Cuento de Amor y Misterio
   
(Ensayo en Antropología Política.)      
     
IV Reconstrucción del pasado olvidado
Nahui Ollin de Mallinalco

    Esta pretendida reconstrucción no puede ser mas que el trazo de una línea cronológica que no logrará abordar más que algunos aspectos importantes del pasado prehistórico de nuestra especie humana, algunos del dominio popular a través de sus tradiciones religiosas, pero hasta ahora rechazados por el rigor científico.

    En la protohistoria proliferaron las religiones de sacrificios humanos por todas partes del mundo y en diferentes épocas: desde hace más de 5000 años en la India, a la llegada de los arios; en Egipto antes de que se construyeran las pirámides; simultáneamente en Stonehenge, Inglaterra, hasta la conquista romana; en el Medio Oriente desde antes de tiempos de Abraham y hasta los tiempos de Jesús de Nazaret, de las cuales éste tuvo que haber forjado su convicción de que debía ser sacrificado en la cruz para la salvación del mundo, y a partir de la antropofagia ritual instauró el sacramento católico de la comunión; finalmente en México estas religiones de sacrificios humanos esperaron, como lo decían sus profecías, la llegada de los hombres blancos barbados que habrían de llegar a reinar.

"Cristo murió en la Cruz para salvarnos del pecado", del "pecado original" que buscándolo en los orígenes de la historia universal, podemos identificarlo en las prehistóricas religiones de sacrificios humanos, que como apenas hace cinco siglos en México, existieron en una envolvente del desarrollo de la cultura occidental, estimulando su crecimiento en un proceso de guerras, etnocidios y mestizajes.

Por lo que puede interpretarse que el sentido de la historia conocida ha resultado ser la integración de la joven raza blanca (que se gestó durante el glaciar de Würm en Europa) a las antiguas razas de color, mediante un proceso biológico y espiritual que requirió del sacrificio de las razas antiguas para provocar que la nueva humanidad venga redescubriendo su conocimiento científico en un proceso de reencarnación espiritual, dicho proceso concluirá con nuestro entendimiento de que somos la misma conciencia volviendo a vivir en nuevos cuerpos. Este proceso traumático ha sido entonces necesario como una de tantas síntesis que han venido conformando la creación y evolución de nuestra especie.

Al término de la glaciación, el hombre blanco o europeo, que había permanecido atrapado en los países bajos y en las llanuras que ahora forman parte del fondo marino del Mar del Norte y el Mar Báltico, pudo empezar a desplazarse hacia el Mediterráneo y el Cáucaso. Los descendientes de los atlantes que se establecieron en el Nilo, ya mestizados con las razas asiáticas y africanas, debieron haberse maravillado por esta nueva raza que había permanecido enclaustrada por los glaciares durante unos cien mil años sin tener contacto con el resto de las razas humanas, y que contaba con una población muy reducida por haber permanecido recluidos por la naturaleza.

Así que las antiguas culturas de sacrificios humanos fueron el génesis de la historia de la civilización occidental, hoy global, constituyen una prueba histórica de la validez de una realidad espiritual y son el eslabón de enlace con civilizaciones mundiales de nuestra especie que tuvieron que haber existido en tiempos remotos. Pues es entendible que aquel sacrificio no fue sólo de vidas humanas, sino que también implicó la pérdida de conocimientos y el consumo de construcciones y artefactos tecnológicos que no volvieron a reproducirse.

Estas religiones de ofrendas humanas nos han hecho pensar que antes de la conocida historia universal todo ha sido barbarie, enmarcada en el fanatismo de la religión y de la guerra. Pero ahora podemos comprender que nuestro proceso histórico fue impulsado por el hombre prehistórico, que se sacrificó para una trasmigración de sus almas (conciencias individuales) a las nuevas generaciones. Es decir, que el misterio de la vida y la muerte ya lo ha descifrado y aplicado nuestra especie humana desde tiempos inmemoriales.

El ecocidio al que se dirige nuestra actual civilización mundial no esta ocurriendo por primera vez durante la evolución de nuestra especie, al menos podemos comprobar que ya ocurrió otro durante los cataclismos climáticos que marcaron el final del Pleistoceno. Resultando coherente con la cronología oficial del Neolítico y la Edad de los metales como referida fundamentalmente al desarrollo de la integración de la raza blanca a la antigua humanidad.

