|| GABRIEL ||
4
Al d�a siguiente, cuando me despert�, Gabriel hab�a desaparecido. Durante un momento me pareci� como en uno de esos sue�os, en los que al despertarte, todo cuanto has conocido desaparece y vuelves a estar nuevamente sola, encerrada de nuevo en la monoton�a.
Recorr� la cabeza por mi cuarto y all� lo vi, sentado encima de mi mesa mirando todo a su alrededor, giraba la cabeza con ansia como si quisiese descubrirlo todo lo antes posible. Sac� cada uno de los l�pices de mi mesa y los fue mirando uno a uno, abri� algunos de mis libros, y acarici� el rosal con las yemas de sus dedos.
Cuando vio que estaba despierta me dedic� su primera sonrisa desde que lo encontr�, con esa sonrisa dibujada en su rostro le encontr� cierto atractivo que anteriormente me hab�a pasado desapercibido. Era como uno de esos chicos despeinados y descuidados propias de las novelas de Dickens, pero a su vez, su piel p�lida y sus ropas oscuras me recordaban a Carvaggio. El pitido de un coche hizo a Gabriel sobresaltarse, y corri� hacia la ventana. Al recibir directamente la luz del sol en la cara, su cara palideci� a�n m�s, y descubr� que sus ojos no eran grises, eso tan solo hab�a sido efecto de la oscuridad en la que permanec�a, eran de un color morado oscuro, como las t�nicas que les eran colocadas a las brujas anta�o para ser quemadas.
- �Qu� es?
Su brazo sobresal�a por la ventana completamente estirado se�alando una antena parab�lica del edificio contiguo. Sin darme tiempo a responder, continu� preguntando.
- �Qu� material es ese del suelo?
Su emoci�n iba creciendo y creciendo, asom�ndose cada vez m�s y m�s, hasta el punto que tuve que agarrarle de los hombros para obligarle volver al suelo de la habitaci�n.
- Si quieres puedo ense��rtelo todo.
Su sonrisa aument� y se puso a dar saltos de un lado a otro de la habitaci�n, ebrio de excitaci�n. Yo me sent�a mal porque faltar�a nuevamente a clase, pero verlo as� me hac�a ver que no era tan malo lo que estaba haciendo.
- Pero no puedes salir as� o llamar�s demasiado la atenci�n, adem�s no es que huelas bien del todo.
Asegur�ndome de que no hubiese nadie en el pasillo, lo arrastr� de la mano al cuarto de ba�o y cerr� la puerta tras nosotros. Abr� el grifo de la ba�era en cuanto entramos y comenc� a preparar jabones y cepillos.
- Est� bien, supongo que habr�s hecho esto antes. Solo tienes que quitarte la ropa, meterte en el agua y enjabonarte bien, en seguida te traer� ropa limpia para que puedas cambiarte.
Gabriel se me qued� mirando con una sonrisa en la cara, como si no hubiese escuchado lo que le hab�a dicho, pero tuve que arriesgarme, pues no iba a ser yo la que lo ba�ase. Sal� del ba�o y fui a mi cuarto a por ropa menos llamativa y maloliente.
Les dije a mis padres que no entrasen en el ba�o porque iba a tardar un rato y as� me libr� de ellos hasta que se fueron a trabajar. Por mi parte, abr� la puerta ligeramente para meter el brazo y dejar la ropa dentro. Me met� en mi cuarto y esper�.
Una media hora despu�s, en la que yo comenzaba a impacientarme, Gabriel entr� por la puerta de mi dormitorio con su ropa limpia. Al parecer si que sab�a como arreglarse, y desde luego la ropa que le hab�a dejado le quedaba muy bien, pese a su sencillez. Sus nuevos pantalones de ch�ndal de color negro con unas rayas amarillas en los lados parec�an gustarle por la comodidad con la que se mov�a, y la chaqueta superior, a juego con los pantalones, le permit�an meter las manos en los bolsillo, postura que le parec�a muy c�moda.
Creo que se me hab�a olvidado decirle tambi�n que pod�a peinarse con los cepillos que le hab�a preparado, pues ten�a su corto pelo revuelto y goteando agua por all� por donde pasaba. Pero no le quedaba mal.
- Espera un momento_ cog� un peine que ten�a siempre por mi cuarto y le pein� un poco_ listo.
Tan solo tard� unos minutos en cambiarme de ropa, y enseguida nos encontr�bamos cerrando la puerta de mi casa, Llam� al ascensor y le sujet� la puerta para que pasase antes de m�, pero como parec�a y confirmar�a despu�s, le asustaban los espacios peque�os y cerrados, as� que nos fuimos por las escaleras.
