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T U T 69

        

 

 

La Conciencia de la Felicidad

 

 

Nada existe tan ansiado por el ser humano como la felicidad.

 

Y, sin embargo, ¿cuántos se pueden considerar felices? Seguramente una ínfima y selecta minoría de la raza humana llega a conquistar el preciado don de la felicidad.

 

Es una búsqueda constante y sin fin, en la que cada cual trata a su manera, y por distintos caminos, de ser feliz.

 

La gran masa humana ha identificado la felicidad con lo que brinda el dinero, luchando desesperadamente por conquistar riquezas y las ventajas que ellas brindan, y se encuentran con que la felicidad no llega, empiezan a pensar que tal vez estaban equivocados, que la felicidad no estaba en esto. La experiencia les enseña que no hay que confundirla con el placer. La verdadera felicidad se oculta en el corazón del ser humano. Es como si allí anidara un pajarito que cuando despierta y canta nos hace experimentar un goce inefable. Cuando no escuchamos sus trinos, seguramente le asusta el ruido de lo externo o añora nuestros cuidados, y la felicidad se desvanece. No son los placeres materiales los que estimulan su canto, sino lo que hay dentro del alma.

 

La felicidad es un estado puramente interno en el cual no interviene para nada lo que ocurre en el exterior. Ser feliz es haber encontrado la paz interna, haberse encontrado a sí mismo. La infelicidad proviene de la división del yo del individuo. Proviene de que él está cambiando constantemente porque tiene un Yo único e indivisible. Cuando logra encontrar un momento de felicidad, su Yo cambia, y está felicidad se esfuma.

 

No hay ser humano más desgraciado que el que es presa de encontrados sentimientos, el que tiene su corazón abierto completamente a las vibraciones emocionales que nos circundan. Este pobre hombre se convierte en una veleta humana que gira hacia el lado que le impelen las vibraciones emocionales que penetran dentro de él. Sufre lo indecible porque está constantemente oscilando entre felicidad y la desgracia. Cuando cree estar pisando muy firme en el soñado terreno de la felicidad, el suelo se hunde súbitamente bajo sus pies y todo se esfuma. La desesperación ha llegado, y no volver a la tranquilidad hasta que él péndulo de su oscilación anímica no vuelva a lo opuesto.

 

El único camino que conduce a la conquista de la felicidad es la educación del corazón para que éste sienta solamente lo que la razón le permita sentir. Por este medio se logra cerrar la entrada a vibraciones anímicas negativas.

 

La felicidad más grande reina cuando el corazón está en paz. No se trata de matar los sentimientos, sino de educarlos para que adquieran conciencia y razón.

 

Se trata de introducir en el corazón la capacidad razonadora, sin perder por ello la frescura y espontaneidad de los sentimientos.

 

El que educa su corazón en esta forma no se convierte en un insensible, sino todo lo contrario, siente mucho más profundamente que antes, pero con plena conciencia y razón.

 

Existen dos grandes enemigos de la felicidad, que son el orgullo y el egoísmo. El orgulloso no podrá llegar nunca a ser feliz a menos que pase por la ordalía de humillarse conscientemente hasta que esta humillación no le cause sufrimiento, momento en que puede dejar de hacerlo porque se venció así mismo.

 

Todo orgulloso padece de un complejo de inferioridad que le lleva a tratar de afirmar su personalidad adoptando una actitud de superioridad. En casos extremos el orgullo lo lleva a declarar la guerra al resto de la humanidad. Podría llamársele “complejo de rey” o “complejo reina”.

 

Este “rey” por propio decreto está constantemente tratando de demostrar a los demás que él es “algo especial”, que es distinto, original y superior. Desde pequeño se sintió inferior a los demás, ya sea por motivos reales o imaginarios. Entre los motivos imaginarios puede crear este complejo la falta de amor de la familia, en especial de los padres. como este niño no se conformo con ser inferior, se entrego a la imaginaria creación de sí mismo en la forma de un ser superior lleno de cualidades. Este ser vive en el subconsciente, y se podría llamar la “imagen idealizada”. Pero como el sujeto no llega jamás a ponerse a la altura de su “imagen idealizada” reacciona con una personalidad orgullosa, dominante y profundamente hiriente. En lo más hondo de sí mismo desea humillar a los demás porque él mismo se siente humillado al ver que no le reconocen, que no le tratan como rey o Superhombre en que él se construyó en su “imagen idealizada”. Será profundamente infeliz si no logra demostrar su superioridad, para lo cual puede reaccionar tratando de obtener un gran triunfo, ya sea éste comercial, artístico o de cualquier índole, que le coloque en una situación privilegiada con respecto al resto del mundo. Si no le reconocen a la altura de su imagen idealizada, se vengan por medio del orgullo, que utiliza como escudo y arma para hacer ver su “fuerte personalidad”.