Esto implica que en tiempos prehistóricos el homo sapiens ya ha podido desarrollar repetidas civilizaciones mundiales con tecnologías muy avanzadas, varias de ellas tuvieron que haber sido aniquiladas por desequilibrios ecológicos provocados por su propio desarrollo, pero la última se autoinmoló en favor de la actual humanidad. De esta manera puede explicarse la existencia aislada de vestigios prehistóricos de altas tecnologías, que hasta ahora la Arqueología no ha interpretado satisfactoriamente para toda la comunidad científica.

Fue así como la pasada civilización mundial decidió desaparecer para impulsar un nuevo ciclo histórico de estímulo al desarrollo de la nueva raza, integrándola a sus hermanas mayores y permitiéndole ejercer el poder sobre ellas para acelerar su propio desarrollo.

Con este entendimiento podremos fortalecer los valores espirituales conservados por las diversas religiones, las cuales constituyen un lenguaje sencillo con el que podremos comunicarnos con las distintas culturas y comunidades, para que como un sólo ser podamos trabajar para erradicar el actual consumismo depredador de la humanidad y empecemos a reconstruir la naturaleza que debemos heredar a nuestros hijos. El paraíso terrenal es un proyecto ecológico del homo sapiens prehistórico que corresponde a nuestras generaciones llevar a la realidad.

    La "fantástica" cronología que refirieron los cronistas e investigadores como Alexander Humbolt y Manuel Orozco y Berra sobre el Códice Vaticano (copia hispana de un códice tenochca desaparecido), es reveladora y coherente con los datos que se tienen sobre la reciente historia geológica del continente americano y las tradiciones sobre la inundación marina de la Atlántida.

Uno de los primeros investigadores que pusieron en duda dicha cronología fue Don Alfredo Chavero, porque excedía la cronología bíblica que aún era tomada en cuenta por muchos hombres de ciencia del siglo XIX. Dicha cronología tampoco es tomada en cuenta actualmente porque la Arqueología no ha podido comprobar la pasada existencia de civilizaciones en tiempos anteriores al Holoceno.

La Historia de los Soles del Códice Vaticano nos habla de cuatro épocas o soles por los que ha pasado la población americana. El primer sol, Atonátiuh o sol de agua, terminó con una inundación generalizada del continente por las aguas del mar, según lo muestran los símbolos del códice con un fondo azul como el océano.

Nos refiere Alfredo Chavero en su Historia Antigua y de la Conquista 2, que aparece en la parte central superior la Señora del agua, Chalchiutlicue, la de la falda azul. Podemos observar a un hombre en actitud de nadar saliendo de su casa inundada así como a los peces que poblaron el nuevo mar sobre las tierras inundadas. Se muestra una pareja dentro del tronco hueco de un ahuehuete refiriéndose a los sobrevivientes de la catástrofe. En la parte inferior aparece un hombre muerto de gran tamaño, que puede simbolizar el fin de una gran civilización y la extinción de los grandes mamíferos del Pleistoceno.

En los numerales que aparecen en la esquina superior izquierda, resaltan diez tzontlis o grupos de cuatrocientos años, que significan un total de cuatro mil años, según la opinión generalizada de los primeros cronistas del códice, y que retomo sugiriendo además que los otros ocho símbolos deben referirse a ocho cempohuallis o cuentas de veinte, en el entendido de que manejaban una numeración vigesimal y en este caso refiriéndose a números grandes, con lo que obtenemos un total de 4160 años como aproximación de la duración del primer sol.

En el extremo superior derecho aparece la fecha calendárica de un día matlactli atl o diez agua, así como el símbolo que se refiere a la veintena de días llamada atemoztli y un atado de zacate que alude al solsticio de invierno, nos dice Don Alfredo Chavero.

Si suponemos que nos encontramos hacia el final del cuarto sol, entonces según la duración de los últimos tres soles, esta inundación americana ocurrió aproximadamente hace 14000 años. En aquel tiempo Norteamérica se encontraba invadida por el glaciar conocido como Wisconciniano, cuya variación en el avance y retroceso de los hielos la podemos observar en la siguiente gráfica.