En la calle, a Gabriel le gust� sentir el calor del sol en todo su cuerpo, pese a llevar el ch�ndal y un abrigo que le hab�a dejado despu�s. Si en la habitaci�n se hab�a sentido excitado por las cosas que ve�a por la ventana, en la calle no sab�a por donde empezar a mirar. Corr�a hacia una farola para observarla detenidamente de cerca y poder tocarla, de ah� pasaba a un buz�n cercano y se asomaba para ver que conten�a. Despu�s se olvidaba de �l y corr�a hacia un �rbol para preguntarse como pod�a un �rbol crecer en el asfalto. Mientras camin�bamos observaba los p�jaros peque�os y grises que nos sobrevolaban, se fijaba en los sem�foros, las se�ales de tr�fico, los supermercados, miraba fijamente a las personas que pasaban a nuestro lado y se acercaba corriendo a acariciar a los perros que paseaba la gente, como si de un ni�o peque�o se tratase.
Not� que algunos lo miraban mal, otros lo miraban con compasi�n mientras esbozaban ligeras sonrisas, y los ni�os peque�os se re�an de lo que hac�a y trataban de ir a jugar con �l, pero las madres los agarraban con fuerza y se los llevaban de ah� tan pronto como pod�an. Gabriel no notaba nada de eso, �l tan solo trataba de recopilar toda la informaci�n posible. Cuando comenz� a querer tocar tambi�n a la gente que lo rodeaba, tuve que agarrarlo de la mano y sacarlo de all� bajo miradas furiosas y amenazantes, mientras ped�a perd�n.
Decid� llevarlo al parque, a estas horas no hay demasiada gente y evitar�amos problemas.
Al llegar, lo primero que vio fue el puesto de flores donde hab�a comprado el rosal y corri� hacia �l. Yo tem� por las flores y me prepar� para recibir la reprimenda de la vendedora, pero Gabriel se par� en seco ante el puesto y comenz� a olerlas cuidadosamente, diciendo el nombre de cada una de ellas.
- Gardenias_ y ol�a con cuidado la siguiente cerrando los ojos_ margaritas, Amapolas, Rosas.
La vendedora sonri� gustosa al tener ante ella un amante de las flores como aquel, que disfrutaba de cada part�cula del olor que su nariz absorb�a.
- �Te gustan joven? �Quieres una flor para tu acompa�ante?
Despu�s de pagar, Gabriel sigui� correteando de un lado para otro con su maceta nueva, hasta que yo le dije de sentarnos en un banco, pues ya comenzaba a estar agotada de andar de ac� para all�.
- �Nunca hab�as ido al parque?
Not� que Gabriel sent�a mi tristeza y se transmit�a a �l, as� que dej� de hablar de eso.
- �Y en ese parque no hab�a ning�n lago?
Mientras me hablaba not� de pronto como si comprendiese todo lo que dec�a, en mi mente surgieron im�genes de un hombre con barba rubia y un sombrero de paja que se apoyaba en unas maderas que hab�a estado transportando. Se sec� el sudor con las mangas de su camisa, se subi� los tirantes y volvi� a cargarse las maderas sobre los hombros. Pero un hombre anciano sali� de una casa que yo ya conoc�a bien.
- �Vas a construir esa vaya de la que hablaste?
Yo no me lo pod�a creer, �hab�a dicho Gabriel? S�, as� fue, al poco rato el Gabriel que yo conoc�a sali� de la parte trasera de la casa, sosteniendo las riendas de un caballo de fuertes patas de color negro. El caballo no era muy alto, pero ten�a anchas patas que lo hac�a ideal para los trabajos de campo, pues sus patas ten�an m�s m�sculos que la mayor�a de caballos.
- A mi hombro le vendr� bien descansar, muchas gracias. Mi caballo se lo llev� mi hijo mayor cuando se ve a la provincia.
Las siguientes im�genes que vi fueron las de ese parque del que se hablaba, era mucho m�s peque�o que el m�o, pero la gente ocupaba todos sus rincones, compartiendo hogazas de pan y trozos de queso del tama�o de una mano adulta. Todos parec�an felices y pude distinguir a Gabriel tirado en el c�sped oliendo un pu�ado de flores.
Pero esos sue�os se borraron, y volvimos al banco en el que est�bamos sentados, Gabriel miraba fijamente a la nada, como si hubiese estado recordando y me hubiese transmitido sus pensamientos a m�.
- As� que le dejasteis a Pr�ncipe aquel d�a al constructor de vuestro parque._ Gabriel no se sorprendi� en absoluto de que yo supiese aquello, al menos yo si me hab�a sorprendido y quer�a saber si estaba pensando lo mismo que yo, o esos sue�os borrosos hab�an salido de mi imaginaci�n.
Tal y como hab�a pensado, Gabriel ten�a m�s secretos de los que aparentaba. �Ser�a aquel chico de las cartas que no sab�a cuidar de las flores? Pero era f�sicamente imposible, y el me hab�a confirmado que no era un muerto viviente ni nada de eso. Tampoco parec�a un fantasma, adem�s, hab�a hablado con la vendedora de flores. �Qu� diablos�? Pero mi est�mago interrumpi� mis pensamientos, y Gabriel tambi�n lo not�.
- Tienes hambre_ y esboz� una sonrisa.
Llegamos a casa. No ten�a problemas de que mis padres viesen a mi nuevo amigo pues ellos no com�an en casa, y yo sol�a hacerlo en el mismo sitio en el que estudiaba, as� que tendr�a que aprender a cocinar algo r�pidamente.
