Orígenes (185-254 d. C.), uno de los más célebres autores de la Iglesia primitiva, en una larga y razonada obra apologética refutó los argumentos de Celso, filósofo platónico muy influyente en la Alejandría del siglo II y quizá el primer crítico serio del cristianismo, quien afirmaba que según fuentes judías, María había mantenido relaciones ilícitas con un soldado romano. Que su marido era carpintero; quien la repudió, la abandonó y la dejó sin recursos y sin casa; que ella hubo de dar a luz en secreto. Añade que después Jesús pasó un tiempo en Egipto, donde trabajó como obrero y aprendió magia.
Los Nazis, en la búsqueda de fundamentos para sus ideologías, pretendieron haber encontrado la tumba de un soldado romano llamado Pantera, que presumiblemente había sido el padre de Cristo. El autor hebreo Werner Keller, comenta que Parthenos, en griego, significa virgen, palabra que pudo haber sido tergiversada por los judíos, llamando al hijo de la Virgen "ben ha Pantera", que en su idioma podía interpretarse como hijo de la Pantera, y que como en Oriente Medio un hijo jamás lleva el nombre de su madre, con el tiempo quedó como el nombre del padre.
Ha sido muy común en la historia que cuando un país era invadido militarmente por otro, los soldados invasores ultrajaban a las indefensas mujeres del país invadido, y la población mestiza producto de la opresión romana estaba creciendo rápidamente y anexándose a las poblaciones mestizas producto de las anteriores invasiones asiria, caldea, persa y griega, con lo cual se había extendido una clase social que naturalmente era marginada por las autoridades judías porque además era muy heterodoxa con la ley y la religión, ya que mezclaba la tradición judía con ideas de las religiones paganas, debido a que era heredera de ambas culturas.
Que María haya sido víctima y no haya cometido adulterio lo prueba el hecho de que no fue lapidada, y es aceptable que José se haya hecho cargo de Madre e hijo, ya que según la ley hebrea, hijo de judía también es judío. Así que simplemente Cristo fue un líder natural de éste pueblo mestizo, lo cual explica la universalidad de su nueva religión.
Pero muchos niños nacidos de este modo no pudieron contar con un padre adoptivo y fueron reclutados por los esenios, judíos mestizos que encontraron en la práctica de la pobreza que habían heredado de su orfandad, un ascetismo religioso que influyó de manera decisiva en el cristianismo y su organización comunitaria antes de ser adoptado por Roma. Claramente Juan el Bautista y Jesús de Nazaret tuvieron relaciones con los esenios, y probablemente éstos se diseminaron entre los primeros cristianos.
Ahora bien, la generalidad de los soldados del ejercito romano no eran estrictamente romanos, sino de cualquier nación conquistada o vecina del Imperio, incluyendo mercenarios. Recordemos los cultos a Mitra, al Dios de la guerra y al Sol Invicto, que tenían los guerreros cada solsticio de invierno, entonces 25 de diciembre, de modo que el Imperio Romano tuvo que establecer oficialmente dicha celebración. Y con el tiempo finalmente la Iglesia logró superponerle la celebración de la Navidad.
Así que racialmente Jesucristo y los primeros cristianos son más cercanos al actual pueblo palestino que al pueblo judío. Esto no contradice que Cristo haya tenido la tez blanca, lo cual provocó que el cristianismo llegara a direccionar las guerras europeas en un solo sentido, que culminó con la retirada de los árabes de España y el apoyo de los Reyes Católicos a Cristóbal Colón en su empresa de buscar las Indias por el Atlántico. Bien dijo Cristo que no había venido a traer la paz, sino la espada (Mateo 10,34).
La contradicción existencial de Jesucristo que finalmente tuvo que llevarlo al cadalso, fue que teniendo una identidad nacional judía, pues la ley así lo determinaba, desarrolló una idiosincrasia proveniente de varios pueblos grecorromanos y árabes, entre ellos el propio pueblo hebreo, que fue el primer pueblo árabe en el que se injertó la raza blanca desde tiempos de Adán y Eva.