Dicha gráfica se encuentra en el sitio The Ice Age Chronology del Profesor Stevens de la Universidad de Wisconsin. En la teoría de las glaciaciones se proponen varias hipótesis para explicar las variaciones en el avance y retroceso de los hielos, el cambio de patrón que podemos observar en la gráfica entre los 13000 y 14000 años, podría relacionarse con una inundación marina del continente.

Al segundo sol. Ehecatonátiuh o sol de aire, le corresponde una duración aproximada de 4200 años. En el códice se resaltan frecuentes nevadas y ventiscas expresadas por las líneas de puntos y figuras rectangulares que rodean la caverna, las cuales llegaban a cubrir el altiplano mexicano como influencias de los avances de los hielos en los últimos tiempos del glaciar Wisconsiniano, que terminó según la grafica anterior hace unos 9500 años, lo cual es coherente con el final de este segundo sol hace 9800 años, según la cronología del códice si suponemos que nos encontramos al final del cuarto sol.

Aparece Ehécatl, Señor del viento, que es el mismo Quetzalcóatl, con su cauda de culebra adornada de plumas. Esta época se relaciona con un día ce ocelotl de la veintena pachtli, así como con el equinoccio de primavera, según los símbolos del extremo superior izquierdo.

Seguramente en este tiempo hubo una gran cantidad de inmigrantes asiáticos a través del Estrecho de Bering y el océano Pacífico, que llegaron a poblar el continente después de que había quedado prácticamente deshabitado por causa de la pasada inundación. Los pobladores se refugiaron en cuevas, cuyo nombre oztotl se relaciona con el de ozomatli o mono, figura que se muestra repetidamente en la gráfica.

El tercer sol, Tletonátiuh o sol de fuego, tuvo una duración aproximada de 4480 años. Se caracterizó por una gran actividad volcánica en el territorio mexicano, a lo largo de la cordillera Neovolcánica, como lo expresa el códice mediante una olla hirviente y las casas invadidas por la lava. Aquí aparece Xiuhtecutli, Señor del fuego. Los pájaros parecen aludir a la subida y caída de materiales incandescentes.

A principios de este sol debieron haber llegado al Golfo de México embarcaciones de hombres afroasiáticos que cruzaron el Atlántico procedentes de Africa o la Península Ibérica. Posteriormente expresado en las colosales cabezas olmecas. Dichas embarcaciones tuvieron que pertenecer a los "Antiguos reyes del mar" referidos por Charles H. Hapgood.

Esta época la relacionaron con un día chicnahui ollin de la veintena xilomanilistli y con el solsticio de verano, según los jeroglíficos de la izquierda.

El cuarto sol, Tlaltonátiuh o sol de tierra, tiene una duración aproximada de 5320 años, en el códice aparece Xochiquetzal, Señora de las flores, sobre un fondo rojo que simboliza un gran sacrificio de sangre, el cual debe referirse a la antigua cultura de sacrificios humanos y a las muertes en las guerras que se han venido realizando a lo largo de la historia.

Sin embargo muestra un desenlace feliz, en el que las personas portan flores y banderas, al igual que las portaban los mártires en los sacrificios rituales, los cuales recibían el nombre de xochimíqui, "mártir floreciente". Esto significa que los habitantes del final de este sol se identificarán como las reencarnaciones de los mártires de los sacrificios rituales y de las guerras de la historia.

Xochiquetzal sostiene dos ramas de flores, que son identificables con las dos serpientes que se encuentran en la parte inferior de la Piedra del Sol y con las dos serpientes que se encuentran en la parte superior de la Coatlicue, las cuales representan a la civilización prehistórica mundial que se sacrificó y a la nueva civilización mundial que se ha conformado a través de nuestra historia.

Incluso podemos interpretar que la rama de flores del lado izquierdo se refiere a la resurrección de los hombres de la antigua humanidad que murieron en los sacrificios y guerras para el desarrollo de la nueva humanidad, con la cual se mezclaron las mujeres de la antigua civilización, por lo que su resurrección aparece representada por la rama de flores del lado derecho, junto con la resurrección de mujeres y hombres de nuestra historia universal.