 

Es por naturaleza profundamente desconfiado y cree que todos le engañan. Este sentimiento se origina en que él mismo es un engaño por mostrar a al mundo algo que no es real, una falsa personalidad. Igualmente, es porfiado y tozudo, porque considera que transigir o dar su brazo a torcer significa para él una humillación.

 

El remedio consiste en que se decida a pasar por la “terrible humillación” de ser una persona más, sin otros derechos o prerrogativas que el resto de la Humanidad.

 

Esta imagen idealizada que todos nos fabricamos en cierto grado, puede llevarnos a perder de vista nuestra verdadera felicidad, por perseguir objetivos que realmente no deseamos si no es para sentirnos superiores.

 

Debemos aprender a ser felices con lo que ya tenemos, y no estar siempre a la espera de algún acontecimiento especial que nos hará supuestamente felices. Quien no logra ser feliz con lo que ya tiene no alcanzara nunca la verdadera felicidad. Es necesario vivir en el presente, la única realidad cierta es el ahora, pasado y futuro no son reales en ningún momento dado de la existencia. Regocijarse con despertar cada mañana en el propio lecho, poder respirar, ver lo que sucede a cada momento, sentir el canto de los pájaros, gozar de nuestra desayuno, disfrutar plenamente de cada pequeño instante.

 

Debemos vivir como si cada momento de nuestra vida fuera el último.

 

Que distinta seria la vida, por ejemplo, si supiéramos que hemos de morir en un plazo de 24 horas. Viviríamos plenamente, nunca nos seria el aire tan precioso, la luz tan necesaria.

 

Hay dos palabras mágicas que son verdaderas llaves maestras para llegar a la felicidad y son: amar y dar.

 

Quien no ama no conoce la felicidad. Al decir amar me refiero al amor de que hablo Jesús cuando dijo: Amaos los unos a los otros.

 

Si las madres comenzaran ahora mismo a inculcar amor y tolerancia a sus hijos, llegaría el momento en que el mundo habría cambiado porque los hombres cambiarían internamente. ¿Qué es aquello que lleva al hombre a la mutua destrucción, a las guerras sangrientas, a la tiranía, a los asesinatos políticos y a todas las terribles enfermedades de la Humanidad sino la falta de conciencia? ¿El predominio de su parte bestial sobre su inteligencia?

 

Junto con recibir un cuerpo perteneciente al reino animal, el hombre recibe también la terrible herencia de la animalidad. El animal lucha únicamente por su propia supervivencia y no le importa destruir a su especie entera si él se salva. Esta es la maldición de la Humanidad: su animalidad. Somos dioses en cuerpos de bestia, y el mundo entero seta en manos de la gran bestia, o sea, el hombre mismo. Quien le rinde pleitesía alcanza honores, triunfos y riquezas a cambio de la perdida de su voluntad y conciencia.

 

Todos conocemos cual fue la creación de la Gran Bestia cuando el llamado Jesús el Cristo vino a predicar el amor y la fraternidad entre los hombres. Este salvador fue crucificado por la Bestia, que vio seriamente amenazado su reinado, pero El nos lego su mensaje de amor y fraternidad. Es por esto que existe tanta mentira y engaño en el mundo. El que dice la verdad se expone a provocar la ira de la bestia y sufrir algo parecido a una crucifixión.

 

El único camino de evolución y salvación para el ser humano es el dominio de su animalidad por medio de su espíritu o parte divina. Esta es la verdadera regeneración que se oculta en el simbólico I.N.R.I. que está escrita sobre la cabeza del Cristo.

 

Son innumerables los escollos en el camino del que quiere alcanzar la corona de la conciencia, ya que la bestia es muy experta en el arte del disfraz, pues si así no lo hiciera, seria fácilmente reconocida. Generalmente, adopta el disfraz del amor y el bien para ganar prosélitos y después utilizarlos como instrumentos.

