El viaje a la ciudad
perdida
Norberto Compte
Extraído
de Hitler y
el
Nazismo Mágico cuaderno n° 1 1984. (78 Langestrasse,
Frankfurt-am-Main, 1962)
-Usted, mi
escéptico amigo que niega a priori toda posibilidad de
comunicación con los difuntos debe al menos aceptar en este caso
un cúmulo de coincidencias significativas. Nosotros hostiles
siempre al cartesianismo, creemos sin embargo que una fuerza numinosa
lo trajo aquí con el pasaporte...-
-¿Quiere decir
usted que la libreta es un pasaporte?-
-Los que ahora estamos
reunidos- continuo Ziegler desoyendo mi
interrupción -junto con el Conde Wolfram von Augensberger
trabajamos en
1938 en el Instituto Luis Tieck de Metafísica Aplicada. Era uno
de los
tantos centros oficiales secretos en las afueras de Berlin donde se
llevaban a cabo toda suerte de singulares experimentos. Hoy en
día
algunas de nuestras investigaciones de entonces podrían
encuadrarse
dentro de la moderna parapsicología. El Instituto estaba
dirigido por
el coronel Bruno Trabant, hermano de Wilhem Trabant, que
años mas tarde fuera comandante de las S.S. Waffen “Horst
Wessel” en Hungria, aunque dependía financieramente de Rudolf
Hess. Sin
embargo a mediados de mayo de 1941, luego del imprevisto “viaje
secreto” del Alto Comisionado a Escocia, la Gestapo, por orden de
Bormann, incendio las instalaciones y asesino a todo el personal. El
coronel Trabant se salvo milagrosamente gracias a la
intervención del
propio Hitler aunque dos años después perdió la
vida en
Stalingardo.-
El ciego hizo una pausa,
estiro el brazo y con una precisión matemática
tomo la copa vacía en la cual Max vertió otra vuelta de
coñac.
-Trabant- continuo con
tono mesurado -nos había elegido a nosotros
cuatro y a Wolfram para viajar a Oriente en una misiona confidencial.
En
la avanzada transhimalaya de Kermo, en el desierto de Takla Makan,
debíamos ponernos en contacto con el delegado tibetano del Sexto
Pachen
Lama, quien nos daría el pasaporte y las indicaciones
geográficas para
localizar Shambullah, una misteriosa ciudad en el corazón del
Asia
Central. Sundar Singh , un sadhu o santurrón hindú que
había vivido en
Llahsa, le confió a Hess, a su paso por Berlin en 1936, conocer
la
ciudad donde moraban seres dueños de poderes supra humanos. El
“egipcio” se entusiasmo con el relato pero no logro persuadir al
taumaturgo para que le revelara el sitio exacto de aquel centro
fabuloso. Consiguió sin embargo que el sadhu le diera una carta
de
presentación y un antiquísimo anillo forjado por un metal
no terrestre
para su amigo Nyan-Tsan, el Delegado Tibetano en Kermo. El indio le
aseguro a Hess que, contra entrega de la misiva y la rara sortija,
Nyan-Tsan no vacilaría en otorgarle a él y a quienes
designara
en su lugar, un pasaporte para Shampullah con el itinerario para
arribar hasta aquel recóndito lugar. Wolfram, entretanto,
investigo por
su parte y recogió una magra aunque importante
documentación llena de
referencias, fechas y exploraciones realizadas para localizar
Shambullah, a través del curso de los últimos tres
siglos. Recuerdo que
que en cierta ocasión nos reunimos en la pequeña sala de
proyecciones del Instituto y vimos un filme asombroso rodado
especialmente rodado para Rudolf Hess por la propia Leni Riefenstahl.
Tuvimos así la oportunidad de observar las proezas
psíquicas de Sundar
Singh y sus discípulos. Gran parte de aquella fantástica
película
mostraba dramáticas secuencias donde abundaban las levitaciones,
desmaterializaciones, movimientos de objetos a distancia y
telepatía.