Puede observarse en el comportamiento de Cristo que le interesa más ser el Mesías del mundo, que en aquel entonces se reducía al basto y pluriétnico Imperio Romano, que serlo únicamente del pueblo judío, lo cual es muy coherente con su origen mestizo, y por ello a la vez la nueva religión le quedó a la medida al gran imperio, teniendo que convertirse a ella oficialmente al cabo de sólo tres siglos.
El cristianismo fue un producto romano, griego, hebreo, persa, etc. En particular de las antiguas religiones de sacrificios humanos asentadas en el Medio Oriente desde tiempos anteriores a Abraham, al cual Jehová le había pedido que le sacrificara a su hijo, y al conformarse con el corazón de un carnero, dejó la señal de que su pueblo quedaba exento de ofrendar holocaustos humanos.
Al percibir Jesús de Nazaret una prehistórica sabiduría sobre la naturaleza espiritual de la realidad física, en términos de ésta misma tomó el papel de una mujer en quien el Espíritu Santo engendró al Dios de la religión cristiana, manteniéndose "virgen" al no haber habido ninguna relación carnal, además de haber personificado él mismo también al hijo.
Esta sabiduría prehistórica hay que ubicarla como tal no solamente en el tiempo sino también en el espacio, de manera que todavía la poseían las culturas del México prehispánico, en las que aparece la figura de un sumo sacerdote con la jerarquía de cihuacóatl, que significa "mujer serpiente", como una serpiente de la falda de Coatlicue, la madre tierra, en la que el espíritu antiguo habría de engendrar al nuevo dios Huitzilopochtli, que era personificado por el tlatoani o jefe guerrero. Pero en los primeros tiempos de Tenochtitlan, los reyes Acamapíchtli y Huitzilíhuitl, también tuvieron la jerarquía de cihuacóatl, es decir, al igual que Cristo personificaron a madre e hijo.
Esta insistente alusión a la maternidad obedece a que es el mejor ejemplo (el paradigma) de la creación de un nuevo ser y del amor y cuidados que su madre le da, de ahí la validez del culto a la Virgen María, que además de llevar y mantener el mensaje de su significado original, es un símbolo de abnegación del amor maternal personificado por María al sufrir las condiciones del nacimiento y muerte de su hijo.
Podemos comprender así que habiendo el pueblo judío forjado el ideal del Mesías durante su esclavitud en Egipto, aunque ya era mestizo de las cuatro razas madres (al igual que los pueblos indoeuropeos), no tenía conciencia de ello, de lo cual si pudo tener conciencia Cristo y llevar así el proyecto mesiánico del nivel nacional al nivel mundial, el cual podrá consolidarse con el rescate de la prehistórica sabiduría de la que Cristo llegó a ser depositario. Ya que las visiones apocalípticas y de salvación de las religiones tienen como fundamento el recuerdo de las grandes destrucciones de pasadas civilizaciones y la pretensión de que la nuestra supere dicha amenaza como medio para la superación de nuestra especie hacia un nuevo plano evolutivo.
Puede comprenderse ahora que la simplicidad de las mitologías de la creación del mundo por parte de las diversas culturas antiguas, como el génesis bíblico, ha constituido un recurso pedagógico de enseñanza y estímulo del hombre prehistórico a las diversas generaciones de nuestra joven humanidad, semejante a cuando queremos enseñar algo a nuestros hijos teniendo que expresarlo en un lenguaje propio de su edad.
De esta manera además se estimuló el desarrollo histórico del conocimiento científico creando la necesidad de desmentir la imprecisión de los antiguos mitos. Es tiempo ya de que Adán y Eva terminen de asimilar el fruto que comieron del árbol de la ciencia del bien y del mal, terminando de expiar su pecado original e iniciando la reconstrucción del paraíso perdido.
