservada a los augurios, muchos de ellos
de origen etrusco. Otro método utilizado
era la lectura de los órganos de los animales
sacrificados, materia exclusiva de los haruspex
etruscos. En casos extremos se consultaban los
Libros Sibilinos y, a diferencia de Grecia, rara
vez los oráculos.
Todos
los dioses están invitados a Roma!
En
Roma existía una antigua ceremonia, llamada
evocatoio, mediante la cual las divinidades de
las ciudades enemigas eran invitadas a la Urbe,
recibidas con solemnes ceremonias y posicionadas
en altares especialmente realizados para la ocasión.
Esta práctica, en apariencia absurda e
irracional, tenia como objetivo privar al enemigo
de la protección de sus dioses y atemorizar
a los pueblos supersticiosos.
Si la ocasión lo permitia, la estatua era
robada y llevada a Roma, de lo contrario se le
construía un templo y la divinidad era
invitada a la ciudad. A partir de ese momento
el nuevo dios pasaba a formar parte de la larga
lista de dioses romanos (la mayor parte adoptados).
Una
actividad, un dios
En
los últimos años del Imperio en
Roma se adoraban más de 30 mil divinidades/entidades,
una para cada aspecto de la vida: Fabulita precedía
las primeras palabras de los niños (de
aquí la palabra "fábula"
que indica las primeras lecturas infantiles),
Fornax ayudaba a cuidar el horno de casa (de aquí
deriva la palabra "forno" que, en lengua
italiana, significa nada menos que horno), Pomona
protegía los arboles de fruta...
De este modo las autoridades se aseguraban la
fidelidad del pueblo hacia los dioses y, de consecuencia,
hacia sus sacerdotes ya que desde sus orígenes
Roma asignó un flamen a cada divinidad
y siendo estos últimos representantes del
poder, no es difícil imaginar el enorme
control que los poderosos ejercitaban en las masas
a través de la religión.
Los
misterios de Oriente
La
influencia griega provocó una crisis en
la religión del Estado cuando de Oriente
llegaron las religiones mistéricas: "se
trataba de cultos antiquísimos y extraños
a la cultura romana, ya que los mismos no eran
administrados por los sacerdotes estatales, por
este motivo no podían ser controlados...".
Esta crisis fue contrastada con la expulsión
de los magos, astrólogos orientales y filósofos
no ortodoxos y además se introdujo el culto
del Emperador que consistía en la divinización
de esta figura después de la muerte (los
primeros fueron César y Augusto).
No
obstante estas estrategias, los cultos
orientales fueron adoptados por miembros de
la corte, entre éstos el más popular
fue el de Isides, adoptado por Calígula
que mandó realizar un templo en su honor.
No menos importante era el culto de Mitra, muy
popular entre los soldados, divinidad cuyas características
son similares a las de Jesús. Ambos cultos
sobrevivieron hasta la Edad Media en diversas
zonas de Italia hasta que, gracias al fenómeno
sincrético, fueron asimilados a los cultos
de la religión dominante; de este modo
Isides fue transformada en santa Ágata
(fiesta que se celebra actualmente en Sicilia)
y Jesús adquirió algunas de las
características de Mitra.
La
legalización del cristianismo
Se
dice que casi 800 anos después de la fundación
de Roma, en Jerusalén, un tal Jesús
murió en una cruz y, si bien no existen
pruebas históricas de los hechos, este
mito cambió la historia del mundo. Inicialmente
el cristianismo era visto como una más
de las tantas sectas orientales y nadie creyó
que la misma podía representar una amenaza.
El problema se inició cuando el mismo comenzó
a penetrar en los ambientes aristocráticos,
amenazando la ya delicada estabilidad de la religión
pública, hasta transformarse en la religión
oficial suplantando un paganismo sin pies ni cabeza
que no era otra cosa que pura formalidad.
Constantino...el
grande?
Conocido
como el Emperador que se convirtió al Cristianismo
cuando vio una cruz con las palabras "In
hoc signo vinces" (con este símbolo
vencerás) antes de la batalla de Ponte
Milvio en el 312 d.C, era sólo un astuto
oportunista y un político calculador.
En aquella época, los sucesores de Diocleciano
habían comprendido que la iglesia cristiana,
que contaba con millones de adeptos, era demasiado
fuerte para ser contrastada, por lo tanto, fueron
promulgadas leyes de tolerancia hacia los cristianos
hasta llegar al extremo acto de declarar el cristianismo
como religión oficial.
El oportunismo de Constantino se nos hace evidente
a partir del momento en el que después
de su hipotética conversión jamás
pidió ser bautizado y, se cree, continuó
adorando las viejas divinidades en la intimidad
de su hogar.
Concentrando
los poderes de todas las divinidades en una sola
entidad universal, el Estado se aseguró
el control absoluto de la religión del
pueblo y creyó poder evitar lo inevitable:
la caída de una civilización que
ya no tenía razón de ser.
Fuentes:
Focus Extra autunno 2002 L'impero Romano e Noi
La Favola di Cristo, Luigi Cascioli
|