Para demostrar la pasada existencia prehistórica de civilizaciones mundiales de nuestra especie humana, es suficiente comprobar la existencia de un conocimiento prehistórico sobre ciencia y tecnología con un elevado nivel de sofisticación. Este conocimiento prehistórico es implicado por el descubrimiento de productos tecnológicos cuya antigüedad revela que proceden de un conocimiento científico anterior al desarrollado por nuestra histórica civilización.
En el artículo "An Ancient Greek Computer", aparecido en la revista Scientific American, June 1959, p. 60-67 www.giant.net.au , su autor Derek J. de Solla Price, profesor de historia de la ciencia de la Universidad de Yale, presentó su informe sobre el insólito 'Mecanismo de Antikythera'. Sistema de engranes de bronce que ocupa un espacio de 32X16X10 cm, descubierto en 1900 entre los restos de un antiguo barco hundido cerca de las costas de Antikythera, una isla entre Creta y Grecia, dicho barco naufragó desde el año 80 a. de C. según los modernos métodos de datación.
Con el tiempo el mecanismo
se cubrió de un duro depósito calcáreo y se fragmentó, el metal se corroyó con
sales metálicas duras preservando mucho de su forma original durante los casi
2000 años que permaneció sumergido. En los restos de su estuche de madera
pudieron descifrarse varias inscripciones, como las referidas al famoso
Calendario de Geminos de Rodas (año 77 a. C.). Actualmente se exhibe en el
Museo Nacional de Arqueología de Atenas.
Constituido por 32 engranes, lo que se ha podido descifrar en común acuerdo de este mecanismo es que reproduce con precisión los movimientos del sol y de la luna a lo largo de la eclíptica, y contiene un diferencial que proporciona el movimiento relativo entre ambos astros determinando el ciclo de las fases de la luna.
Como lo expresa Anthony Phillips, profesor de matemáticas en la Universidad Estatal de Nueva York http://www.math.sunysb.edu/~tony , en su columna de la American Mathematical Society http://www.ams.org , 'Es difícil exagerar la singularidad o importancia de este dispositivo en una necesaria y completa reevaluación de lo que se ha creído acerca de la tecnología del mundo antiguo'.
De su columna se ha tomado la siguiente gráfica del diagrama del mecanismo, reproducida de las Memorias de la American Philosophical Society Vol 64 No 7 (1974), en que Solla Price publicó otro artículo: "Gears from the Greeks,"
El diagrama general del engranaje sólo pudo ser dibujado hasta después de 1971, en que Solla Price pudo observar todos sus componentes utilizando rayos gama, pudiendo penetrar el bloque calcáreo en que se encuentran inmersos.
En el ensamble que relaciona
los movimientos del sol y la luna, el eje del engrane de la luna (de 32
dientes) va por dentro del eje del engrane del sol (de 64 dientes), que se
enlaza con el engrane doble de 38 y 48 dientes, el cual se enlaza a su vez con
el engrane doble de 24 y 127 dientes, que finalmente se enlaza con el engrane
de la luna. La relación entre las velocidades angulares de los engranes de la
luna y del sol puede entonces calcularse como: (64/38)(48/24) (127/32) =
254/19 = 13.36842.. Lo cual es una excelente aproximación observable
astronómicamente (como se estableció en el calendario griego del ciclo Metonico
en el que a cada 19 años corresponden 235 = 254 - 19 ciclos lunares) a la
relación 13.368267.. . entre la duración de los recorridos de la luna y el sol
a lo largo de las constelaciones del zodíaco.
Puede observarse también en http://www.ams.org/featurecolumn/archive/kyth2.html la animación realizada por Bill Casselman, de la University of British Columbia, sobre la simulación de los movimientos del sol y la luna a lo largo de las constelaciones del zodiaco conforme giran sus engranes en el mecanismo de Antikythera. Nótese que las constelaciones se despliegan en referencia al hemisferio sur.