Así que las culturas mesoamericanas no sólo fueron capaces de vislumbrar tiempos pasados muy remotos, sino que además programaron el futuro, el final del cuarto sol, que ocurrirá cuando sea aceptado mundialmente que una civilización mundial anterior se sacrificó para el desarrollo de la civilización actual y con ello demostrarnos históricamente la existencia de una realidad metafísica o espiritual, comprensión necesaria para que la nueva humanidad pueda evolucionar de manera correcta superando el materialismo que la lleva a la destrucción de su entorno natural.

    Finalmente nuestros antepasados, que formaron parte de aquella antigua cultura del sacrificio, esperaron en América la llegada de nuestros ancestros europeos, como lo muestra el cumplimiento de su profecía del regreso del reino de Quetzalcóatl (que llegaron a representar como un hombre blanco y barbado) en un año ce acatl (uno caña) de su calendario, el cual coincidió con 1519, año en que los españoles desembarcaron en las costas de lo que hoy es Veracruz.

Todavía no pisaban suelo mexicano, cuando el emperador Moctezuma Xocoyotzin les envió una embajada para entregarles los cetros de Quetzalcóatl, Tláloc y Tezcatlipoca, con lo cual entregaba el mando a Hernán Cortés, es decir, a nivel diplomático, la Conquista de México ya se había realizado, solo faltaba el trámite de la cuota de sangre que correspondía a una cultura cuya consigna era el sacrificio.

El historiador norteamericano del siglo XIX, William H Prescott, libre de la carga emocional que afecta a los mexicanos cuando revisamos nuestra historia, pudo observar que la Conquista de México fundamentalmente la realizaron los conquistados, mientras que los conquistadores simplemente asumieron su papel.

  

La siguiente simbología concuerda con estas observaciones. En la luna puede uno imaginarse la figura de un conejo determinada por el caprichoso relieve de la superficie lunar, como lo muestra la línea punteada en esta fotografía de la luna. La posición del conejo puede aparecer de cabeza, boca arriba, etc, dependiendo de la orientación del observador.

  

A los antiguos mexicanos les importaba mucho interpretar la figura de un conejo en el interior de la luna, de manera que siempre pintaban un conejo en el interior de su jeroglífico de la luna, siempre en diferentes posiciones, aquí se muestra una gráfica tomada del códice Borgia.

     
Cabe mencionar que al pueblo mexica se le identificaba como "la liebre magueyera", según las crónicas de Francisco de Chimalpahin en sus "Relaciones Originales de Chalco Amaquemecan".

El investigador italiano radicado en México, Gutierre Tibón, quiso encontrar la figura del conejo en el antiguo lago de Anáhuac, como lo expresó en su libro "Historia del nombre de la fundación de México", en el que sólo se atrevió a referir que una amiga suya veía un conejo en la región correspondiente al lago de Texcoco.

Sin embargo, como puede visualizarse en el siguiente mapa topográfico, obtenido a partir de las bases de datos del INEGI, los antiguos mexicanos también interpretaban a toda la silueta del espejo del agua del antiguo lago de Anáhuac como la de un conejo. Que pudieron percibir a partir de su experiencia de navegación por todas partes del lago, así como de la vista que tenían desde lo alto de los volcanes y montañas que lo circundaban.

En cualquier mapa de la orografía de la cuenca de México, con isolíneas cada 100 metros de altitud, en la isolínea de los 2240 metros sobre el nivel del mar, aun podemos distinguir la silueta del lecho sobre el que se asentaba el antiguo lago. En la figura se utiliza una escala en kilómetros para dar las coordenadas de algunos sitios de interés (número sobre el eje horizontal y número sobre el eje vertical): Popocatépetl (77,5); Iztaccíhuatl (75,22); Ajusco (10,25); Centro Histórico (25,47); Citlaltépet l(40,40); Basílica de Guadalupe (25,60); Teotihuacan (55,75); Texcoco (55,55); Cuauhtitlan (15,75).

Además de un bosquejo del conejo con líneas punteadas, se muestra la ubicación de las antiguas ciudades de México Tenochtiltan y México Tlaltelolco, así como las calzadas que las comunicaban a tierra firme.

