|| GABRIEL ||
III
Al d�a siguiente me despert� todo lo pronto que pude, no porque me hubiese puesto el despertador, sino porque apenas pod�a dormir pensando en todo lo ocurrido en la noche anterior. Ya era Lunes y ese d�a ten�a clase, sin embargo era demasiado pronto para ira clase y mi mente solo estaba puesta en una cosa: �Seguir�a vivo? La noche anterior parec�a hambriento y enfermo. Adem�s poca gente no caer�a enferma en un lugar como aquel, oscuro y con un hedor repulsivo. S�, definitivamente ese d�a no ir�a a clase, era cuesti�n de vida o muerte.
En cuanto me levant� comenc� a preparar bocadillos y otras cosas �tiles. Cog� la l�mpara de sobremesa de mi cuarto, un par de libros y muchas bolsas y trapos. Sobre las 7 de la ma�ana ya estaba lista para salir, y as� lo hice.
Al llegar a la casa entr� en ella con una sonrisa en la boca pensando que a partir de ahora ese chico iba a mejorar mucho, y cuando fuese menos t�mido podr�a contarme por qu� se escap� de su casa y quiz� pudiese convencerle para que volviese, o al menos que saliese de aquel agujero.
- Gabriel.
No obtuve respuesta alguna y comenc� a buscarlo con la mirada. A esas horas de la ma�ana en sol a�n no hab�a salido por completo, y ser�a dif�cil distinguirlo de la oscuridad.
- No te asustes, soy yo. No voy a obligarte a salir de aqu� aunque pienso que deber�as hacerlo, pero voy a demostrarte que puedes confiar en m�. No pienso decirle nada a nadie, pero tendr�s que comerte lo que te traiga y seguir mis consejos_ segu� sin escuchar nada_ �por favor.
Pese a que puse todo mi sentimiento en ese �por favor� Gabriel segu�a en alguno de los oscuros rincones de la sala, seguramente mir�ndome con sus rasgados ojos gris�ceos. Y como sab�a que me observaba comenc� a trabajar fingiendo que no me importaba su indiferencia. Antes que nada saqu� las bolsas y me dirig� a uno de los armarios. Al abrirlo encontr� lo que yo hab�a pensado que era la fuente del hedor: montones de restos de comida completamente putrefacta y fritos por el rayo de la otra noche. Me sobrepuse a las n�useas que sent� en ese momento y comenc� a meter los trozos de carne y frutas en las bolsas que hab�a llevado. Lo prioritario era sacar aquella basura de all� pues al moverlo, el mal olor hab�a aumentado. Un pu�ado de cucarachas se aferraban con ansia a la comida que yo iba sacando y trat� de no chillar para no asustar a Gabriel nuevamente.
Cuando lo hube metido todo, sal� corriendo en busca del contenedor m�s cercano y lo solt� todo tan aprisa como pude. Durante unos momentos tuve que sentarme en un banco para respirar un poco de aire. Incluso en ese momento pens� en dejarlo todo, no volver a pasar por all�, e irme a clase que es donde deb�a estar realmente. Pero la imagen de Gabriel acurrucado en un rinc�n impotente mientras las cucarachas trepaban por todo su cuerpo y comenzaban a devorarlo me hice volver en cuanto mi est�mago se hubo asentado un poco.
Al volver a meterme en aquel agujero, not� que a�n segu�a oliendo horriblemente mal, pero lo peor ya hab�a pasado. Saqu� la l�mpara de la mochila donde lo hab�a tra�do todo y busqu� un enchufe que poder usar, pero entonces me sent� como una tonta. �En que casa antigua se ve�a un enchufe? Irritada, volv� a meterla en su sitio y saqu� los trapos que hab�a tra�do para dejarlos encima de la mesa. Comenc� a recoger todos los papeles que hab�a desperdigados y los fui analizando uno a uno para ver si alguno m�s era legible, si alguno lo hubiese sido lo hubiese guardado en mi cartera, pero como ninguno lo fue, los fui colgando todos cuidadosamente en el gancho de la pared. Algunos de ellos se deshac�an en mis manos al tratar de colgarlos, pero la mayor�a pudo colgarse sin problemas. Fui retirando de las mesas tambi�n otros objetos como alguna taza de madera, una pluma completamente inservible, alg�n libro con las cubiertas deformadas, y algunas plantas completamente muertas dentro de sus macetas.
Fue entonces cuando saqu� mis trapos y comenc� a frotar� Era in�til. El polvo y la suciedad formaban una costra sobre la madera. Pero yo no me dar�a por vencida, sal� corriendo hacia la fuente m�s cercana y moj� todos los trapos hasta que no pod�an ya tragar m�s agua, entonces volv� dejando tras de m� un caminito de agua, y los puse todos sobre la mesa para usarlos todos a la vez. Y result�. Poco a poco y con paciencia, comenc� a ver levemente el color de la mesa, aunque oscurecido por la falta de luz.
Hab�an pasado horas enteras, pero consegu� que la mesa volviese a parecer una mesa, y cuidadosamente volv� a colocar las cosas que hab�a apartado antes sobre la mesa, no sin antes limpiarlas una a una. Comenc� a hacer lo mismo con el resto de muebles e incluso con el suelo hasta que todo qued� lo mejor que pudo quedar.
Agotada me sent� en el suelo. Era extra�o pero no hab�a visto a Gabriel en ning�n lado, �habr�a salido a dar una vuelta? Pero de pronto apareci� entre las sombras y se sent� a mi lado. Con ese gesto me di cuenta de que hab�a conseguido un gran adelanto con �l.