 

¿Cuál es la razón, por ejemplo, de que se mantenga la imagen de Jesucristo clavado en la cruz, como si fuera necesario celebrar, recordar y perpetuar este echo?

 

La evolución humana ha seguido un curso totalmente unilateral, ya que por un lado se han hecho grandes conquistas a sí mismo en lo más mínimo, y esta en la misma situación de un grupo de niños de seis años que estuvieran jugando con cañones, bombas atómicas y proyectiles. ¿De que sirve tanto progreso material si no estamos capacitados para el uso conciente de estas fuerzas? Ni siquiera somos capaces de usar nuestro cuerpo físico en forma conciente y ya queremos conquistar el cosmos.

 

El Ocultismo, es decir, el sabio empleo de las fuerzas naturales que influyen en la vida del hombre, es el único camino que nos puede llevar a lograr la transformación integral de la Raza Humana por medio del desarrollo de la conciencia. El ideal máximo de esta ciencia es lograr la Paz Mundial bajo un gobierno único, que suprima las fronteras entre los países a fin de que llegue a existir un solo pueblo: la tierra.

 

Para que esto sea posible tendrá que venir el cristo a la tierra nuevamente, en la figura de un nuevo Mesías, que luchara otra vez por encadenar a la bestia.

 

Si triunfa, un nuevo periodo de esplendor espiritual comenzara para la Humanidad entera, hasta que llegue el día en que pueda reinar plenamente el Yo o espíritu sobre la bestia.

 

Quien desee cooperar a la Paz Mundial puede recitar diariamente la siguiente oración:

 

 

 

“En el nombre de mi espíritu inmortal

pido que la paz sea sobre la tierra,

que el amor y la fraternidad reinen en el corazón

de todos los hombres.

Que CRISTO tenga el poder y la fuerza

Para vencer el mal.

Que la LUZ del Espíritu triunfe

Sobre las tinieblas de la ignorancia.

Que ahora y siempre reine la paz y

El amor en la tierra”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Si un gran numero de personas recitan diariamente esta oración en forma concentrada y con toda su fe puesta en la realización de ello, impregnan el alma del planeta con vibraciones de paz y amor que influirán poderosamente en el mantenimiento de la paz mundial.

 

No olvidemos el principio básico de que todo es mente; el universo es mental.

 

Desde el momento en que sabemos que todo es mente, y que felicidad y desgracia no son sino los dos polos opuestos de una misma cosa, podemos valernos de nuestra fuerza mental para transmutar un estado de desgracia en uno de felicidad. Mas, para que esta transmutación sea duradera, es necesario que aprendamos a aislarnos de todas las vibraciones bajas y no deseables que circundan el alma del planeta y que han nacido de los bajos instintos y pasiones humanas.

 

El que quiere conservarse puro y limpio de estas vibraciones inferiores esta en la misma situación de un hombre vestido de blanco que tuviera que atravesar un pantano. Las malas vibraciones se transmiten tal como los microbios de la peste.

 

Una mujer que acaba de reñir con su marido y visita a una amiga en su casa es portadora de esta vibración de pelea, ira y enojo, influencia que deja en esta casa y en el doble etérico de su amiga, que tendrá que pasar más de alguna molestia a causa de esto.

 

La única manera de cerrarse a estas vibraciones negativas es alcanzar un completo dominio anímico para no dejarse atrapar por ellas.

 

El dominio anímico es fundamental para llegar a encontrar la felicidad, ya que el corazón equivale al mando de sintonía de nuestro receptor interno. Si lo sintonizamos en una vibración baja, nos cargamos de todas las fuerzas que tienen campo vibratorio a esta altura y nos será después muy difícil salir de este campo negativo.

 

Todo lo que hemos hablado hasta el momento se refiere a la felicidad del Yo, que es la única verdadera, duradera y real. La felicidad del cuerpo se logra satisfaciendo las necesidades de la masa, que son de orden puramente material, tales como comer, beber y procrear, tener ropa lujosa y un buen automóvil para hacer ver a los demás lo bien que uno se encuentre y el éxito que ha llegado a obtener. Es notable como se identifica el ser humano con las necesidades de su masa, hasta el extremo de no saber distinguir entre lo real y lo ilusorio.