Podemos ver que el conejo está parado de manos de Sur a Norte y mirando hacia el Este, y la ubicación de las ciudades de México correspondía exactamente a la región del sexo de lo que por lo tanto representaba una coneja, ya que la palabra México tenía como uno de sus significados 'en el centro de la luna', que en este contexto podemos interpretar como "numen femenino". En tanto que el término Quetzalcóatl, 'serpiente emplumada', tiene una faceta de "alusión fálica".

Podemos concluir entonces que la inexorable religión de sacrificios humanos de nuestros abuelos autóctonos, fundamentalmente fue la espera de la llegada de nuestros abuelos europeos para la eficaz realización de una "cópula'' de culturas y razas con el natural fin de dar nacimiento a la nueva cultura mestiza de que hoy formamos parte. Tal cópula vino a ser la Conquista de México, que constituyó un enorme sacrificio masivo y abrió una etapa de continuo etnocidio iniciada en la época de la Colonia y que aún no acaba de llegar a su fin.

De manera que a las culturas autóctonas de América ha correspondido el papel de la madre, que ha tenido que nutrir a su hijo con su propia sangre durante lo que podríamos llamar el período fetal, pero ya es tiempo de que dé a luz y termine el etnocidio de que aún son víctimas las comunidades que viven marginadas y replegadas en las sierras y lugares más inhóspitos, así como de que sus culturas sean reivindicadas.

La siguiente figura representa una de tantas esculturas tenochcas en jadeíta que muestran a una coneja dando a luz a un guerrero águila, lo cual resulta ser alusivo al nacimiento de la nueva cultura mestiza que formamos hoy en día, consignando que ésta ha de tener un carácter guerrero.

Y es evidente que corresponde ahora, como genuina herencia cultural, adoptar el mismo carácter guerrero que tuvo Jesucristo, sin agredir físicamente a nuestros semejantes, sino manteniendo el diálogo, el debate y la acción creativa, que si bien a él lo llevó a la muerte, resultados muy diferentes obtendremos ahora si este carácter guerrero de Cristo empieza a generalizarse a las distintas comunidades.

En el actual mundo globalizado de una u otra forma todos participamos en cada una de sus guerras, aunque prefiramos pensar que no es así, igualmente el amor existe independientemente de que creamos sentirlo o no, de hecho amor y guerra son lo mismo, sólo que están separados en nuestra conciencia, volver a unificarlos es indispensable para terminar con nuestra cultura genocida y tomar el control del género humano como creador.

La Conquista fue la atracción sensual y espiritual, la Colonia el amor propio e interesado, la Independencia es el requisito para el amor verdadero, la Revolución fue el amor en autocrítica, y la revolución internacional será el encauzamiento del amor.

El ser humano siempre ha buscado un sentido a su vida, y siempre debe encontrarlo (llegar a decidirlo), así mismo ha buscado un sentido a su muerte. De la vida hay que hacer un verdadero arte, y el arte de vivir contiene como parte esencial al arte de morir, pues buscando un alto sentido a nuestra forma de morir es como nuestra vida adquiere un sentido amplio, es como puede evolucionar artísticamente ante el constante peligro de morir como un guerrero en el campo de batalla.

Oyohualli ihcahuacan teuhtli in popoca:

Donde resuenan los cascabeles el polvo sube:

ahuiltilo ipalnemohuani.

es deleitado Dios, dador de la vida.

Chimalli xochitl in cuepontimani,

Abren sus corolas las flores al escudo,

in mahuiztli moteca molinia in tlalli.

el terror se difunde, se estremece la tierra.

Ye nican ic xochimicohua aya

Aquí se adquieren las flores así

in ixtlahuatl itec. Ohuaya ohuaya.

en medio de la llanura.

Yaonahuac ye oncan ya opeuhca.

Al borde de la guerra es el principio.

In teuhtli in popoca ya milacatzoa in momalacachoa

aya yaoxochimiquiztica,

Sube el polvo, va haciendo giros, con flores de muerte,

Antepilhuan in antetecutin zan chichimeca.

Oh caudillos, oh príncipes, oh chichimecas.

Maca mahui noyollo:

No te acobardes, corazón mío:

Ye oncan ixtlahuatl itec nocon elehuia in itzmiquiztli:

Allí en medio de la llanura deseo la muerte al filo de obsidiana:

zan quinequi toyollo yaomiquiztla. Ohuaya.

nuestros corazones sólo piden morir en la guerra. 3

  

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