Existen varios códices que hablan de la historia de los soles o épocas por las que ha pasado la población mesoamericana, por ejemplo el códice Vaticano, que menciona cuatro soles y asigna una duración de varios milenios a cada uno, sin embargo la generalidad de los códices hablan también de un quinto sol y con una duración de sólo varios siglos cada uno. Esto es porque dichos códices aluden a soles que no son históricos, sino rituales, con una duración de 13 períodos de 52 años, es decir, 676 años para cada sol ritual.
Los períodos de 52 años se generaban mediante el engranaje de los ciclos del año solar y del tonalpohualli o calendario astrológico de 260 días (resultado del engranaje de los 20 símbolos calendáricos con los 13 cielos del espacio metafísico), que constituía una elaborada tecnología social con la que se dirigían y administraban todas las civilizaciones mesoamericanas.
El quinto sol ritual fue como un óvulo o germen para la realización del quinto sol histórico, Ollintonatiuh o "Sol de Movimiento", que es identificable con el Reino de los Cielos de la cosmovisión cristiana, así como con el Paraíso Terrenal prometido por todas las religiones.
En dicha época el ser humano habitará no solo el paraíso terrenal, sino el basto universo interestelar. Apoyado en una ciencia y tecnología del cuerpo humano y su medio ambiente físico y espiritual. Para lo cual ha sido necesario volver a alcanzar el actual grado de conocimientos científicos y tecnológicos.
Así como Cristo concibió a su sacrifico como el medio para la salvación del mundo y la venida del Reino de los Cielos, igualmente los sacrificios religiosos que se realizaban en el México antiguo eran para conseguir la salida del sol, de la quinta época o Sol de Movimiento y de esa forma salvar a la tierra Coatlicue de una prolongada noche mediante el nacimiento de su hijo Huitzilopochtli.
La investigadora francesa Laurette Sejourné llegó a las siguientes conclusiones en su estudio de la simbología nahuatl:
"La consecución del quinto sol se logrará a través de la unión de los contrarios, la dinámica de su unión está en la base de toda creación, tanto espiritual como material. Del cuerpo brota y florece el alma solamente si es traspasado, de uno u otro modo, por el fuego del sacrificio; la tierra a su vez, no da sus frutos más que penetrada por el calor de los rayos solares y el agua de las lluvias."
"Es decir, que el elemento generador no es ni el calor ni el agua simples, sino una combinación equilibrada de los dos. Y en efecto, bajo este doble aspecto aparece frecuentemente en Teotihuacan y en toda la cultura nahuatl la divinidad del líquido celeste, la fórmula mística del agua incendiada: el atl tlachinolli."
"El corazón es el símbolo y medio para la encarnación del sacrificio florido, es multitud de veces representado en la ciudad de los dioses, en la simbología tenochca es representado por la tuna dura colorada del nopal."
"Como lo demostró Eduard Seler, en la cultura náhuatl el cinco es la cifra del centro, y éste a su vez el punto de contacto entre el cielo y la tierra, el encuentro de los principios opuestos."
"El quincunce (los cinco puntos) resulta ser la proyección de los vértices de una pirámide sobre el plano de su base, simbolizando el concepto de los cuatro elementos primordiales salvados por un centro unificador; se le conoce también como el signo de Venus, cruz de Quetzalcoatl o jeroglífico cuatro movimiento, nahui ollin, apareciendo en todos los dioses teotihuacanos, en los códices nahuas, en la Piedra del Sol, etc."
"Varios indicios señalan al Quinto Sol como el artesano de una obra grandiosa e indestructible: la de liberar la creación de la dualidad. El signo cuatro movimiento se refiere a la operación que salva a la materia de la inercia. El Ollintonatiuh es el sol de movimiento, de temblor de tierra. El impulso interno ilustrado por los sismos evoca a los trastornos que sufre el penitente en su carne, que permiten al místico liberar el germen espiritual, así como lo representa también el astro surgido del cuerpo estallado de Xolotl."