 

La masa exige continuamente muchas cosas: alimento, placer, comodidades, etc., y especialmente la compañía de otras masas. Esto lo vemos en forma muy clara en el amor, ya que es posible para una persona que conozca estas leyes el distinguir inmediatamente si existe amor o solamente una atracción entre masas.

 

Una pareja puede jurarse amor en forma desesperada una mil veces, sentir que se les desgarra el corazón cuando se separan, estar íntimamente convencidos de que aman en una forma tal como nunca habían amado y como nadie podría amar, y el verdadero amor puede estar completamente ausente de esta relación.

 

La masa de esta mujer necesita a la masa de este hombre y viceversa, porque al unirse duplican su energía-masa, lo cual les trae, por supuesto, una profunda satisfacción física. Una de las características de este falso amor es que la mujer no se entregara al hombre de corazón si este no se entrega antes a ella en forma total y completa.

 

Su masa de mujer quiere entonces poseer a la masa del hombre, de ahí que esta mujer pierda su femineidad al tomar la parte activa o masculina del hombre, es decir, al tomar el papel de macho.

 

Este es el más seguro signo para conocer el verdadero amor tanto en el hombre como la mujer. La mujer que realmente ama se entrega por entero sin pedir nada, se brinda sin esperar nada a cambio, tal como la naturaleza brinda todos sus dones al hombre sin pedir nada. Esta mujer pensara en como hacer feliz a su compañero y no en como puede este hacerla feliz a ella.

 

El hombre que realmente ama a una mujer permanecerá a su lado prestándole todo su apoyo, aunque ella busque solamente su propia comodidad e interés.

 

La felicidad en el amor es tal vez la más difícil de conseguir, ya que es imposible que nazca un verdadero amor y que este verdadero amor sea correspondido equivalente. Generalmente, el verdadero amor es natural, ya que no es correspondido en igual medida.

 

Quienes desean encontrar la felicidad en el amor deben atenerse a los siguientes consejos para conseguir que su naturaleza armonicen en forma completa: tanto el hombre como la mujer no son ciento por ciento de un solo sexo, pues llevan un porcentaje variable de energía del sexo opuesto.

 

Un hombre, por ejemplo, puede ser 80% hombre y 20% mujer.

 

Esta parte del sexo opuesto que lleva dentro es la que provoca todas las desarmonías en los matrimonios, y al producirse el afloramiento de esta parte sobreviene inmediatamente un choque de vibraciones que tienen la misma polaridad, y la repulsión es inevitable, ya que es sabido que polos iguales se repelen y contrarios se atraen.

 

La mujer debe analizarse fríamente para descubrir cuales actitudes suya son femeninas y cuales son masculinas. Jamás debe tratar de dominar al hombre, de ser posesiva, ya que con esta actitud le cierra automáticamente las puertas del éxito. Debe cuidar su palabra para no herir la psiquis de su compañero con sugestiones negativas que destruyen. Es muy común oír a una mujer enojada decirle al marido: “eres un inútil, no sirves para nada”. Si supiera el enorme daño que le hacen al castigarlo con palabras duras, las evitarían cuidadosamente. Junto con crear en él en forma lenta pero segura aquello que afirman por la palabra, van haciendo nacer un fuerte resentimiento en contra de ella, al sentirse el hombre menoscabado en su dignidad y orgullo masculino y viril, por ser tratado como un colegial travieso.

 

Este es el camino más seguro que tiene una mujer para perder la hombre. Nunca debe ella tratar de imponer su voluntad en forma dura e imperiosa. Si quiere conseguir algo, debe ser a través de la dulzura, el cariño y sutiles insinuaciones, para hacerle sentir que esta concediendo y no que esta siendo obligado. La mujer que sepa reinar en el corazón del hombre lo conseguirá todo de él sin necesidad de pedírselo. El hombre necesita a su lado a una mujer que le dé alas a su virilidad y hombría, y no que se le anule. Feliz el que es amado y respetado por su mujer.

 

¿Acaso no vale más para una mujer conseguir todo de su hombre respetándole y armonizando que haciéndole la vida fácil a fin de que ceda para vivir en paz?

 

Aseguro a toda mujer dominante que su marido no la ama realmente; está con ella solamente por habito y temor.