S�, los macarrones medio quemados que ten�a delante servir�an por ese d�a, y a mi acompa�ante tampoco pareci� importarle. Puede que al principio los mirase extra�ado y me mirase a m� constantemente, incluso puede que los oliese con desconfianza, pero no tard� en devorarlos.
El resto de la tarde le ense�� cosas nuevas pero sin salir de casa. Estuvimos escuchando un rato la radio, aunque despu�s de tratar de encontrar a las personas que hablaban, y poco despu�s encendimos la televisi�n. Comenz� a tocarla y rodearla, y sus ojos morados quedaron clavados en ella como si estuviese bajo un hechizo. Segu�a con sus pupilas todos los movimientos de las personas que ve�a en la pantalla y mov�a los labios como si quisiese hablar con ellos pero en el �ltimo momento volv�a a cerrar los labios.
Cuando me cans� de hablar sola, apagu� la tele y los ojos morados volvieron a recuperar su curiosidad anterior en lugar de permanecer fijos en la pantalla. Le di un libro, la Isla del Tesoro, y se lo habr�a por la primera hoja, siempre quise tener un hermano peque�o al que poder leerle cuentos, e iba a aprovechar que ahora ten�a uno.
Comenc� a leer hasta que oscureci�, nos olvidamos incluso de cenar, y mis ojos estaban ya cerr�ndose, fui qued�ndome dormida en la cama donde est�bamos sentados, y poco a poco, mi cabeza fue escurri�ndose hasta que, aunque lo hice sin querer, qued� apoyada sobre su pecho.
Gabriel cogi� el libro de mis manos y continu� leyendo en voz alta, me sent� sorprendida, con el aspecto infantil que presentaba no hubiese esperado que supiese leer, pero all� estaba, con una suave voz, mientras soportaba el peso de mi cabeza. Ahora era yo a la que le le�an el cuento, y poco a poco cerr� los ojos del todo y solo vi oscuridad, hasta que una c�lida imagen lleg� a m�. Gabriel estaba sentado en una silla de madera, con un libro sobre la mesa y su anciano padre a su lado. Ambos estaban iluminados por una �nica vela y el anciano animaba a su hijo a continuar.
- La peque�a ni�a si�si�._ Gabriel le�a muy despacio.
Nuevo mundo
- �Lo de ah� abajo? Es un coche, �es que nunca hab�as visto uno o que?_ me qued� sorprendida de su pregunta, pero �l ni siquiera respondi� a la m�a, embaucado por todo el movimiento de la calle_ Ya se que no quer�as salir de all�, pero es lo mejor que se me ocurri� hacer.
- �Y que es aquello de all�?
- �Nos vamos ya?
- S�, en cuanto me vista.
- S� d�le una_ yo intervine antes de que Gabriel pudiese responder, aunque parec�a que no pensaba hacerlo_ �Cu�l quieres?
- �Cu�l quiero?_ Gabriel mir� las flores de punta a punta_ ��sta!_ y cogi� una maceta con una gardenia.
- S�, pero estaba muy cambiado entonces, el se�or Henderson plant� varios �rboles para los ni�os, y construy� con sus propias manos una cerca de madera, la hierba comenz� a crecer poco tiempo despu�s, y las familias iban all� para pasar el d�a cuando acababan las tareas de casa. Pero los �rboles eran demasiado peque�os y d�biles para subir a ellos.
- �En qu� ciudad era eso?
- No recuerdo el nombre.
- �Ibas t� all� con tus padres?
- Madre muri� antes de nacer yo, pero Padre siempre que pod�a me llevaba al parque y me ense�aba todos los nombres de flores y �rboles, aunque adem�s de aprender tambi�n jug�bamos mucho.
- Me alegro. Ojala mis padres me prestasen esa atenci�n, cuando era m�s peque�a pasaba casi todo el tiempo con mi abuela, hasta que ella muri�, y mis padres se vieron obligados a llevarme alguna que otra vez al parque, pero no hac�an mucho m�s por m�.
- �No te gustan tus padres?
- No. Al menos no como se comportan.
- No, pero el se�or Henderson siempre hab�a querido tener uno junto a sus �rboles, y un a�o todos los vecinos cogimos nuestras herramientas y comenzamos a cavar, pero poco despu�s dej� de llover y los vecinos dejaron de salir, la tierra se sec� y era muy dif�cil seguir.
- S�, ya va siendo hora de que las vacas dejen de comerse la hierba joven que crece bajo los �rboles.
- Espere un momento, creo que puedo ayudarle. �Gabriel saca a Pr�ncipe!
- Los vecinos estamos para ayudarnos.
- �Es �ste su peque�o Gabriel? Lo recordaba de otra manera, pero veo que ha crecido mucho.
- Pr�ncipe es un buen caballo, aguant� toda la madera que le pusieron en el lomo, y ni tan siquiera relinch� en todo el camino.
- Claro, �por qu� no vamos a comer algo?
- Sigui� caminando sola por el bosque_ su anciano padre le ayudaba.
- Sigui� caminando sola por el bosque, hasta que encontr� a un joven ni�o de cara p�lida y le dijo