Puesto que el enlace sol-luna involucra un número impar de engranes, sus respectivos engranes giran en dirección opuesta, lo cual es utilizado por el diferencial para determinar su movimiento relativo. La mayoría de los diferenciales son tridimensionales, como en los automóviles, sin embargo el mecanismo de Antikythera incorpora un ingenioso diferencial bidimensional, como es ampliamente ilustrado por las gráficas animadas de Bill Casselman.
El investigador Richard Sanders despliega en la revista 21st Century Science & Technology http://www.21stcenturysciencetech.com//articles/Spring03/Antikythera.html el diagrama transversal del mecanismo, y presenta también la conjetura de que el mecanismo de Antikythera pudo ser empleado para medir la longitud geográfica, lo cual es un problema abierto que requiere de una completa comprensión del mecanismo, sobre el cual aún hay muchas dudas.
Pero si se trata de relacionar al mecanismo de Antikythera con la medición de coordenadas geográficas, resultan más obvias las descubiertas por Charles H Hapgood en mapas antiguos como el de Piri Reis, uno de cuyos polos podemos identificar con la intersección del Río Nilo y el Trópico de Cáncer, el otro Polo tendría que estar en el Pacífico sur, al noreste de Nueva Zelanda y sobre el Trópico de Capricornio. De manera que la eclíptica (o trayectoria aparente del sol alrededor de la tierra durante el año, que tiene como fondo a las constelaciones del Zodiaco) proyectada sobre la superficie terrestre de modo que pase por estos dos polos constituiría el meridiano cero.
Entonces si un observador en la Tierra ubicaba sus coordenadas estelares con un Astrolabio en base al plano de la eclíptica, es decir, su ángulo en el círculo zodiacal (latitud de 0 a 360º) y su ángulo con respecto a dicho plano (longitud de 0 a 90º norte o sur), con el Mecanismo de Antikythera, en cuyos restos se ha podido identificar una escala circular en grados conteniendo a las constelaciones del Zodiaco, concéntrica y desplazable a otra escala de los días y meses del año, quizá podía determinar sus coordenadas geográficas que automáticamente aparecían en otras carátulas del Mecanismo. Habría que someter a prueba esta hipótesis con el funcionamiento de los 32 engranes. De resultar cierta esta conjetura, constituiría la prueba dura para la Arqueología de la pasada existencia de civilizaciones mundiales en tiempos anteriores al Holoceno.
Se reproducen a continuación las conclusiones de Solla Price al final del citado artículo de Scientific American.:
“Es en la prehistoria de la mecánica donde debemos buscar las analogías
importantes del mecanismo de Antikythera para una valoración de su importancia.
Al contrario de otros dispositivos mecánicos, el reloj no evolucionó del más
simple al más complejo. Los relojes más viejos de que estamos bien informados
eran los más complicados. Toda la evidencia apunta al hecho que el reloj empezó
como una obra maestra astronómica que luego pasó a servir para indicar el
tiempo.”
“Gradualmente las funciones
de medición del tiempo se hicieron más importantes y la función maravillosa de
reloj de los cielos se hizo subsidiaria. Detrás de los relojes astronómicos
del siglo XIV hay una sucesión estrecha
y continua de modelos mecánicos de teoría astronómica. En la cabeza de esta
sucesión está el mecanismo de Antikythera. Siguiéndolo están los instrumentos y
computadoras de relojería conocidas del Islam, de China e India y de la Edad
Media europea.”
“La importancia de esta línea es muy grande, porque la tradición de
fabricación de relojes conservó la habilidad científica del hombre en la
mecánica fina. Durante el Renacimiento los fabricantes de instrumentos
científicos evolucionaron de los relojeros. Así el mecanismo de Antikythera es,
en cierto modo, el venerable progenitor de toda nuestra plétora presente de
hardware científico.”