 

Una mujer dominante no podrá jamás retener a su compañero porque al ser ella de vibración positiva o masculina no lograra satisfacerle sexualmente.

 

Cuando la mujer es profundamente femenina y se entrega de lama y espíritu a su hombre será siempre la única, y no habrá otra mujer en el mundo, por bella que sea, capaz de apartarle de su lado.

 

Profundicemos un poco la psicología de la mujer dominante por la importancia que este punto reviste, tanto para el hombre como para la mujer, ya que la mujer dominante o Diana sólo podrá ser feliz con un hombre que tenga el complejo de Edipo y que le agrade íntimamente tener una madre que le domine.

 

Contrariamente a lo que se supone, el complejo de Edipo y el complejo de Electra son mucho más comunes de lo que se cree. Pasan inadvertidos porque generalmente se originan a muy temprana edad, y se incrustan profundamente en el subconsciente, provocando en el afectado ciertas reacciones que rara vez se atribuyen a este complejo.

 

La mujer que no supera el complejo de Electra no podrá normalizarse nunca sexual y afectivamente si no destierra esta obsesión de su mente.

 

Siente un odio instintivo hacia los hombres por creerse engañada, despreciada y herida por su progenitor al no cumplirse su deseo de unirse a él.

 

Muchas veces se convierte en una “devoradora de hombres”, que anhela destruidos como medio de destruir la imagen odiada y querida al mismo tiempo de su padre, que tiene gravada en el subconsciente.

 

En cada hombre al cual se une, se manifiesta en ella esta terrible dualidad que puede llevarla fácilmente a la desgracia. Por un lado le ama, pero apenas aflora la imagen del padre odia al hombre al cual se ha unido, porque le identifica con su progenitor y se siente, por lo tanto humillada y despreciada, tal como se sintió en su niñez engañada y despreciada por su padre al verle unido a otra mujer.

Llega el momento en que esta mujer dice: “el amor no existe para mí”, y positivamente no existirá, porque ella busca sin saberlo al padre en otros hombres, y cuando le encuentra vuelve a producirse en ella la terrible lucha entre amor y odio, atracción y repulsión.

 

Lo mejor que puede sucederle es que se enamore profundamente de un hombre de elevadas cualidades morales y espirituales y se entregue a él en forma total y completa. Si esto ocurre, es muy posible que la imagen de este hombre destierre a la del padre y ella alcance la esperada felicidad.

 

Insensiblemente, la mujer dominante conduce al hombre a lo que podemos llamar la simulación amorosa, o sea. Le obliga a asumir una falsa personalidad enteramente de acuerdo a lo que ella desea, reprimiendo al mismo tiempo todas aquellas manifestaciones que a ella le desagradan. Todo esto lo hace el hombre para darle el gusto, verla feliz y evitarle desagrados, ya que teme sus desbordes de mal humor.

 

Esto confirma su condición masculina, porque ha poseído al hombre al encuadrarlo dentro de su personalidad.  ¿Se puede decir que ella le ama? Desde luego que no, pues se ha limitado a fabricarse un muñeco que le da placer, porque actúa exactamente como ella quiere. Esto es antinatural y artificial, y no debemos olvidar que todo lo antinatural recibe su castigo por ir en contra de la Naturaleza. El castigo que recibirá el hombre que cae en esta comedia es la falta de poder dador de la Naturaleza. Luchara infructuosamente y no podrá surgir económicamente a menos que se una a otra mujer más femenina, ya que mientras más femenina es una mujer dispone de más poder dador porque encarna en ella todos los atributos de la madre Naturaleza.

 

No quisiera que se interpretara todo esto en el sentido de que la mujer debe ser esclava del hombre. Se trata solamente de que sepa en todo momento mantener su rol de mujer.

 

La mujer representa para el hombre la manifestación terrenal de la parte femenina de Dios. Simboliza para él la pureza, el amor, la dulzura y la inspiración. Como íntimamente representa un ideal, sufre un tremendo impacto psicológico cuando la ve adoptar actitudes vulgares o brutales más propias de un varón. Este impacto puede bastar para matar todo su amor.

 

La mujer debe ser siempre dulce, suave, delicada espiritualmente, cariñosa, atenta y comprensiva, darse por entero al hombre y respetarle en todo sentido. Su amor hacia el hombre, debe ser el bálsamo que disipe las amarguras de la vida transformándolas en felicidad.

