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| Quignard, Pascal | ||||||||||||||||||||
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Ochocientas p�ginas para hablar del tiempo, del espacio, del sexo, del miedo, de lo sublime, de lo s�rdido y de lo singular, es decir, tres libros cuyo primer tomo Les ombres errantes, ha ganado el premio Goncourt 2002, para asombro de algunos y satisfacci�n de la mayor�a: Pascal Quignard es realmente el m�s iconoclasta de los escritores franceses contempor�neos.
"Ya he previsto un libro sobre la b�squeda de lugares maravillosos que se llamar� Les paradisiaques. Otro, Les sordissimes que reunir� todo lo relativo al discurso, lo que Bataille(*) llama la parte maldita y que abarca desde las recetas de cocina hasta los coches de juguete pasando por los caramelos. Tambi�n escribir� sobre las estaciones del a�o, las edades, y las horas. No s� cu�ntos tomos escribir�. No quiero que mis declaraciones me aten. Lo cierto es que morir� con este proyecto bautizado Dernier royaume, es mi manera de decir que el segundo mundo (siendo el primero uterino y prenatal) es el �ltimo, que no hay otra vida", explica el artista entusiasmado. Sutil y decidido son sin duda las palabras que definen a este hombre, nacido en 1948, en el Eure (regi�n de Alta Normand�a), en una familia de gram�ticos y m�sicos, licenciado en filosof�a, editor durante veinte a�os en Gallimard, y autor de �xito tras la publicaci�n de Salon du Wutemberg en 1986, y de Tous les matins du monde, que Alain Corneau adapt� al cine en 1991 y que cuenta la vida recluida de Marin Marais, compositor barroco que cay� en el olvido. Todo ello hubiera podido formar un destino, una carrera, una l�gica. Pero a Pascal Quignard le va mejor cuando rompe con su condici�n. De ni�o fue un poco autista un par de veces y la primera de ellas, su t�o, que hab�a salido del campo de concentraci�n nazi de Dachau, le volvi� a ense�ar a hablar y a comer haci�ndole chupar un palo de regaliz que parec�a una rama. La aventura de una literatura inclasificable En un per�odo mucho m�s reciente, hace dos a�os, el escritor perdi� a su padre. Para �l supuso tristeza y... liberaci�n. "Me di cuenta hasta qu� punto el apellido, el hecho de entrar en la vida social, de anhelar los honores desaparec�an con la muerte del padre, puesto que a lo largo de toda la vida se hacen muchas cosas para complacer a nuestros progenitores. Por tanto, muchas de nuestras ambiciones desaparecen cuando mueren. Tuve que forzarme para ense�ar, para trabajar en la edici�n, para dedicarme a la m�sica, para desempe�ar cargos, pues yo carec�a de talento para la vida colectiva. Ahora bien, existe una vida m�s remota que la vida ambiciosa e incluso que la amorosa, una soledad anterior a la vida social. Y hoy, m�s que nunca, �se es el tipo de vida que llevo. Me abstraigo de la familia como me abstraje de la patria." Efectivamente, en 1994, Pascal Quignard envi� su dimisi�n a las ediciones Gallimard, y al mismo tiempo que se liberaba de aquel papel social, se liber� tambi�n de la cuesti�n de los g�neros literarios. �Es un novelista o m�s bien un poeta? �Un ensayista o un music�logo? �Es latinista o posmoderno? Estos interrogantes ya no tienen importancia. Al abandonar su empleo, emprendi� muy entusiasmado la aventura de una literatura inclasificable. "Al no estar tan atado a horarios y lugares pens� que iba a volverme loco. Es una inquietud que la sociedad nos insin�a. Cuando acudimos al trabajo todos los d�as, el tiempo y el alma est�n muy cuadriculados y uno se pregunta con ansiedad si no va a sucumbir por vivir sin ellos. Mi prop�sito no es decir que algunos est�n alienados y otros no, puesto que no creo que uno pueda prescindir de la lengua que aprendi� de ni�o o sustraerse al tiempo y a la sociedad en los que ha vivido y sin los que no se es nada. Yo no creo en absoluto que haya que oponerse a un estado original id�lico y a una sociedad monstruosa. Simplemente, lo que yo deseo es ser lo m�s individualizado posible, lo menos dependiente posible y poder llevar una vida coherente con lo que siento..." En el tercer tomo, Ab�mes, que tambi�n apareci� este oto�o, el autor escribe: "por mucho que uno cierre los libros, abandone a las mujeres, cambie de ciudad, renuncie a los oficios, escale monta�as, cruce mares, franquee fronteras o suba a aviones, no escapa de su sue�o". El de Pascal Quignard es tanto buscar la lucidez como perder el conocimiento, no ver el paso del tiempo y vivir, leer a menudo, mucho y escribir a�n m�s. Al galardonar a Pascal Quignard con el premio Goncourt (el m�s prestigioso de los premios literarios franceses), el jurado quiso recordar deliberadamente que la creaci�n es tambi�n reconocida en lo que �sta tiene de ruptura, y Pascal Quignard el anacoreta de Par�s, el eremita enterrado hasta el cuello en sus centenares de p�ginas, sali� en televisi�n y super� la prueba. Les ombres errantes o la inseguridad de pensar. "Yo no pretend�a en absoluto emprender algo tan largo sino que quer�a escribir libros que no superaran la capacidad de mi cabeza, por as� decirlo, que yo pudiera sobrevolar bajo cualquier perspectiva. Pero algo as� como una ola empez� a crecer hasta ahogarme. Como para decirme: no seas tan circunspecto con tu propia vida." "Les ombres errantes es el libro que m�s implicaciones biogr�ficas contiene. Para m� es importante que una idea est� �ntimamente ligada a la vida que uno lleva. En este libro explico con claridad mi voluntad, respecto al mundo contempor�neo, de crear un lugar solitario y ensalzar all� la inseguridad de pensar, cuando las sociedades en que vivimos preconizan lo contrario. La misma situaci�n se produjo al final del Imperio Romano: para oponerse a la vuelta del monote�smo religioso y a la pacificaci�n imperial se crearon numerosas ermitas. Odio todos los valores que est�n resurgiendo. El retorno de la fe me horroriza, y me desespera ver a mis propios amigos convertirse en creyentes y doctrinarios. Estamos viviendo en 1571, hab�a que describir aquella atm�sfera de Saint-Barth�l�my. Vuelven las guerras de religi�n. Se diviniza a la mujer, se adora a la muerte. La democracia es m�s violenta y desigual que en los tiempos de Pericles. La t�cnica, objeto de todo fetichismo y el culto a la juventud gregaria es peor que salvaje: desdomesticada, psic�tica". |
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| Retorica especulativa | Ronsard (Escucha a Pascal Quignard) | |||||||||||||||||||
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