“Un pasaje significativo en esta historia se tiene que hacer con las
computadoras astronómicas de Islam. Conservado por completo en el Museo de
Historia de la Ciencia en Oxford un calendario islámico del siglo XIII computarizado por medio de engranes
que tiene varios períodos construidos dentro de él, mostrando con diales los
varios ciclos del sol y la luna. Este diseño puede remontarse hacia atrás, con
los períodos ligeramente diferentes pero en arreglos similares de engranes, a
un manuscrito escrito por el astrónomo Al-Biruni aproximadamente 1000 años D.
de C. Tales instrumentos son mucho más simples que el mecanismo de Antikythera,
pero muestran muchas similitudes en los detalles técnicos que resulta claro que
provinieron de una tradición común. Se usa el mismo engranaje con dientes a 60
grados; las ruedas están montadas en ejes fijados en un cuadrado; el diseño
geométrico del engranaje resulta comparable.”
“Simplemente en ese momento el Islam estaba utilizando conocimiento
griego y redescubriendo los textos griegos antiguos. Parece que la tradición de
Antikythera era parte de un gran cuerpo de conocimiento que se perdió para
nosotros pero que fue conocido por los
árabes. Fue desarrollado y transmitió por ellos a la Europa Medieval dónde se
convirtió en la fuente para el basto rango de invención subsecuente en el campo
de la maquinaria de relojería.”
“Por un lado los dispositivos islámicos completan la historia, y demuestran que es a través del desarrollo del pasado y no mera coincidencia que el mecanismo de Antikythera se parezca a un reloj moderno [de cuerda, 1959]. Por otro lado muestran que el mecanismo de Antikythera no fue único en su especie, sino que fue parte de una importante faceta en la civilización Helena. La historia ha contribuido a guardar en la oscuridad dicha faceta griega para nosotros, y sólo la accidental preservación bajo el agua de fragmentos posteriormente desempolvados en otra parte, la ha traído a la luz. Es alarmante saber que simplemente antes de la caída de su gran civilización los griegos antiguos se acercaron tanto a nuestra época, no sólo en su pensamiento, sino también en su tecnología científica.”
Con el actual prejuicio científico de asignar la mínima antigüedad posible a cualquier desarrollo del pasado, efectivamente la primer opción es pensar que los griegos fueron los creadores de la tecnología del mecanismo de Antikythera, pero no necesariamente es la correcta, así como los árabes simplemente parecen haber sido depositarios de ella, lo mismo pudo haber pasado con los griegos.
La única referencia comprobada que tenemos de desarrollo tecnológico es la de nuestra actual civilización, y a partir de ella podríamos cuestionarnos, ¿porqué si la civilización griega tuvo el impulso para crear dicha tecnología, no lo tuvo para expandirla? Nos parecería natural que toda creación tecnológica va rodeada de una inercia de desarrollo. Si así como los árabes la enseñaron a los europeos del medioevo, ¿porqué los griegos no la enseñaron a los romanos?
Mientras que a la antigua Grecia solemos verla como un antepasado de la civilización occidental, a la civilización árabe no. Si acaso como a una maestra, ya que enseñó a Europa todo tipo de conocimientos, inclusive el arte de navegar, proveyéndola de los antiguos mapas conocidos como portulanos o cartas de marear, que según el investigador Charles H. Hapgood (años sesentas), a pesar de ser tomados como empíricos o hasta inventados, eran muy precisos y manejaban un sistema cartográfico con un polo que podemos identificar con la ciudad de Siene hoy Aswán, en las márgenes del Alto Nilo.
Los actuales rasgos culturales de los pueblos árabes, de discriminación y marginación a la mujer, revelan que fueron diseñados para limitar el desarrollo de su civilización, lo que la hace parte de la prehistórica civilización mundial que se autoinmoló para dar paso al desarrollo de “su querida hija”, la civilización occidental, como ya se ha señalado en el capítulo anterior de este ensayo y se explica más en detalle en el siguiente.
Precisamente puesto
que la ciudad de Siena se encuentra sobre el Trópico de Cáncer, ya era conocido
que durante el solsticio de verano los rayos del sol llegan al medio día
perpendicularmente a la superficie terrestre en dicha ciudad, lo cual utilizó
el griego Eratóstenes (240 años A. de C.) para medir la circunferencia
terrestre a partir del ángulo de llegada de los rayos solares al mismo tiempo
en la ciudad de Alejandría y de la
distancia entre ambas ciudades.