 

Es ella un hada con una varita mágica que tiene el poder de sumir al hombre en la desesperación o darle la felicidad total y completa. Con su varita mágica apartara todo lo malo que venga, dejando pasar solamente lo bueno.

 

Para desgracia de la Humanidad hay algunas mujeres que no solamente no emplean este poder para proteger al hombre, sino para descargar todo lo malo sobre él y, finalmente destruirle.

 

El hombre, por su parte, tiene que fortalecer todas sus cualidades masculinas y viriles para poder llevar a su compañera firmemente del brazo por el camino de la vida.

 

Subconscientemente, la mujer espera que su compañero la posea en todo sentido de la palabra y que no se limite sólo a la posesión sexual. Debe poseer su personalidad, su alma, su corazón y su espíritu.

 

Por un lado debe ser todo amor para ella y, por otro, ser firme y severo para no despojarse de su condición masculina.

Su fuerza debe ser la que guíe la belleza de ella.

 

Ella debe sentir plenamente su fuerza de hombre masculino y viril.

 

En el amor, como en todo, se cumple inexorablemente la ley de acción y reacción, y se recibirá lo mismo que se irradia sobre la pareja. Si una mujer, por lo tanto, está continuamente regañando y tratando a su compañero de mal modo, él será empujado por esta misma fuerza negativa a cometer algún acto que la hará sufrir.

 

Todas las mujeres que deseen retener a su compañero deben recordar que las cadenas de flores son más fuertes que las de hierro.

 

El hombre, por su lado, debe recordar siempre que la mujer es por naturaleza mucho más sensible, delicada y anímica que el hombre, y que por lo tanto debe tratarla en todo momento con una firme dulzura y con una severa suavidad. En todo momento debe estar presto a brindarle su completo apoyo tanto en lo material como en lo espiritual. Si hay algo que desilusiona a una mujer es que su compañero pierda la delicadeza y el romanticismo en sus relaciones amorosas. Necesitan que él le declare su amor a menudo y que no se limite a unirse sexualmente solo para satisfacer sus instintos.

 

La ley de oro para que el hombre tenga siempre el cariño de su mujer es la siguiente: trata siempre a tu mujer como si fuera tu novia, como si recién la conocieras y le declararas tu amor. Mírala siempre como si fuera la primera vez, aquella vez en que te enamoraste de ella.

 

Quien sepa aplicar estos principios sabiamente, convertirá su vida matrimonial en una eterna luna de miel. Lo más triste en una pareja es cuando se habitúa el uno al otro, cuando están juntos solo por habito y no porque sientan amor.

 

En el común de los matrimonios sucede algo muy conocido: el primer tiempo se aman desesperadamente y paulatinamente su amor va desapareciendo y apagándose, y cuando no terminan en separación caen en la vid-común-habitual.

 

El amor, que debería hacerse más fuerte con los años, termina por desaparecer.

 

Esto nos lleva a una triste e inevitable conclusión: el amor que va desapareciendo con el tiempo hasta degenerar en habito no es tal amor. Esta unión fue producida únicamente por una pasión. Una vez satisfecha la pasión, todo termina y queda el vació. Ambos se recriminan mutuamente y no reparan en la realidad; no puede desaparecer un amor que nunca ha existido.

 

La unión pasional se caracteriza por repetidas uniones y desuniones a través de su vida en común. Tras un periodo de amor viene una súbita riña y después una etapa de algo parecido al odio. Después vuelve nuevamente el amor y este ciclo se repite indefinidamente.

 

El verdadero amor se caracteriza en primer lugar por que aumenta con el tiempo en vez de disminuir. Si bien existen choques entre ambos, no llega en ningún momento a producir una separación psicológica, no llegan a crear una barrera, sino todo lo contrario, su amor aumenta.

 

Cada uno mira por la felicidad del otro antes que por la propia. Es increíble lo que influyen los pequeños detalles en la vida hogareña. La mujer, por ejemplo, no debe llegar jamás a perder su pudor ni a presentarse delante de su marido desgreñada y sin arreglar. El principio hermético como es arriba es abajo y como es abajo es arriba actúa con toda su fuerza en este caso. Si ambos se sientan a comer un día cualquiera y por el hecho de estar en casa están desarreglados y descuidos, el hombre sin afeitarse y ella sin sus adornos femeninos, esto se reflejara también en su mutua relación, que será de una baja vibración espiritual.