- Gra�gracias_ eso si no lo hubiese esperado.
Ante mi cara de incredulidad, Gabriel me cogi� la cara con sus manos y acerc� mi frente a la suya hasta que ambas se tocaron. Lo que sent� entonces fue algo indescriptible, era como una visi�n c�lida sin dejar de sentir sus manos fr�as. En ese momento la imagen del primer piso de la casa abandonada vino a m�, pero era una casa muy diferente. Supe que era la misma, pero estaba reconstruida. Los muebles estaban completamente limpios pese a su sencillez, algunos tapetes decorativos adornaban una mesa cuadrada en el centro de la habitaci�n y en dos sillas estaban sentados un hombre de cabellos blancos y de piel arrugada, y el propio Gabriel.
- Padre, �qu� es eso?
Y el resto fue oscuridad, nuevamente nos encontr�bamos en el oscuro s�tano.
- �Qu� ha sido eso?_ me sent� algo asustada_ �Me quieres decir que est�s muerto o algo as�?
Unos ruidos sonaron en el piso de arriba e interrumpi� nuestra conversaci�n.
- �Vienen a por m�! �No dejes que me cojan!_ y volvi� a desaparecer de mi lado como otras veces, escondi�ndose en cualquier rinc�n de la habitaci�n.
Pero no respond�a, estaba sumido en su temor. Las voces de unos chiquillos resonaron por el piso de arriba. Al parecer la tradici�n de los ni�os de vivir aventuras dentro de la misteriosa cada abandonada segu�a en pie, as� que no tuve mucho problema para echarlos de all�. Les dije que esa casa no estaba abandonada, era una propiedad privada, y que si no se iban llamar�a a sus padres. Solo con eso salieron corriendo de all�, y pude volver a bajar.
- Gabriel, ya se han ido_ me acerqu� a la mesa en la que se hab�a escondido el d�a anterior de m�, y all� lo encontr�_ solo eran unos chiquillos, no iban a hacerte nada.
No me dijo nada, estaba como dormido, o en trance. Acerqu� mi mano a su frente, como queriendo saber qu� pasaba por su mente, pero no vi nada. Puede que realmente si estuviese enfermo, aunque no estuviese vivo, podr�a ser otro tipo de enfermedad. Ahora era el momento de sacarlo de all�, alejarlo de sus temores. Lo cog� en brazos y �l no pareci� resistirse. Era m�s ligero de lo que habr�a pensado, parec�a que estuviese cargando con una especie de cad�ver, lo que me facilit� las cosas.
Lo llev� directamente a mi casa, aprovechando que mis padres deber�an estar ya fuera trabajando y lo puse sobre mi cama para que descansase. La luz del sol entraba por la ventana y por fin pude verlo como era realmente, la piel parec�a m�s p�lida ahora que estaba iluminada, y ahora que lo ve�a por completo, sin estar acurrucado en ning�n rinc�n me pareci� mayor de lo que hab�a cre�do en un principio, no era un ni�o peque�o, sino un chico joven, su pelo era completamente negro y sus ropas parec�an m�s desgastadas de lo que hab�an aparentado.
Me sent� en una silla al lado de la cama, esperando a que despertase en cualquier momento, pero eso no ocurr�a, no ocurri� en los siguientes minutos ni en las siguientes horas, y pronto lleg� la noche. Mis padres estar�an a punto de llegar, pero yo no les dir�a nada de todo lo ocurrido, de todas formas nunca se pasaban por mi cuarto. Su belleza me segu� teniendo embrujada, le observaba como si hubiese sido el �ngel ca�do de la religi�n cristiana, el �ngel Gabriel, al que echaron del cielo y arrancaron las alas por sus pecados.
Aquella noche volv� a dormir placenteramente, aunque tuve que hacerlo en el suelo, porque notaba que Gabriel estaba c�modo por primera vez en mucho tiempo.
Aprendiendo
- De nada, me alegro de que ya no me tengas miedo, quiz� ahora podamos hablar mas detenidamente, pero antes�_ saqu� uno de los bocadillos que hab�a hecho_ toma, te he tra�do comida.
- Yo no como_ esa respuesta si me hab�a resultado completamente incomprensible, y no supe que responder_ padre as� me lo dijo.
- Esto, hijo m�o, se llama comida. Estoy comiendo para recuperar energ�as.
- �Puedo yo tambi�n?
- T� no necesitas comer, hijo m�o, tu cuerpo es perfecto y autosuficiente, no pierdes energ�a. Aunque si te portas bien, esta tarde te dejar� probar un trozo de pastel para que notes su sabor.
- �S� padre!
- Siento tu temor, no temas_ no se parec�a al ser asustadizo del d�a anterior, esta vez era �l quien me tranquilizaba a m�_ No soy un cad�ver andante. No estoy muerto porque no he estado vivo. Los vivos respiran, comen, envejecen� Yo no lo hago. Padre me lo dijo.
- �Qu� eres entonces?_ not� que en ese momento se sinti� afligido, y no me respondi�. Pero no creo que quisiese guardarlo para s�, m�s bien era como si ni �l mismo lo supiese_ lo siento. Amabas mucho a tu padre, �no?
- S�, era el �nico ser que era amable conmigo. Padre siempre me dec�a que deb�amos ser comprensivos, amables y respetuosos con los dem�s, pero todos nos odiaban, me llamaban demonio y la tomaban siempre con padre.
- �Qui�n viene a por ti?