En su libro “Maps of
the ancient sea kings” (1966), Charles H. Hapgood concluye que existió una
avanzada civilización mundial en la Edad de Hielo, es decir, hace más de diez
mil años, cuando gran parte de Europa, la ex Unión Soviética y Canadá todavía estaban cubiertas por los glaciares. El mapa más conocido que
utilizó para formular esta conclusión, fue el elaborado por el almirante de la
marina otomana Piri Reis en 1513, que muestra la costa oriental de Sudamérica
unida a la Antártida libre de hielo.
El mapa de Piri Reis
fue encontrado en 1929 en el palacio Topkapi de Estambul, que fuera la
residencia oficial del Sultán del Imperio Otomano entre los siglos XV y XIX,
actualmente convertido en Museo en una de cuyas salas se exhibe el mapa.
El Capitán retirado de
la Marina Estadounidense Arlington H. Mallery, se había dedicado a investigar
la variación de las costas marítimas en el pasado, cuando en 1954 cayó en sus
manos una copia del Mapa de Piri Reis. Además de observar las costas de
Sudamérica y África con las longitudes correctas, para cuya medición nuestra
civilización no contó con una técnica sino hasta 1770, pudo reconocer el
litoral de la Tierra de la Reina Maud de la Antártida pero sin hielo, lo que le
permitió conjeturar que la prolongación de tierra hacia la Antártida bien pudo
haber existido sobre el nivel del mar y libre de hielo, y entonces haber sido
cartografiada.
La conjetura del
Capitán Mallery motivó al Profesor de Historia de la Ciencia en el Keene State
College de la Universidad de New Hampshire, Charles H. Hapgood, a dirigir un
equipo de investigación sobre los mapas antiguos que utilizaban los navegantes
europeos de la Edad Media. Sus resultados han sido rechazados por la falta de
una explicación satisfactoria de la desaparición de una avanzada civilización
mundial.
Pero ahora se presenta aquí una explicación de la desaparición de aquella civilización
prehistórica que descubrió el Profesor Hapgood: se auto inmoló por medio de la
práctica de las religiones de sacrificios humanos. Como lo sugiere, por
ejemplo, el misterioso pueblo de los Fenicios, que navegaba por todo el
Mediterráneo y se adentraba al Atlántico, siendo muy dado a la práctica ritual
de ofrendas humanas.
Según las mediciones actualmente más autorizadas, la
Antártida ha estado cubierta por el hielo desde hace catorce millones de años,
lo cual se ha tomado como un argumento para desacreditar el mapa de Piri Reis.
Pero hay que tomar en cuenta que precisamente la división en los dos últimos
subperíodos geológicos, el Pleistoceno y el Holoceno, se debe a los cambios
climáticos que iniciaron hace unos catorce mil años e implicaron el gradual
descongelamietno de los glaciares, lo cual tuvo que dar lugar a súbitos
cataclismos climáticos como grandes inundaciones continentales y el posterior
descenso de las aguas, contribuyendo a la desaparición de los grandes mamíferos
como el mamut y el tigre dientes de sable.
En particular dichos
cambios climáticos pudieron haber provocado un momentáneo descongelamiento de
la Antártida, la cual tardaría en volver a su estado normal alrededor de un
millar de años, tiempo suficiente para que la civilización mundial que padeció
los correspondientes cataclismos climáticos, se haya reconstruido trasladando
su capital a la región del Alto Egipto y realizado los mapas originales de
Sudamérica y la Antártida sin hielo. Como tal lapso de tiempo fue muy corto
geológicamente, no pudo ser percibido por las mediciones de datación de los
sedimentos de los fondos marinos de la Antártida que dan esos catorce millones
de años. Sin embargo sí fue percibido por las mediciones a que Hapgood hace referencia, que implican que la Antártida estaba descongelada hacia el año 10 000 A de C.