"Esto señala a la quinta edad como invadida por la nostalgia de la unión, como resultado de una guerra interior, alumbrando seres luminosos e inmortales. La edad futura estará regida por el astro engendrado por los penitentes, y Huitzilopochtli representa el alma de esa guerra santa."
“Huitzilopochtli es el guerrero que a semejanza de aquel que ponía fuera de combate al héroe inmolado a Xipe sobre la piedra de los gladiadores, está destinado a obtener la victoria final. Para alcanzar esta meta suprema debe transmitir a la materia el movimiento que la lleva al conocimiento y manejo de la dualidad, de hacer de la materia una combatiente de la guerra florida. La herida producida por el arma luminosa del sol naciente, la serpiente de fuego, deja en el cuello de Coyolxauhqui, la de los cascabeles en las mejillas, el signo del agua incendiada, la marca de la unión de los contrarios, el atl tlachinolli.”
"La esencia de la religión nahuatl reside en la revelación del secreto que permite a los mortales escapar a su destrucción, de resolver la contradicción inherente a su naturaleza; la era que seguirá, lejos de ser enemiga, será preparada y ardientemente esperada por los hombres concientes de la quinta edad." 4
Aunque nuestra primer reacción ante la guerra es evitarla, podemos observar a lo largo de la historia que ésta sigue, aunque tome diferentes formas, así hemos hablado de guerras frías, convencionales, psicológicas, comerciales, etc.
¿Pero que tan bien conocemos este fenómeno social denominado guerra? Es tan importante su participación en la vida del hombre que abundan los tratados sobre ella, aunque debemos reconocer que la constante pretensión de evitarla o provocarla nos dificulta su comprensión. Tal vez un estudio menos apasionado lleve al sujeto a la convicción de que es él mismo el objeto que esta tratando de conocer, tanto como individuo, como sociedad.
La experiencia es la primer fuente del conocimiento, adecuadamente combinada con la inducción, la intuición y la deducción; pero para poder seguir desarrollando el conocimiento es necesario a veces incluso omitir la experiencia, pues ésta llega a provocar reacciones emocionales en el sujeto que lo llevan a prejuiciar muy subjetiva y parcialmente.
La experiencia depende de la sugestión y sicología del observador, así podemos ver a través de la historia de la ciencia que en importantes momentos de su desarrollo primero han cambiado las ideas y después la "experiencia", que ya sólo vino a confirmar aquellas.
Así por ejemplo, cuando Galileo demostró que era erróneo el postulado de Aristóteles de que los cuerpos más pesados caen con mayor rapidez, antes de soltar varios cuerpos desde lo alto de la torre de Pisa, ya no aceptaba el aserto aristotélico, se cuenta que pensó, suponiéndolo cierto, que si dos cuerpos de distinto tamaño los unía en uno sólo, su tiempo de caída debería ser el promedio de los tiempos de caída de cada cuerpo por separado, pues el mayor ejercería un efecto de aceleración sobre el menor, y éste a su vez un efecto de desaceleración sobre el mayor, pero por el principio aristotélico el nuevo cuerpo debería caer más rápido que los dos cuerpos iniciales, esta contradicción fue uno de los argumentos que lo llevó a pensar que todos lo cuerpos caen con la misma rapidez independientemente de su peso.
Cuando la tolerancia religiosa logró poner fin en Europa a las guerras entre católicos y protestantes, durante la segunda mitad del siglo XVII, se siguió el desmoronamiento de los Estados Unidos de Occidente y empezaron a surgir las guerras nacionalistas, las de revolución social y las imperialistas. Cuando termina una guerra da lugar a que surjan otras, como si fuera una forma de energía que puede transformarse pero no desaparecer.
Si ha resultado hasta hoy imposible instituir y prolongar en el mundo el precepto de no matar mediante la pretensión de una paz permanente, la pretensión de una forma de guerra quizá sea indispensable. Si históricamente ha sido esencial el genocidio en la guerra, lógicamente no lo es, pues el hombre mata al hombre no como fin, sino como medio para satisfacer sus pretensiones.
