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Los deseos
TUT 69
Múltiples y variados son los deseos que se
originan en el ser humano. El desear algo es tan habitual y natural como
respirar. El deseo es otro de los caminos a través de los cuales el hombre
despilfarra su energía mental. Si nos observamos infinidad de cosas sin mayor
importancia. Si nos abstuviéramos de estos deseos fútiles y concentráramos
nuestras energías en una sola cosa, nos seria mucho más fácil lograr lo que
queremos, ya que el deseo es una poderosa fuerza atractiva que actúa tal como
un imán que atrajera hasta nosotros lo que queremos.
El deseo es una de las fuerzas que
mantienen al ser humano atado a la materia, ya que mantienen al ser humano
atado a la materia, ya que este es esclavo de sus propios deseos. A fin de
liberarse de estas ataduras, debe educarse a si mismo para concebir solamente
deseos de elevado orden, que son los que nacen del espíritu, y que lejos de
esclavizar, liberan y elevan.
Hay deseos insatisfechos de orden
instintivos y anímico que se convierten en una obsesión y pueden conducir a la
locura.
Tal como en el caso del pensamiento, el
deseo es una fuerza creadora que da vida en el campo energético a ser cuya
vibración será acorde a la calidad del deseo.
Estos hijos invisibles se alimentan de su
creador y no se separan de él hasta que toman
vida en la materia o se agotan. Los deseos puramente pasionales e
instintivos son verdaderas sanguijuelas que se adentran en la psiquis
succionando la vitalidad.
Un vicio es un deseo desmedido e
incontrolado, es decir, una formación de energía electromagnética que adquirió
conciencia. Este ente-deseo solamente podrá mantener su existencia si recibe en
forma regular cierta cantidad de energía, que solamente podrá provenir de la
satisfacción del deseo. Es por esto que cuesta tanto vencer un vicio
determinado, ya que para lograrlo hay que desintegrar por medio de la voluntad
esta coagulación negativa. Los vicios se transmiten fácilmente, ya que en
muchos casos ocurre que un ente-deseo al no lograr arrastrar a su padre
nuevamente al vicio, busca un campo más propicio en otro sujeto. Un abstemio
puede transformarse de la noche a la mañana en un bebedor consuetudinario. Los
incubos y súcubos son solamente entes-deseos de gran vitalidad, vampiros que
buscan constantemente victimas para poder alimentarse.
Hay ciertos individuos dignos de lastima
que son verdaderos receptáculos de variados entes-deseos, donde cada cual lucha
por su experiencia y trata de devorar a sus congéneres. Estos hombres viven
dominados por fuertes y contradictorias tendencias que se ven obligados a
seguir para estar tranquilos, ya que estos vampiros les dejan un cierto respiro
después de recibir su aliento.
No es posible establecer hasta que punto la
función mental se ve impedida por la acción de estas criaturas, pero sí es
posible afirmar que un alto porcentaje de las decisiones y tendencias del
hombre están dictadas por estos ladrones que interfieren el pensamiento con sus
vibraciones pasionales.
Como ejemplo interesante citare el vicio
del cigarrillo, que da nacimiento a una particular entidad formada por la
energía del tabaco el arder y el placer experimentado por el fumador, inquietud
que solo logra apaciguar al encender un cigarro. Basándonos en este ejemplo
pueden los lectores analizar otros entes-deseos de carácter más delicado que
mantienen esclavizados a sus creadores.
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