De hecho a partir del
actual calentamiento global, sabemos que esta ocurriendo un descongelamiento de
los polos, lo cual debió haber ocurrido únicamente con el Polo Sur cuando
Europa y el norte de Asia y América estaban cubiertos por los glaciares,
enmarcado en un calentamiento global que confirman los registros
paleoclimáticos y en el cual estamos comprobando que también tuvo que ver, como
hoy, la presencia de una civilización mundial.
Así que el mecanismo
de Antikythera y el mapa de Piri Reis dejan clara la existencia de un
conocimiento prehistórico que ya se encontraba en proceso de extinción en la
antigua Grecia, entre sus depositarios podemos citar a Eratóstenes, que llegó a
ser Director de la antigua Biblioteca de Alejandría y midió el tamaño de la
circunferencia terrestre milenio y medio antes de que Cristóbal Colón empezara
a hablar de la redondez de la tierra.
Pero a la par que
aquél conocimiento prehistórico se perdía, daría nacimiento a la ciencia
actual, entre cuyos grandes fundadores podemos citar a Aristóteles con su
clasificación de las ciencias y a Claudio Ptolomeo con el sistema geocéntrico.
El nuevo conocimiento fue naturalmente adoptado por la Iglesia Católica y
posteriormente superado por las visiones revolucionarias de Copérnico y
Galileo.
Se ha hecho clásico ya el tema de los
enigmas de las civilizaciones perdidas, se ha buscado a la Atlántida y se le ha
encontrado por todas partes del mundo, pero es necesario reparar en que la
suposición de la pasada existencia de una tal civilización, implica la
existencia de otras tantas metrópolis, contemporáneas o posteriores, varias de
las cuales se han descubierto buscando a la Atlántida.
Un argumento que se
ha utilizado para "desmentir" a Platón de la pasada existencia de la
Atlántida, es que a partir de la teoría de la Pangea no ha habido lugar en el
Atlántico donde antes haya podido existir otro continente. Sin embargo queda la
posibilidad lógica de que la Atlántida haya podido ser la propia América, y
entonces no habría ninguna incoherencia con la teoría de la Pangea. Según la
cual, todos los continentes que hoy conocemos estaban unidos hace más de 100
millones de años en una sola masa continental, que se fragmentó con la caída de
un meteorito en lo que hoy es la Península de Yucatán, provocando el nacimiento
del océano Atlántico y la posterior extinción de los dinosaurios.
De tal manera que los
continentes de hoy son las partes de un rompecabezas que embonan
satisfactoriamente según sus costas y su orografía para reconstruir la Pangea.
Por lo que no es posible que hace algunos miles de años haya podido existir
otro continente en medio del Atlántico. Así que la Atlántida solamente pudo
haber sido la misma América.
Desde que se empezó a
tener conciencia de que América era un nuevo continente, y no las Indias
Orientales como lo había supuesto Colón, se llegó a pensar que podría ser la
Atlántida aludida en los Diálogos de Platón, pero por la apariencia retrasada y
salvaje de sus culturas autóctonas, practicantes de religiones de sacrificios
humanos, así como por no haberse encontrado evidencia clara de ruinas o
vestigios de una civilización tan desarrollada como la aludida por Platón, se
abandonó esta idea para volverse a retomar hasta últimas fechas.
Las ruinas de la Atlántida pudieron haber sido consumidas por aquellas culturas de ofrendas humanas, entre otras razones para hacer sus propias construcciones:
T. C. Overstreet y otros investigadores de la historia señalaron que enormes y gruesas hojas de mica fueron encontradas por arqueólogos en el quinto nivel de la Pirámide del Sol en Teotihuacan. Más tarde, a 400 metros hacia abajo de la Pirámide del Sol, fue informado por la Fundación Viking, de otro trozo de mica que se encontró de tamaño considerable: unos 27.5 metros cuadrados, cerca de la Avenida de los Muertos. Al asombro de todos los arqueólogos, se identificó como un tipo de mica que se encuentra en Sudamérica, y en ninguna otra parte. Hallazgos semejantes de mica sudamericana se han descubierto en sitios Olmecas.