A continuación se despliegan algunas de las reflexiones sobre la guerra que el ser humano ha pensado a lo largo de la historia:
Los hombres se cansan antes de dormir, de amar, de cantar y de bailar que de hacer la guerra.
Es menester saber que la guerra es estado continuo, que la justicia es discordia, que todo se hace y se deshace por la discordia. La guerra es el padre de todas las cosas y de todas es rey; de unas ha hecho dioses, de otras hombres; de unas esclavos, de otras hombres libres.
En la guerra causas triviales producen acontecimientos trascendentales.
Las leyes guardan silencio cuando suenan las armas.
El temor a la guerra es peor que la guerra misma.
Aunque el engaño sea detestable en otras actividades, su empleo en la guerra es laudable y glorioso.
La guerra es la mayor plaga que puede afligir a la humanidad, destruye la religión, destruye los estados, destruye las familias.
Las mismas razones que nos llevan a reñir con un vecino, originan la guerra entre dos países.
¿Puede haber algo más ridículo que la pretensión de que un hombre tenga derecho a matarme sólo porque su príncipe tiene una querella con el mío?
La más cruel guerra que Dios pueda hacer a los hombres en esta vida, es dejarlos sin aquella guerra que vino a traer.
El estado natural de los hombres no es la paz, sino la guerra.
Los generales deben mezclarse con los simples soldados. El sistema espartano era excelente.
La guerra es la continuación de la política por otros medios.
Toda guerra es rica en fenómenos individuales. En consecuencia es un mar inexplorado, lleno de rocas que la mente del general puede sentir, pero nunca ha visto con sus propios ojos y alrededor de las cuales debe navegar ahora en la noche obscura. Si se levanta además un viento contrario, es decir, si se declara en su contra algún gran hecho aleatorio, se requerirá de la habilidad más consumada, presencia de ánimo y esfuerzo, mientras que para un observador distante todo parece marchar como un reloj.
El mundo existe por la guerra y para la guerra; sólo aquello que apetece el reposo muere pronto. Nosotros debemos estar siempre dispuestos, como los que van contra el enemigo: ¡seamos guerreros!
Dios es el caudillo de las conquistas de la civilización
La paz eterna es un sueño, y ni siquiera un sueño hermoso. La guerra forma parte del orden creado por Dios. En ella se muestran las virtudes más grandes del hombre: el valor y la abnegación, el espíritu del deber y el sacrificio de sí mismo. Sin la guerra el mundo se hundiría en el materialismo.
La suma de las voluntades humanas creó a la Revolución Francesa y a Napoleón, los grandes hombres no son más que etiquetas de los sucesos históricos, y aunque ellos creen que actúan por su propia voluntad, su comportamiento esta determinado desde la eternidad por la única causa: la Divinidad.
Lo que necesitamos descubrir ahora en el terreno social es un equivalente moral de la guerra: algo heroico que hable a los hombres con un lenguaje tan universal como el que emplea la guerra y que sea tan compatible con su personalidad espiritual como ha resultado ser incompatible la guerra.
Lo más terrible de la guerra es que mata todo amor a la verdad
El derecho es más precioso que la paz, y siempre lucharemos por las cosas que más cerca estén de nuestro corazón.
Difícilmente se halla acontecimiento o fenómeno acerca del cual debamos tener siempre el mismo concepto, si registramos sus orígenes a través de las edades. Como toda cosa viva, la guerra nunca permanece estacionaria, si no que esta siempre en desarrollo.
Los hombres buscan la paz, se dice. Pero ¿es esto verdad? Es como cuando se dice que los hombres buscan la libertad. No, los hombres buscan la paz en tiempo de guerra y la guerra en tiempo de paz; buscan la libertad bajo la tiranía y la tiranía bajo la libertad.
La guerra no es más que una de las innumerables consecuencias que ha llevado consigo, en un determinado periodo de la evolución, el establecimiento de la propiedad.