 

Un matrimonio inmensamente feliz seria en que cada uno de ellos viviera imaginando como hacerle la vida más grata al otro, como darle pequeñas sorpresas agradables y como hacerle pequeñas atenciones.

 

El marido, por ejemplo, debería ser algo romántico, traer flores a su mujer, preocuparse de sus pequeños problemas y estar presto a demostrarle su amor. Debe asumir el papel de marido, amante, amigo, padre, y hermano. Si falta en algunos de estos deberes no hará plenamente feliz a la mujer. Ella también debe hacerle pequeñas atenciones destinadas a hacerle la vida grata en el hogar. Como de inteligencia femenina sabrá convertir el hogar en un verdadero paraíso.

 

Si ella logra convertir su hogar en un oasis de calma, tranquilidad y felicidad, el ansiara el momento de llegar al hogar y tener a su mujer al lado.

 

Debe ella debe asumir también el papel de esposa, amante, madre, amiga y hermana.

 

Es posible que para aquel que no sea suficientemente maduro, para el pasional, el egoísta, el fanático y el obtuso, y para todo el que no ha llegado a percibir un destello de la verdad, todo lo que se dice en esta pagina no sean más que palabras y palabras. Pero el que sabe lo que es humanidad, el que sabe lo que es amor, el que ha percibido la existencia de un ser supremo, vera la luz. No todos son capaces de ver la luz. ¿Se puede explicar a un ciego de nacimiento lo que es la luz, o a un sordo lo que es la música?.

 

Ya que estamos hablando sobre la felicidad y amor debemos tratar ligeramente la materialización de lo activo y pasivo, es decir, los hijos.

 

Ninguna pareja tiene derecho a procrear un hijo si no tiene un mínimo de seguridad de traer al mundo un hijo sano, sin taras físicas ni psíquicas y con un destino que le permita alcanzar el éxito.

 

Para esto existen leyes inmutables que rigen la “calidad” del ser que se traerá a la vida. Estas leyes son las siguientes:

 

1.        En el momento de la concepción tiene que existir una completa armonía psíquica, amorosa e instintiva entre ambos cónyuges. Mientras más positivo y elevado sea su estado da animo en el momento anterior a la copula, más elevadas será la concepción y se formara un hijo superior.

2.        Una vez que la mujer ha quedado encinta, no debe ser tocada por el hombre hasta después del alumbramiento. Toda relación sexual durante el embarazo provoca irreparables trastornos en el sistema nervioso del que esta por nacer.

3.        durante el periodo de embarazo se debe rodear en lo posible a la mujer de todo tipo de comodidades, evitarle todo mal rato, circundarla de cosas bellas, que escuche buena música y que procure mantenerse tranquila y serena en todo momento a fin de transmitir todas estas vibraciones positivas al ser que lleva en sus entrañas.

 

Una vez que se produjo el alumbramiento se debe acostumbrar a la criatura desde el principio a una vida en contacto con los elementos. Desde pequeña debe darse cuenta que sus padres mandan, porque todo infante trata instintivamente de dominarlos, primero a través del llanto y depuse por medio de verdaderos ataques de nervios.

 

La severidad y el cariño deben estar perfectamente equilibrados, ya que cuando falta el uno o el otro se producen graves complejos. Es una costumbre moderna proporcionar a los hijos todo lo que estos piden, aun a costa de grandes sacrificios; que tengan los mejores juguetes y las mejores ropas “para que no se sientan avergonzados antes sus compañeros”.

 

Las mutuas relaciones en el hogar deben estar perfectamente controladas y dirigidas. Es terrible para un niño ver una riña entre sus padres, que para él son verdaderos dioses.

 

Antes de los siete años de edad es difícil lograr hacer entender a los niños con palabras amables y buenas razones, ya que todavía no se ha producido en ellos el primer de3stello de la conciencia, lo cual sucede aproximadamente a los ocho años.

 

Una actitud firme de los padres, aunque no exenta de cariño, es recomendable, pudiendo en ciertos casos llegarse hasta el castigo corporal, pero solamente en forma inteligente y controlada.