Esto generó la pregunta de ¿Cómo este tipo particular
de mica había sido transportado unos 3218.6 kilómetros e incorporado a
Teotihuacan? ¿Cómo pudo algo tan grande ser transportado en un período de la
Edad de Piedra? La respuesta es que estas micas se transportaron en una época
anterior, por una civilización tecnificada que desapareció a causa de los
cataclismos climáticos del final del Pleistoceno, y de entre sus ruinas las
culturas mesoamericanas tomaron estas micas para realizar sus propias construcciones.
América fue inundada
por las aguas marinas al final del Pleistoceno, hace unos catorce mil años. Lo
cual es coherente en tiempo y espacio con el hundimiento de la legendaria
Atlántida. Según el capítulo de Critias, de los Diálogos de Platón, Solón escuchó
su relato de sacerdotes egipcios hace unos 2600 años, y ellos le dijeron que
habían pasado más de 9000 años desde el hundimiento.
Hablan de una Isla
más grande que la Libia y el Asia reunidas, lo que significa que el término
Isla no aludía a una pequeña porción de tierra, sino a un continente que estaba
aislado del "viejo mundo" por medio del océano Atlántico, ya que
estaba "más acá" de las Columnas de Hércules o Estrecho de Gibraltar,
donde termina el mar Mediterráneo.
Por otro lado, la página del
Códice Mendocino que habla sobre la teocracia de Tenoch como primer forma de
gobierno de la recién fundada ciudad de México Tenochtltlan, conserva algunos
rasgos culturales de la Atlántida: Las cinco parejas de sacerdotes sustituyen a
las cinco parejas de hijos de Cleito y Poseidón; y el islote al interior de la
laguna de Anáhuac cruzado por dos corrientes de agua, una clara y la otra
sangrienta, durante la fundación de México Tenochtitlan, sustituyen a la
pequeña isla de Cleito dentro de una laguna con anillos de tierra y cruzada por
dos corrientes de agua, una fría y la otra caliente.
Así que los
fundadores de México Tenochtitlan conservaban la memoria, por medio de sus
tradiciones religiosas, de la pasada existencia de la Atlántida, e
identificaron el antiguo sitio de su capital con el lugar donde fundaron la
nueva ciudad. Después de haber realizado una milenaria peregrinación que partió
de Teotihuacan, ciudad que alcanzaba a ser rodeada por el entonces más extenso
lago de Anáhuac (primer Aztlán), dicha peregrinación llegó hasta los grandes
lagos del actual estado norteamericano de Utah, para regresar finalmente al
lago de Anáhuac, ya reducido a la forma en que se presenta en el siguiente capítulo.
América (=Atlántida)
debió haberse inundado momentáneamente al principio de los grandes cataclismos
que marcaron el final del Pleistoceno, o subperiodo geológico anterior, a causa
del desequilibrio climático mundial que terminó con el deshielo de la
glaciación de Würm en Europa algunos milenios después. América habría quedado
prácticamente despoblada, pero de inmediato se volvió a poblar por el hombre
asiático a través del Estrecho de Bering.
La tradición náhuatl
parece hablarnos del retorno a América de los descendientes de los
sobrevivientes de la inundación, sin embargo sus principales dirigentes
volvieron a irse cruzando el Atlántico: (las palabras en náhuatl se pronuncian
en la penúltima sílaba, ll = l larga)
He aquí la relación que solían pronunciar los ancianos:
Izca in tlatolli in quitotiui in uehuetque:
En un
cierto tiempo que ya nadie puede contar,
in iquin in cani, in aocac uel compoa,
del que ya nadie ahora puede acordarse,
in aocac uel conilnamqui,
quienes
aquí vinieron a sembrar
in aquique nican quinchaiaoaco
a los abuelos, a las abuelas, éstos, se dice,
in coltin, in zitin, in aquique, in mitoa
llegaron,
vinieron, siguieron el camino,
in acique, in ecoque, in ochpanaco
los
que vinieron a barrerlo, vinieron a terminarlo,
in tlatzonilpico, in tlatepachoco
vinieron
a gobernar aquí en esta tierra,
in nican tlalpan,
que
con un solo nombre era mencionada,
in zac ic mocenteneoa
como
si se hubiera hecho esto un mundo pequeño.
in iuhquima centetl cemanaoatontli mochiuhticatca.