El hombre primitivo era un cazador, pero creo que el concepto de agresividad (el síndrome matador del primate antropoide) es erróneo. El afán agresivo del hombre moderno de matar a sus semejantes es un desarrollo cultural muy reciente, probablemente ligado a la sociedad de consumo, a la colonización permanente, a la propiedad, etc.
La idea de la guerra aplicada antropomórficamente a las fuerzas cósmicas, es precisamente la forma encontrada por el pensamiento náhuatl para explicarse el acaecer del universo.
Adoptemos el siguiente principio de optimismo: La sucesión de imperios y guerras que se han venido desarrollando a lo largo de la historia tiende a una nueva etapa de emporios, es decir, a imperios que no serán impuestos por la fuerza física o militar, sino por la capacidad de negociación, autosuficiencia y auxilio mutuo entre las partes.
Las antiguas religiones de sacrificios humanos parecen haber sido generadoras de la práctica común de las guerras de conquista a lo largo de la historia, que han impulsado la realización del mestizaje racial y espiritual de los pueblos.
Esto implica que nuestra especie ya había superado su naturaleza fratricida antes de la aparición de estas religiones de ofrendas humanas, y por ende nuestro destino es volver a lograrlo, controlando a la guerra como la mayor manifestación de la energía de los pueblos y dirigiéndola a campos de batalla no fratricidas, gracias a las mismas conquistas que en el marco de la justicia y los derechos humanos ha alcanzado nuestra actual civilización mundial, aún a pesar de los ahora ya catalogados como crímenes de guerra que desaparecerán ante la consolidación de que la violencia ha dejado de ser el arma más poderosa.
Comprendiendo el papel de la guerra en la evolución de la humanidad, debemos buscar la paz sin negar a la guerra, es decir, sólo cambiar su histórico campo de batalla, que abandone definitivamente el campo sangriento para ocupar solamente ámbitos como el económico, político, jurídico, ideológico, laboral, deportivo y demás actividades que involucren la competencia entre los seres humanos como medio para la colaboración mundial y mutua superación.
De manera que efectivamente podemos generalizar el concepto de guerra como una energía cósmica que interactúa entre seres humanos y el universo, liberando nuestro natural espíritu de lucha y vocación a enfrentar el peligro, reconciliándonos con nuestro pasado y desantropomorfizando el concepto de enemigo e identificándolo con las circunstancias a vencer para la mejor evolución individual y colectiva.
Tal generalización de la guerra es indispensable para poder erradicar las prácticas genocidas de nuestra civilización, comprendiendo que su construcción histórica ha consistido precisamente en ir convirtiendo a la guerra sangrienta en guerra civilizada en su multitud de formas, y que naturalmente nuestro desarrollo futuro seguirá teniendo como propulsora y directriz a la guerra.
La guerra es la eterna dialéctica cuya dirección está destinada a ser tomada por el ser humano. Para los antiguos mexicanos lo más importante era la guerra, y Mexitli, a quien también llamaban Huitzilopochtli, era el joven guerrero que nace todas las mañanas del vientre de su diosa madre: la tierra.
Uitzilopuchtli yaquetl,
¡Huitzilopochtli, el joven guerrero,
aco in ai in ohuihuihuia.
el que obra arriba, va andando su camino!
-Anen niccuic tozquemitl:
-No en vano tomé el ropaje de plumas amarillas:
quen ya noca o ya tonac.
porque yo soy el que ha hecho salir al sol.
Tetzauiztli iya mixtecatl
El portentoso, el que habita en la región de las nubes:
Pichauaztecatl
El habitador de la fría región de las alas:
tlapo moma
¡se abrió tu mano!
Tlaxotlan tenamitl,
Junto al muro de la región de los ardores,
iuitl in macoc, mupupuxotiuh,
se dieron plumas, se van disgregando,
yauhtlato... aya ayya yyo,
se dio grito de guerra... ¡Ea, ea, ho, ho! 1
VI El presente.
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