Había una escena en la cual Singh formaba con sus seguidores un
circulo
y hacían germinar mentalmente un puñado de semillas de
manzana en
el termino de segundos. Sin embargo, según Wolfram, lo que mas
le interesaba al “egipcio” (Rudolf Hess) de todos aquellos prodigios
eran las posibilidades entorno a la gerontología. Las
técnicas de
rejuvenecimiento que le sandhu había conseguido en Shambullah y
de las
cuales el hindu era un ejemplo viviente. En efecto las averiguaciones
secretas hechas por los agentes del Alto Comisionado coincidían
en
señalar que Singh había nacido en la India en el estado
de
Manipur en 1852. En 1936, cuando viajo a Berlin y se rodó el
filme,
apenas aparentaba treinta años aunque en realidad tenia
cronológicamente ochenta y cuatro.-
-El primero de julio de
1939 partimos de Berlin rumbo a Cachemira y
allí, con la ayuda del cónsul alemán contratamos
un guia Balti
especialmente elegido para tan difícil misión. Desde
Cachemira
proseguimos en tren hacia Nueva Delhi y fue entonces cuando comenzamos
a sufrir toda una suerte de inenarrables tropiezos que pasare por alto.
Cruzamos finalmente la cadena montañosa de Karakorum. Remontamos
el Khotan y nos internamos en ese dédalo del Turkestan chino que
es el
Takla Makan. En un punto situado a los 85° de longitud Este a unos
350 kms al norte de Kermo hallamos la antiquísima lamaseria
tibetana de
Rigden Jiepo, donde Nyan-Tsan,el amigo del sadhu indio, nos
recibió sin
mucho entusiasmo.
Wolfram, que era un
brillante sinologo y hablaba corrientemente la
lengua del Tibet, le entrego la carta pero deliberadamente retuvo el
anillo pues supuso que Nyan-Tsan rehusaba, con los pretextos mas
inverosímiles, redactar el pasaporte sin el cual obviamente no
podríamos llegar a Shambullah. Cuando llevábamos ya
negociando con el
tozudo monje casi una semana sin obtener mas que evasivas de su parte,
Wolfram furioso le mostró el anillo y blandiendo un martillo de
geólogo
amenazo con dañarlo si no nos entregaba el preciado
salvoconducto con las correspondientes indicaciones. Fue recién
entonces cuando Nyan-Tsan accedió finalmente a preparar el
documento
que usted nos trae esta noche. La ruta de Shambullah se transformo en
una horrenda odisea y culmino con un estrepitoso fracaso.-
-¿Quiere decir que
no encontraron Shambullah después de todo?-
-Jamas llegamos a esa
ciudad y de no haber sido por un extraño
incidente, tampoco estaríamos con vida. Nos extraviamos
irremediablemente en la inmensidad del Takla Makan, perdimos gran parte
del equipo durante una tormenta de arena y quedamos a merced del
destino. Las provisiones comenzaron a escasear y nos vimos obligados a
comernos los yacs que nos servían de
transportación. Wolfram se
tornaba cada vez mas intratable y huraño. Salia a correr por
entre las dunas a las cuatro o cinco de la mañana cuando el
frío
intenso nos hacia tiritar bajo las mantas acolchadas vociferando como
un
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demente.
Durante esos
paroxismos afirmaba que la nuestra era una
cruzada demoniaca y que Shambullah constituía el asiento de los
poderes
infernales en la tierra. Maldecía a Hitler, Hess y a todos
nosotros.
Creímos entonces que tantos padecimientos lo habían
enloquecido y
desistimos de calmarlo. Una mañana particularmente luminosa.
Christina descubrió el cuerpo sin vida del indio Balti, muerto
aparentemente de un paro cardiaco. Para colmo de males se nos
había
agotado el agua y Wolfram había desaparecido. Estábamos
desfallecientes
y ya no podíamos tenernos en pie. Max, Weber y Christina se
arrastraron
hasta la tierra buscando protegerse del sol ardiente, yo me quede
recostado sobre un pequeño baúl aguardando la misma
suerte que
había alcanzado ya a nuestro guia.Me quite las antiparras y
seguí con
la vista las huellas que Wolfram había dejado en la arena
y que se
perdían tras una colina. Estaba seguro que no iría lejos.