Por el agua en sus barcas vinieron, en muchos grupos
Atlan, acaltica, in oallaque, miec tlamanti
y allí arribaron a la orilla del agua, a la costa del norte,
auh uncan atenquizaco, in mictlampa atenco,
y allí donde fueron quedando sus barcas, se llama Panutla,
auh in uncan cacanaco imacal, motocaioti Panutla,
quiere decir, por donde se pasa encima del agua,
quitoznequi, panuoaia,
ahora se dice Pantla (Pánuco).
axcan mitoa Pantla.
En seguida siguieron la orilla del agua,
Niman ic atentli quitocatiaque,
iban buscando los montes, algunos los montes blancos
quitzitiui in tepetl, oc cenca iehoan in iztac tetepe,
los
montes que humean . . .
ioan in popocatetepe . . .
Además no iban por su propio gusto,
Auh inin amo zan moiocoia in ui,
que sus sacerdotes los
guiaban, les iba hablando su Dios.
ca quiniacana in intlamacazcaoan, auh quinotztiui in inteouh.
Después vinieron, allá llegaron, al lugar que se llama Tamoanchan,
Niman ic oallaque, uncan azico, in intocaiocan Tamooanchan,
que quiere decir, “nosotros buscamos nuestra casa”.
quitoznequi, Temooa tocha.
Y allí permanecieron algún tiempo.
Auh uncan uecaoaque.
Y los que allí estaban eran los sabios,
Auh inique y uncatca in tlamatinime,
los llamados poseedores de códices.
In mitoa amoxoaque.
Pero no permanecieron mucho tiempo, los sabios luego se fueron,
Auh amo cenca uecaoaque, in tlamatinime niman iaque,
Volvieron a entrar en sus barcas y se llevaron la tinta negra y roja
Oc ceppa macalaquique, auh quitquique in tlilli, in tlapalli,
los
códices y las pinturas, todas las artes, la música de las flautas.
In amoxtli, in tlacuilolli, quitquique in ixquich tultecaiotl,
tlapitzalli.
Cuando iban a partir convocaron a
los que iban a dejar, les dijeron:
Auh in iquac unpeuhque, quinnonotztiaque, quimilhuique:
“Dice el Señor nuestro, Tloque Nahuaque, que es Noche y Viento,
Quimitalhuia in Totecuio, in Tloque, Naoaque, in iooalli, in ehecatl,
aquí habréis de vivir, aquí os hemos venido a sembrar,
nican anmonemitizque, nican tamechtocauilico,
esta tierra os ha dado nuestro Señor, es vuestro merecimiento y don.
inin tlalli amechmomaquilia in Totecuio, amomaceoalti, amolhuilti.
Ahora lentamente se va más allá nuestro Señor, Tloque Nahuaque.
Oc nachca in motlamachititiuh in Totecuio, in Tloque Naoaque.
Ahora también nosotros nos vamos, porque lo acompañamos a él,
Auh in ica oc ietiui, ca tictouiquilitiui, in canin motlamachichitiuh,
Señor, Noche, Viento, Señor nuestro, Tloque Nahuaque, que se va,
Tlacatl, iooalli, in ehecatl, in Totecuio, in Tloque Naoaque ca mouica,
habrá de volver, volverá a aparecer, habrá de visitaros,
ca mocueptzinoa, tel uitz moquixtiquiuh,
cuando esté para terminar su camino la tierra,
amechmatiquiuh, in oiziuh tlalli,
cuando sea ya el fin de la tierra, él saldrá para ponerle fin.
in ie tlalzompa, in ie itlamian, iehoatl tlatzonquixtiquiuh.