 

Cuando la madre o el padre han llegado a un estado en que el niño o los niños los hacen perder la calma y alteran sus nervios, es por que están siendo dominados sutil, pero seguramente. ¿Puede acaso un padre ayudar a un hijo al cual no domina? ¿Puede una madre ayudar a sus hijos si no sabe mantener el dominio de sus nervios?.

 

En la niñez es justamente cuando comienza la segunda creación o el segundo nacimiento, que es tan importante como el primero, y es allí cuando los padres deben esforzarse al máximo para transmitir lo mejor de ellos mismos a los hijos. Los niños son muy observadores y jamás se borra de su mente aquello que les ha impresionado en uno u otro sentido. Un padre que por descuido se marcha un día sin besar a su hijita puede provocar en ella una sensación de abandono por haberse encontrado ese día en un estado psíquico de supersensibilidad.

 

Un niño que encuentre en su madre dureza, egoísmo y fatal de sensibilidad, crecerá con una inmensa sensación de soledad.

 

Recuerden los padres que los niños esperan siempre lo mejor de ellos, lo más elevado. No pequen por falta ni por exceso de sensibilidad.

 

Junto con la llegada de la pubertad hace su aparición el problema numero uno, que es el sexual. El error más grande que pueden cometer los padres es el de eludir la ilustración sexual de sus hijos, ya que con esta actitud los dejan librados a su propia iniciativa y descubrimientos. La madre debe proceder a ilustrar a su hija en forma delicada pero natural, tal como si estuviera conversando de la fecundación de las flores. El padre dará toda clase de información a sus hijos varones cuando considere llegado el momento de hacerlo.

 

No hay nada más hermoso que un padre llegue a convertirse en amigo de sus hijos, cuando estos llegan a perderles el temor, pero no el respeto. Es imposible para los padres llegar a comprender los problemas de sus niños si no pierden momentáneamente su calidad de padres para convertirse en amigos y situarse así en el mismo punto de vista de ellos.

 

Cuando un jefe de hogar sabe dirigir sabiamente a sus hijos y a su mujer, ese grupo familiar se convierte en una poderosa fuerza de vida, amor y protección para todos, donde seguramente va a reinar la felicidad.

 

Muchos lectores se harán tal vez reflexiones amargas con respecto a la felicidad.

 

¿Cómo voy a ser feliz si estoy enfermo?

 

¿Cómo voy a ser feliz si estoy hundido económicamente?

 

¿Cómo voy a ser feliz si tengo tanta “mala suerte”?

 

y así una larga lista de “peros” se agrega a estos.

 

Para quienes piensen así, quiero volver a insistir en dos puntos: todo lo que encontramos en la vida, ya sea bueno o malo, es producto de lo que nosotros mismos nos hemos creado con nuestras acciones: cosechamos aquello que sembramos.

 

Todo es un estado vibratorio, bueno o malo.

 

Toda vibración puede transformarse en la contraria por el poder de la mente, ya que todo es mente y todo vibra en el Universo.

 

Amor puede transformarse en odio, fracaso en éxito, pobreza en abundancia, dolor en placer y sufrimiento en paz.

 

Toda transmutación necesita un tiempo prudencial para llevarse a cabo, paciencia, fe y espíritu de sacrificio deben ser los tres puntales del éxito.

 

Todo el que crea firmemente que puede cambiar algo negativo por positivo puede hacerlo con su mente y voluntad.

 

Las energías ocultas del ser humano son poderosísimas.

 

Hay momentos en que éstas afloran automáticamente y el hombre duplica su fuerza y su inteligencia como por ejemplo, cuando está en peligro de muerte. “Puede el que cree que puede” es un adagio de indudable poder, ya que la fe es la hembra y el pensamiento es el macho, ambos necesarios para llevar a cabo una creación mental.

 

El que tiene “mala suerte” debe borrar ese termino para siempre de su psiquis y empaparse de vibraciones de éxito.

 

Ver el éxito, sentir el éxito, oír el éxito, oler el éxito, respirar el éxito. Su único pensamiento debe ser éxito-éxito-éxito.

 

Si así procede, alcanzar lo que se propone.

 

Transmutar es negar concientemente lo no deseable y afirmar lo deseado.

 

Nada es imposible para quien emplea sabiamente este principio.

 

 

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