Pronto el
maldito desierto cubriría sus huesos y se tragaría para
siempre el
pasaporte que le había dado Nyan-Tsan en la lamaseria. Se me
ocurrió
que después de todo quizás Wolfram tuviera razón.
Shampullah lam-tig o
la ruta a Shambullah no era otra cosa que el mismísimo camino al
Averno, algo espectacular, casi sublime, pero pavoroso como cada uno de
los proyectos auspiciados en ultima instancia por Hitler,del cual Hess
era un robot al servicio del fuhrer. En medio de estas sombrías
reflexiones, extenuado por el desasosiego vi de repente en el
firmamento una luz brillante que se acercaba de Norte a Sur a gran
velocidad. Intente levantarme pero las piernas no me respondieron.
Trate de prevenir a mis compañeros y de mi garganta reseca solo
broto un ronquido ininteligible. El destello continuo
aproximándose
vertiginosamente y se transformo en un gigantesco resplandor que me
dejo ciego desde entonces y para siempre...
Supimos mas
tarde que un
grupo de pescadores persas nos hallaron en las
playas de Jask sobre el golfo de Omán y tomándonos por
náufragos de
alguna embarcación nos socorrieron. Con ayuda de las autoridades
viajamos a Teherán y quedamos al cuidado de la embajada hasta
recibir
nuevas directrices de Berlin. El viernes 25 de agosto de 1939 el
Capitán Veit, agregado militar, nos convoco en la sede
diplomática para
decirnos que según un despacho cablegráfico urgente y
confidencial de la Cancillería del Reich, Cristina,Max y Rudiger
debían
partir de inmediato a Bombay donde un enviado especial de Bruno
Trabandt les daría verbalmente ordenes del propio Hess. Yo
debido a mi
ceguera tendría que permanecer internado en observación
oftalmológica
en Teherán aguardando instrucciones para mi retorno definitivo a
Berlin. Sin embargo mis tres amigos que no deseaban dejarme
atrás en Irán me llevaron a Bombay contra todas las
advertencias y
amenazas de Veit. A raíz de un retraso de ultimo momento
arribamos a la
India el domingo 3 de septiembre de 1939, algunas horas después
que
Gran Bretaña y Francia declarasen la guerra al Tercer Reich. Al
día siguiente fuimos arrestados por los ingleses y recluidos en
el campo
de prisioneros de Bandra hasta la terminación de las
hostilidades en
1945 cuando nos liberaron y regresamos finalmente a Alemania.-
-¿Que van a hacer
ahora que han recuperado su pasaporte?-
-Regresar a
Shambullah- me
contesto Cristina con determinación
-Me parece
una locura-
proteste abulicamente
-Esta vez
iremos a través
del Tibet. Tenemos amigos muy influyentes en
Llahsa y Pekín- asevero con su sonrisa encantadora
-Creí
que
jamas querrían
vivir esa Odisea inútil-
-Te
equivocas Norberto, no
queremos, debemos buscar Shambullah- y
agrego sorpresivamente -¿Se te ha ocurrido pensar en
algún
momento de esta larga conversación que edad tengo yo, Max,
Rudiger o
Heirinch?- Un destello cruzo mi mente y comprendí la
maldición que los
ligaba a la ciudad secreta. No habían envejecido desde esas
viejas
jornadas en la década del 30, apenas representaban una edad
joven que
no condecendia con el mero calculo temporal. Ellos no
envejecían,no al
menos como lo conocemos nosotros.
A menudo en
el solitario
fragor crepuscular de Buenos Aires,perdido
en la senda tenebrosa de algún jardín arrabalero, veo
seis sombras que
bailotean en el fondo de mi copa vacía. Son seis espectros que
guiados
por la sombra de Hitler deambulan en la polvorienta vastedad del Takla
Makan escapando de la pavorosa Nada hacia Shambullah, la
resplandeciente.
© Norberto Compte 1984 "Hitler y el Nazismo mágico
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