Vosotros aquí habréis de vivir, aquí guardaréis vuestro don y favor,
Auh amechoan annemizque,
antlapiazque amolhuil, amonemac,
lo que aquí hay, lo que aquí brota, lo que se encuentra en la tierra,
y in nican onoc, in ixoatoc, auh in tlallan onoc,
lo que hizo merecimiento vuestro aquél a quien habéis seguido.
amechmomaceoaltilia, iehoatl in anquioaltocaque.
Y ahora ya nos vamos, le seguimos, adonde él va.”
Auh in inca oc ie toniatiui, tictouiquilitiui, in canin
motlamachititiuh.
En seguida se fueron los portadores de los dioses,
Niman ic iaque in teumamaque,
los que llevaban a cuestas los envoltorios,
in quimilli, in tlaquimilolli quitqui,
dicen que les iba hablando su Dios.
quil quinnotzitiuh in inteouh.
Y cuando se fueron, se dirigieron hacia el rumbo del rostro del sol,
Auh inic iaque, ie tonatiuh yixcopa itztiaque,
se llevaron la tinta negra y roja, los códices y las pinturas,
quitquique in tlilli, in tlapalli, in amoxtli, in tlacuilolli,
la sabiduría, todo se lo llevaron, los libros de cantos y las flautas.
quitquique in tlamatiliztli, mochi quitquique, cuicaamatl, tlapitzalli.
Pero se quedaron cuatro viejos sabios, el uno era Oxomoco,
Auh mocauhtiaque ueuetque tlamatinime nauintin ce itoca Oxomoco
el de otro Cipactónal, los otros Tlaltetecuin y Xochicahuaca.
ce itoca Cipactonal, ce itoca Tlaltetecui, ce itoca Xuchicaoaca.
Y cuando se habían marchado los sabios, se llamaron y reunieron los
cuatro ancianos y dijeron:
Auh in iquac oiaque y in tlamatinime, niman mononotzque, mocentlalique,
y in nauintin ueuetque quitoque:
¿Brillará el Sol, amanecerá?
-¿Tonaz, tlatuiz?
¿Cómo vivirán, cómo se establecerán los macehuales (el pueblo)?
¿quen nemiz, quen onoz in maceoalli?
Porque se ha ido, porque se han llevado la tinta negra y roja
Ca oia, ca oquitquique in tlilli in tlapalli.
¿Cómo existirán los macehuales? ¿Cómo permanecerá la ciudad?
¿Auh que onoz in maceoalli? ¿quen maniz
in tlalli, tepetl?
¿Cómo habrá estabilidad? ¿Qué es lo que va a gobernarnos?
¿quen onoaz? ¿tle tlatquiz, tle tlamamaz?
¿Qué nos guiará? ¿Qué es lo que nos mostrará el camino?
¿tleh tlauicaz? ¿tle tlaotlatoctiz?
¿Cuál será nuestra norma? ¿Cuál será nuestra medida?
¿tle machiotl? ¿tle octacatl iez?
¿Cuál será el dechado? ¿De dónde habrá de partir?
¿tle neixcuitilli iez? ¿tle itech peoaloz?
¿Qué podrá llegar a ser la tea y la luz?
¿tle ocutl, tle tlauilli mochioaz?
Entonces inventaron la cuenta de los destinos y de los años,
Niman ic quiiocuxque in tonalpoalli, in xioamatl, in xippoalli,
el libro de los sueños, lo ordenaron como se ha guardado,
in temic amatl, quitecpanque in iuh omopix,
y como se ha seguido el tiempo que duró el señorío de los Toltecas,
auh ic otlaotlatoctiloc in ixquich cauitl omanca Tolteca tlatocaiotl,
de los Tepanecas, de los Mexicas y todos los señoríos chichimecas.
Tepaneca tlatocaiotl, Mexica ioan in ixquich chichimeca tlatocaiotl.
Informantes de Sahagún, Códice Matritense de la Real Academia.1 (Los superíndices se refieren a la bibliografía listada al final).